INNOVACIÓN

ENTREVISTA CON EL EXPERTO LASSE ROUHIAINEN

"El modelo económico puede saltar por los aires con la IA; la estructura laboral no está preparada"

  • Lasse Rouhiainen, en los jardines de la Diputación de Alicante.
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ALICANTE.- Lasse Rouhiainen (1979) es un finlandés afincado en Alicante, cofundador del grupo Ellis y experto en inteligencia artificial, transformación digital y marketing online, reconocido internacionalmente por su labor divulgativa y su capacidad para explicar de forma accesible los cambios tecnológicos que afectan a la sociedad. Desarrolla su actividad como consultor, formador y conferenciante, colaborando con universidades, administraciones públicas y empresas de distintos sectores. Es autor de obras de referencia como Inteligencia Artificial: 101 cosas que debes saber hoy sobre nuestro futuro y Smart Social Media, y acaba de publicar un nuevo libro, Domina la IA antes de que ella te domine a ti (Ediciones Alienta, Planeta),  en el que profundiza en el impacto de la IA en la vida cotidiana y en la necesidad de un enfoque ético y humanista ante la aceleración tecnológica. Su trabajo destaca por promover una ciudadanía crítica y preparada para los retos de la digitalización. Además de su faceta divulgativa, participa en proyectos internacionales de innovación y es ponente habitual en congresos y foros especializados, donde sobresale por su visión pedagógica y su capacidad para anticipar tendencias tecnológicas emergentes. Esta semana ha conversado con Plaza sobre su nueva publicación.

-¿Qué te ha llevado a escribir este nuevo libro en este momento preciso?

Después del primer libro que publiqué en 2018, la editorial llevaba tiempo proponiéndome una nueva edición. El interés se ha intensificado con la irrupción de ChatGPT y el crecimiento de la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, durante estos años he tenido una carga de trabajo muy elevada con empresas, formaciones y universidades, y no encontraba el momento. Además, no se trataba simplemente de actualizar el libro anterior: cada uno de los 101 puntos debía replantearse desde cero, porque el escenario previo a ChatGPT y el actual no tienen nada que ver. A mí me apasiona investigar y analizar tendencias de futuro, y echaba en falta una obra que integrara esa mirada de forma más amplia: no solo desde la perspectiva empresarial, sino también desde la educación, la vida familiar o la salud. Asumir un proyecto tan completo ha sido complicado, pero también un desafío que me motivaba. Sentía que, si no lo hacía, me quedaba incompleto.

-Acabas de mencionar ChatGPT como punto de inflexión. La IA no deja de crecer y cada día aparece una novedad. ¿Qué puede hacer un profesional para mantenerse más o menos al día y sacarle provecho?

-Para mí, esta es ya la tercera gran ola de la inteligencia artificial. La primera empezó, si recuerdas, alrededor de 2010, cuando las redes sociales empezaron a popularizarse. Luego llegó una segunda ola hacia 2017‑2018 —justo cuando publiqué mi primer libro—, en la que países como Finlandia lanzaron sus planes estratégicos y se empezó a hablar de IA de forma más seria. Incluso aquí en Alicante había eventos en los que ya se intuía que venía algo grande. Pero faltaba una interfaz accesible. Esa interfaz llegó con ChatGPT, y ahí sí que se produjo un auténtico punto de inflexión. Ahora estamos en otro momento clave: la IA está en todo. Afecta a cómo trabajamos, a cómo aprendemos, a cómo nos relacionamos… incluso a nuestra salud. Y eso hace que mucha gente se sienta desbordada. 

  • Lasse Rouhiainen. -

Lo primero que digo es: no hace falta abrir tantas herramientas. En el primer capítulo del libro incluyo un listado, pero si lo escribiera hoy diría que, en realidad, casi no necesitas abrir más que una o dos -ChatGPT o Claude, por ejemplo-, y si eres empresa, la herramienta que tengas integrada. Y ya está. El resto solo te añade carga cognitiva: contraseñas, interfaces distintas, curvas de aprendizaje…Mientras tanto, modelos como Claude —y lo mismo pasa con otros— están lanzando actualizaciones casi a diario. Antes era una vez al mes; ahora es continuo. Eso permite que las empresas puedan aprovechar la IA cada vez mejor sin necesidad de perseguir todas las novedades.

