Opinión

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¿Y si Mazón sigue mandando en el PPCV?

Publicado: 10/02/2026 ·00:00
Actualizado: 10/02/2026 · 00:00
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Me ha sorprendido la omisión de socorro del resto de alcaldes a Luis Barcala. Cuando el primer edil de la capital de la provincia sugirió una reforma de la ley que afectaba a las adjudicaciones, en lugar de cerrar filas en torno a él, sus vecinos más cercanos le miraron con incredulidad como si fuera el más loco del manicomio. No tenían necesidad de mirar para otro lado, podrían haber respaldado, aunque fuera veladamente a su colega, qué podían perder por enzarzarse en una batalla normativa que no ponía en cuestión a ningún cargo en concreto sino la mera discrecionalidad de una ley.  

La realidad es que sí tenían mucho que perder. Todo apoyo a Barcala hubiese sido interpretado como una contradicción a la dirección autonómica. Desde tiempos de Mazón, el alcalde de Alicante es un apestado, arropado más por su cargo público que por su persona, es un secreto a voces que no ha sido santo de devoción de la capilla zaplanista. Llevaba tiempo preguntándome qué pasaría ahora que el cuerpo de Mazón ya no está presente tras su sacrificio en el Ventorro. Me acabo de enterar: el expresident sigue muy presente en la liturgia partitocrática del PP. Sacramentalmente su alma se ha perpetuado no sólo en la memoria de la opinión pública sino en el sagrario profano de los designios orgánicos. Se ha ido Mazón, pero sus filias y sus escritos sobre sus favoriti a nivel orgánico han sido legados a la nueva dirección. Si el Papa Francisco prohibió póstumamente entrar al cónclave al cardenal Angelo Becciu, el expresident de la Generalitat ha bloqueado toda influencia orgánica a Barcala.  

Juanfran Pérez Llorca, además de heredero de Carlos Mazón, es amigo íntimo. Sería absurdo pensar que la ojeriza del PPCV hacia el alcalde de Alicante hubiese evolucionado hacia una simpatía. El problema es que como consecuencia de esa filia heredada, el resto de cargos prefieren salvar su cabeza a cerrar filas en torno a un compañero. Lo más curioso es que los mismos que siguieron haciéndole la ola a Mazón a pesar de sus errores, ahora prefieren esconderse para que el tsunami no les salpique. Tienen sus motivos, y lo puedo entender, el problema es que esa ambivalencia de hacerle la cama a uno y arropar por las noches al otro en cenas de mucho compromiso, es lo que permite que se vislumbre la arbitrariedad movida por ciertas afinidades o directrices de más arriba. Al fin y al cabo, el que hace las listas electorales es Pérez Llorca, unas que estarán conformadas por personas de la cuerda del expresident.   

No puedo evitar acordarme de Michael Ignatieff y su ensayo Fuego y cenizas (Taurus). El intelectual canadiense destaca en sus memorias políticas que uno de los errores que cometió fue no granjearse aliados a nivel orgánico, se recreó en su propia biografía con el recelo con el que le miraban sus propios compañeros de partido. Si los enemigos están en la propia casa, cuando no has conseguido cocinar unas relaciones orgánicas, la venganza te la servirán fría. Así es como se la ha preparado Mazón al alcalde de Alicante. Un expresident que ha perdido el poder, pero no la influencia. Siempre ha cuidado a los suyos, acuérdense cuando desmanteló agrupaciones enteras para poner a sus afines en diferentes municipios. Esos, los que están ahí por su obra y gracia, le serán fieles siempre, incluso cuando deje la política. Bastará una llamada para que hagan lo que él diga. Seguro que Mazón no se ha deshecho de su móvil como si ha hecho José Manuel Cuenca.                         

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