La vivienda de Valencia pincha en eficiencia energética: cerca del 95% tiene calificación deficiente

Plaza Inmobiliaria

Un informe de Accuim señala que el grueso del parque construido presenta una baja calificación y achaca esta situación a la antigüedad de los edificios

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VALÈNCIA. El parque residencial de Valencia pincha en eficiencia energética. La mayoría de viviendas se sitúa en las categorías menos eficientes, lo que se traduce en más consumo, más emisiones y facturas más elevadas para sus propietarios. Una cuestión que no es menor, dado que condiciona directamente el confort dentro del hogar: un inmueble eficiente conserva mejor el calor en invierno y protege de las altas temperaturas en verano. Por tanto, la mejora del comportamiento energético se presenta como una asignatura pendiente en las casas valencianas

Así lo revela el informe 'Estado de la eficiencia energética en España 2026', elaborado por la división de datos e inteligencia de Accumin a partir de los certificados energéticos registrados en las comunidades autónomas y reportados al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Un documento que refleja los bajos índices energéticos en la provincia de Valencia: el 95,8% del parque residencial, estimado en 1.482.050 viviendas, obtiene una calificación D, E, F o G. Por tanto, solo algo más del 4% alcanza las categorías A, B o C, las más altas.

Cabe recordar que la escala de eficiencia energética va en orden alfabético, siendo la 'A' la máxima que puede obtener una vivienda y que implica un bajo consumo y bajas emisiones de CO2, mientras que la 'G' es la menos eficiente.

Concretamente, de acuerdo con los datos, el grueso de los inmuebles analizados en la provincia de Valencia se concentra en la letra E: un total de 1.110.115 unidades, el 74,9% del parque construido. A estas se suman 87.720 viviendas con calificación F, el 5,9% del total, mientras que 141.022 tienen una G, el 9,5%. De este modo, nueve de cada diez viviendas de Valencia, el 90,3%, se sitúan únicamente entre las categorías E, F y G. La letra D, por su parte, engloba otras 81.543 viviendas, el 5,5%.

En el extremo contrario, las mejores calificaciones tienen una presencia muy reducida. Así, 8.447 inmuebles, el 0,6%, alcanzan la A; 22.012, el 1,5%, tienen una B; y 31.191, el 2,1%, una C. En conjunto, por tanto, apenas alrededor del 4,2% del parque valenciano obtiene una de las tres mejores calificaciones energéticas.

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Esta cuestión no es baladí. No solo por su impacto en los objetivos climáticos y en el ahorro económico para los hogares, sino por ek unoirtante pedo que tiene la edificación en el consumo energético y las emisiones. En España, los edificios representan alrededor del 40% del consumo de energía final y el 35% de las emisiones de gases de efecto invernadero, señala el informe. 

Esta fotografía tiene su explicación en el envejecimiento del parque inmobiliario, ya que la mayoría de edificios tienen medio siglo de vida y se construyeron bajo normativas sin requisitos energéticos. Solo en la ciudad de València, más de la mitad de las viviendas tienen más de 40 años, con el 47% de sus bienes inmuebles construidos entre 1961 y 1980, periodo en el que la eficiencia energética era un parámetro que no se tenía en cuenta. Esta antigüedad se replica en otras grandes ciudades de la autonomía valenciana, lo que contribuye a explicar estas bajas certificaciones. 

Frente a esta situación, el informe destaca la efectividad de las rehabilitaciones para mejorar el comportamiento energético del parque construido. En este sentido, constata que las viviendas unifamiliares reformadas consiguen reducciones del consumo energético de entre el 25% y el 75%, traduciéndose habitualmente en un salto de una a dos letras en la calificación. En cambio, en los pisos las reducciones de consumo oscilan entre el 10% y el 50%. Sin embargo, en esta tipología las mejoras no suelen reflejarse en un cambio de letra por la dificultad de ejecutar obras globales en fachadas o cubiertas sin el acuerdo de la junta de propietarios.

Situación a nivel nacional

A nivel nacional, la situación no es mucho mejor. El 94,2% del parque residencial español presenta calificaciones energéticas ineficientes, correspondientes a las letras D a la G, concentrándose la mayoría de los inmuebles en la letra E. La cifra es ligeramente inferior a 95,8% registrado en la provincia de Valencia. Además, solo el 39% de las viviendas en España cuenta actualmente con un certificado energético registrado, según el informe.

De esta forma, el 67,3% de los inmuebles se sitúa en la letra E; el 12,6% en la G; el 9% en la F, y el 5,4% en la D. Por su parte, la alta eficiencia representa una cuota residual: la letra C supone el 3%; la B el 1,6%, y la A solo el 1,2%.

Pese a este diagnóstico, el estudio señala que en 2025 se alcanzó un récord histórico de certificados de eficiencia energética en España, con la emisión de 1,3 millones, lo que supuso un incremento del 3% anual. El 45% de estos certificados estuvo motivado por reformas energéticas, impulsadas por las ayudas públicas y los fondos europeos. Esta cifra contrasta con la media del 19% registrada por este mismo motivo entre 2016 y 2019.

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