-¿Qué tiene que hacer un profesional ante tanta herramienta?

Lo primero es centrarse y identificar problemas concretos donde la IA pueda aportar valor. No se trata de usar herramientas por usarlas, sino de preguntarse: “¿Dónde me puede ayudar realmente?” Y, sobre todo, hay que darle a la IA desafíos más grandes, porque solemos subestimar su capacidad. Por ejemplo, un reto realista sería: “El próximo trimestre necesito facturar un 17% más con los mismos recursos.” Esa es una excelente pregunta para la IA. Y después puedes pedirle: “Hazme preguntas y ayúdame a llegar a ese objetivo.” Ese es el enfoque que recomiendo. Y, al mismo tiempo, hay que aprender a decir no a todo el ruido: TikTok, redes sociales, listas interminables de herramientas… Todo eso distrae. Lo importante es tener claro el objetivo y trabajar con una o dos herramientas bien integradas, no con veinte abiertas a la vez.

-¿Posiblemente sea el ámbito sanitario donde más uso profesional se está dando a la IA?

-Sí, sin duda. De hecho, en el capítulo 6 —el de la colaboración Humano‑IA— cuento una historia sobre esto. Al principio pensaba que ese capítulo iba a ser un rollo, pero ahora es uno de los que más orgulloso estoy. En la página 190 explico los distintos roles que puede asumir un ser humano cuando trabaja con IA. Y fíjate: ahora ya se habla mucho del rol de orquestador, pero cuando salió el libro hace dos meses casi nadie lo mencionaba, salvo quienes van muy por delante tecnológicamente. Cuando estaba escribiendo ese capítulo, la persona que revisa mis textos me dijo: “¿No tienes demasiados ejemplos de salud?”. Y es que prácticamente todo eran casos sanitarios. Pero es que no hay otro sector donde la IA se esté usando tanto y con ejemplos tan avanzados. Es el ámbito donde más claro se ve que el humano ya no puede hacerlo todo solo.

  • Lasse Rouhiainen. -

-¿En que otros sectores puede haber un fuerte impacto o, incluso, algún riesgo?

-Un sector que va a ser increíble y, al mismo tiempo, un poco peligroso, es el financiero. En Estados Unidos ya están intentando trabajar de una forma en la que prácticamente eliminan al ser humano y utilizan este modelo de orquestador, donde la persona solo supervisa y tiene varios equipos de agentes de IA haciendo tareas de manera autónoma.  Mi preocupación es que, cuando aplicas esto a las finanzas a gran escala, puedes acabar con sistemas que toman decisiones que ni siquiera los humanos entienden. Y eso es un riesgo enorme.

Por cierto, en mi libro hablo de BBVA y también de CaixaBank. No mencionaba a Santander, pero ahora también debería incluirlo, porque el jefe de IA de BBVA se ha marchado a Santander y están moviéndose muy rápido en esta dirección. Lo realmente impactante es lo que está pasando en BBVA: no sé si lo has visto, pero han anunciado prejubilaciones masivas. Y la razón es muy clara: si pagas 80.000 euros a un perfil sénior y ahora puedes usar IA y contratar a un júnior por 2.000 euros, el cambio es brutal. Así que, en finanzas, uno de los grandes peligros es este: que acabemos con agentes de IA tomando decisiones que no sabemos cómo funcionan. Es uno de los riesgos que explico en el libro y que creo que es importante que la gente conozca.

-Y además de las finanzas...

-Otro ámbito donde veremos un avance rapidísimo es en todo lo que implique trabajo con pantallas. Ahí la adopción de la IA va a ir muy deprisa. Y luego hay sectores como la logística o el alimentario, donde también trabajo bastante. Por ejemplo, vender tomates a Finlandia o gestionar cadenas de suministro con IA es algo muy, muy interesante, porque si eres de los primeros en aplicarlo y te conviertes en pionero, la ventaja competitiva es enorme. En esos sectores la gente tarda más en notar el cambio, así que quien se adelante va a ganar muchísimo terreno.

-¿Va a suponer pérdida de puestos de trabajo o el humano va a ser siempre complementario?

