VALÈNCIA. José María Tomás Llavador es doctor arquitecto por la Universitat Politècnica de València y cuenta con una amplia trayectoria tanto en el ámbito académico como profesional. Durante décadas ha compaginado la docencia con la dirección de su propio estudio de arquitectura, desde el que ha desarrollado proyectos nacionales e internacionales y participado en grandes actuaciones urbanísticas en València como el PAI del Grao, lo que le ha permitido conocer de cerca la profesión desde la práctica, la universidad y la relación con las administraciones.
Ahora encabeza la candidatura 'Liderar el cambio' en las elecciones al Colegio Territorial de Arquitectos de València (CTAV), que se ceebran este próximo 22 de mayo, con una propuesta que busca la renovación, a través del refuerzo del papel de la entidad colegial como agente activo ante los retos actuales del sector, con especial atención al acceso a la vivienda, la agilización de los procesos urbanísticos y la mejora de las condiciones del ejercicio profesional. También, plantea el refuerzo de la atención al colegiado mediante una mayor cercanía, asesoramiento y formación especializada.
-¿Qué le ha llevado a presentar su candidatura para liderar el CTAV?
-La necesidad de que el colegio tenga un papel distinto. Todos los colegiados esperan liderazgo, plantear soluciones, propuestas y diálogo con la administración ante el problema de la vivienda, que es una competencia exclusiva nuestra y ante la que debemos reaccionar. El colegio lleva una década sin hacer ningún comentario ni expresar una opinión y la sociedad también necesita que los profesionales de la arquitectura, que tenemos esa obligación, colaboremos. El colegio debe ayudar, proponer y establecer un diálogo con la administración en beneficio de todos.
-Su candidatura habla de 'liderar el cambio', ¿el CTAV debe tener un papel mucho más activo, especialmente en cuestiones como la emergencia habitacional?
-Es que no ha habido ningún papel. Eso es constatable. No ha existido diálogo ni debate interno en el colegio, ni público ni privado. Y eso hay que remediarlo. Hay que proponer soluciones y facilitar que los proyectos de vivienda tengan procedimientos burocráticos más ágiles para acelerar las licencias. Esa es también nuestra obligación, en beneficio de los colegiados y de la sociedad en general.
-En este sentido, ¿qué propuestas concretas plantea para que la entidad recupere protagonismo en debates como el de la vivienda y mejore su relación con la administración?
-El colegio tiene un papel de asesoramiento y colaboración con la administración, y actualmente no lo ejerce. Por eso, proponemos un cambio necesario e inmediato. También hay otros problemas que afectan a los colegiados, como la degradación de la profesión, motivada principalmente por los bajos honorarios con los que la administración saca los pliegos para concursos y que marcan referencias en el mercado. Eso está obligando a trabajar con precios imposibles y provoca que muchos compañeros jóvenes tengan que buscar trabajo fuera de España. Perdemos talento, oportunidades y capacidad para mejorar las condiciones de nuestras ciudades.
-¿Cómo se pueden dignificar esos honorarios?
-Dialogando con la administración, algo que tampoco se ha hecho. Parece una obviedad, pero llevamos una década sin hablar de ello y parece que está bien. Lo que reclamamos es que la administración reconozca que se está trabajando por debajo de los salarios mínimos profesionales, es decir, por debajo de los convenios colectivos. Eso no puede ser y la administración no lo puede consentir. A partir de ahí, debe tomar las medidas correspondientes, porque nosotros no podemos fijar precios.

- José María Tomás Llavador. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
-¿Se está expulsando talento?
-Por supuesto. Esta situación está degradando la profesión y expulsando talento de la arquitectura. Y es algo que le cuesta dinero a la sociedad: generar talento y profesionales para que luego se desperdicie de una manera absolutamente increíble. El colegio tiene que estar ahí y hasta ahora no ha dicho nada.
Otro tema fundamental, y que no podemos dejar de lado, son los mayores. Muchos colegiados, debido a las condiciones con las que se desarrolló en su momento la mutualidad, están cobrando pensiones entre 300 y 400 euros. Eso es una cantidad indigna e injusta, y tenemos que revertirla y hasta ahora no se ha hecho nada al respecto. Nuestro proyecto en el colegio pasa por un apoyo incondicional a la pasarela RETA y a la aprobación por parte del Estado de un sistema de pasarela universal y optativo que permita que todos los mayores tengan una pensión digna.
-También existe preocupación por la competencia desleal y el intrusismo. ¿Qué propuestas tiene y cómo se podrían revertir estas problemáticas?
-Las competencias están reguladas por ley y los colegios profesionales deben defender sus marcos de trabajo. Eso no impide colaborar transversalmente con otros profesionales, porque los problemas del sector de la construcción y la edificación afectan a todos. Esto es una obligación general y tenemos que trabajar codo con codo con la sociedad para que esto se rectifique y volver a una situación de normalidad.
-El sector está cambiando rápidamente por problemas como la falta de mano de obra o el incremento de costes. Esa transformación pasa por la industrialización. ¿Falta formación específica en esta materia?¿Qué papel juega el colegio en la mejora de conocimientos de los profesionales?
-El límite entre las competencias del colegio y sus obligaciones y las de la universidad son distintas. La profesión evoluciona de forma muy rápida y la universidad hace su trabajo y lo hace bien. La Escuela de Arquitectura de València de la Universitat Politècnica de València es magnífica y ha generado durante décadas una escuela valenciana de arquitectos diferenciada, solvente y de gran nivel. Pero eso no es suficiente porque el mercado exige cada vez más especialización. El colegio debe dialogar con la universidad y trabajar conjuntamente en esos aspectos. De hecho, ya hemos trasladado a la dirección de la escuela nuestra voluntad de mantener un diálogo abierto y franco para mejorar esas condiciones. En cualquier caso, el CTAV tiene la obligación de ofrecer formación de alta especialización en tecnología e industrialización, que es lo que demanda la sociedad. Y eso tampoco se está haciendo.
-¿La industrialización es el futuro de la arquitectura?
-Es una necesidad y una obligación, especialmente desde el punto de vista de la emergencia habitacional y la necesidad de generar vivienda de manera rápida.
-¿La Inteligencia Artificial (IA) amenaza parte del trabajo de los arquitectos o es una herramienta complementaria?
-Debe ser una herramienta complementaria. Es muy difícil sustituir el talento creativo y el diseño. Es una herramienta para los arquitectos, que se perfeccionará y será útil para los arquitectos.

- José María Tomás Llavador. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
-Uno de los principales problemas de la sociedad es el acceso a la vivienda, ¿qué responsabilidad tienen los arquitectos y qué papel pueden desempeñar para ayudar en soluciones a la emergencia habitacional?
-El desarrollo de suelo es imprescindible. El colegio debe abrir un debate y un diálogo con la administración para encontrar soluciones para la creación de suelo, especialmente en Valencia y su área metropolitana, y desarrollar estrategias a largo plazo.Todas las instituciones se han movilizado: organizaciones empresariales, Cámara de Comercio, administraciones… Todos están planteando propuestas y soluciones, pero el colegio no lo está haciendo. Eso es sorprendente y debe cambiar inmediatamente.
-Uno de los principales problemas en la tramitación de proyectos son las licencias. De hecho, su programa busca revertir esta situación. ¿Qué está fallando?
-La administración está fallando, ya sea por colapso de expedientes o por un exceso de regulación y burocracia. El colegio debe ayudar a reducir esos tiempos.
-¿Cómo puede hacerlo? ¿Qué propone?
-A través de un visado de garantía específico, como una especie de Entidad Colaboradora Urbanística (ECUV), que ayude a la administración a agilizar procedimientos. Hay que sentarse con la administración y establecer claramente qué aspectos deben revisarse. El colegio tiene posibilidad de posicionarse y ayudar. El visado está para algo, pero parece que solo es un coste y no puede ser. Eso es inadmisible. Si un proyecto ejecutivo tarda entre seis y nueve meses en desarrollarse, un visado no debería superar los cinco o seis meses y ahora mismo eso es utopía. Y, por otro lado, que se perciba por parte de los colegiados que el colegio es útil y necesario para mejorar sus condiciones de trabajo y solucionar sus problemas.
-¿Cree que actualmente no está siendo útil para la profesión?
-No. Muchos compañeros nos trasladan que ven el colegio como un ente que no es útil ni resuelve. Y eso hay que cambiarlo, porque el colegio es un instrumento muy importante. Pocos países en Europa tienen una institución colegial con la solvencia y el nivel extraordinarios como la que tenemos. Lo sorprendente es que no se utilice para mejorar la realidad profesional del colectivo.
-En una ciudad como València, donde hay debate sobre turistificación, ampliaciones urbanísticas o grandes proyectos, ¿cómo valora el modelo de ciudad?
-València es un modelo de ciudad históricamente exitoso. Es una ciudad modélica en muchos aspectos y por eso es tan visitada y valorada, con propuestas de crecimiento brillantes y ahora necesitamos dar otro impulso, especialmente al área metropolitana para que tenga protagonismo. La ciudad, según el plan general, está prácticamente finalizada y tenemos retos pendientes en conectividad y transporte público. Sin una red de transporte público adecuada no se puede crecer ni conectar lugares de trabajo y residencia. Todo eso debe trabajarse con la administración, que es la responsable. Nosotros lo que debemos hacer es asesorar, proponer y establecer un diálogo constructivo, que es nuestra obligación.

- José María Tomás Llavador. -
- Foto: EDUARDO MANZANA
-A su juicio, ¿cómo debe ser el diseño de la nueva morfología de la ciudad en los desarrollos actuales?
-La ciudad es un mosaico de morfologías porque hay diferencias entre el centro histórico, los ensanches y los nuevos desarrollos, que tienen necesidades distintas. Los grandes proyectos recientes ofrecen mayor calidad de espacio público: jardines, dotacional y equipamientos. Hay menos viario que, por ejemplo, en los ensanches, donde el espacio público es la propia calle y no hay parques ni jardines. Eso es una gran diferencia porque se pone en el centro al ciudadano. Ese tipo de espacios favorecen el encuentro y el esparcimiento, y mejoran la calidad de vida urbana. Pero no podemos solo hacer eso, sino que necesitamos vivienda para que la gente pueda vivir. Este es un dilema que hay atender.
-¿Qué medidas serían las más urgentes para esa transformación de la ciudad?
-Hay dos vectores fundamentales en todo desarrollo urbanístico y territorial. El primero es la gestión, que permitiría de forma inmediata obtener vivienda dotacional asequible, que es la prioridad, para, utilizando técnicas de industrialización, ofrecer alquileres por debajo de un tercio del salario mínimo. Eso es gestión y hay suelo dotacional y disponible para ello. El segundo es la planificación del área metropolitana a medio y largo plazo, por lo que hay que trabajar las dos vías.
-Tras la Dana de octubre de 2024, ¿se están teniendo en cuenta aspectos medioambientales como la inundabilidad o el cambio climático?
-Las obras hidráulicas son imprescindibles, y en Valencia la morfología del territorio exige un esfuerzo adicional de la administración. Hasta ahora no se ha atendido adecuadamente y requiere de un esfuerzo enorme desde la administración para generar soluciones hidráulicas que ayuden a poder hacer posible vivir en el area metropolitana con un riesgo menor.