-Mira, yo creo que aquí hay que ser mucho más realistas de lo que suele ser la gente. En 2019 se repetía siempre el mismo discurso: “Esto es como cualquier revolución tecnológica, siempre se destruyen trabajos pero se crean otros nuevos”. Y sí, en parte es verdad. Pero el problema es que la sociedad no está preparada para este ritmo. Nuestro modelo social funciona así: estudias algo, consigues un trabajo relacionado con eso, y con ese trabajo pagas tu alquiler, tu casa, tu comida… Ese modelo, según mi análisis, va a saltar por los aires. No porque la gente no quiera trabajar, sino porque la estructura laboral no está pensada para una tecnología que avanza tan rápido. Habrá personas que creen una empresa, que usen IA en alimentación, en logística, en cualquier sector, y si empiezan ahora y son pioneros, pueden triunfar. Eso lo veo bien. Pero el problema es que todas las leyes laborales y empresariales están diseñadas para un mundo de hace 100 años. Ser autónomo, por ejemplo, es una broma. ¿Qué ayudas hemos tenido? Ninguna. Y todos los partidos deberían estar de acuerdo en reformarlo, como en Alemania u otros países donde pagas más cuando facturas más. Si ser autónomo fuera razonable, mucha gente despedida podría reconvertirse. Pero ahora mismo ni se lo plantean.

  • Lasse Rouhiainen. -

Por eso digo que sí, vamos a perder empleos, y la culpa no es de la IA en sí, sino de cómo se está desarrollando: solo pensando en generar el máximo valor económico. La gente que sigue el ritmo y aplica estas herramientas puede aprovecharlas. Pero la mayoría está en su día a día, con estrés, y de repente les llega un tsunami. Un día les dicen: “Te queda un mes”, y luego… ¿dónde buscan trabajo? Porque dentro de seis meses los agentes de IA ya habrán automatizado otra cosa, y luego otra.  El problema no es que existan agentes de IA. El problema es que sus capacidades crecen en curva exponencial, y eso no lo estamos gestionando bien.  Y la conclusión es clara: cuanto más uses ordenador en tu trabajo, más riesgo tienes. Si tu trabajo depende de interacción humana directa —vender cara a cara, negociar, estar en juicios, representar a alguien— es distinto. Pero todo lo que sea digital, repetitivo o basado en pantallas, va a cambiar muy rápido.

-¿Puede tener más impacto en España?

-El empleo es lo que más me preocupa, sobre todo por el impacto social. España es muy frágil: podemos tenerlo todo, pero también podemos perderlo muy rápido. Ahora bien, a largo plazo soy optimista. Si usamos bien la IA, podemos reducir costes, hacer que los alimentos sean más baratos, que los servicios sean más eficientes… El problema es que ahora esto llega en un momento de inflación, y eso lo complica todo. Va a haber un proceso de adaptación, sí. Y habrá sectores que van a despegar muchísimo. Eso es evidente. Pero la gran pregunta es: ¿qué hacemos con toda la gente que se va a quedar fuera? ¿Cómo les vamos a pagar? Si de repente tenemos miles y miles de personas más en desempleo, y España ya está muy endeudada, ¿cómo se sostiene eso? Esa es la parte que más me preocupa.

Por eso también se está hablando mucho de la renta básica universal o de modelos parecidos. En Estados Unidos ya se están analizando varias propuestas. Y a mí me parece muy interesante. En el libro hablo de una idea que llamo “dividendo de IA”: si dentro de tres o cuatro años los grandes modelos generan un valor enorme gracias a los datos y al uso que hacemos los ciudadanos, ¿por qué no plantear que esas empresas paguen un dividendo que se reparta entre toda la población?

Porque el valor que va a generar la IA en países como España será tremendo. Y si ese valor se concentra solo en unas pocas empresas, tendremos un problema social enorme. En cambio, si una parte vuelve a la ciudadanía —igual que pasa con los recursos naturales en algunos países— podríamos compensar parte del desempleo y facilitar la transición. No digo que sea fácil ni que esté resuelto. Pero creo que vamos a necesitar nuevos modelos económicos, porque el sistema actual no está preparado para una automatización tan rápida. Y si no lo pensamos ahora, cuando llegue el impacto será demasiado tarde.

-¿Veremos el coche autónomo alguna vez circulando por las calles o carreteras de España?

-Sí, y de hecho te estaba esperando para ver si decías “¿en la calle de Alicante o en la de París?”. Porque este era uno de los capítulos del libro que dudé muchísimo si incluir o no. Lo quitaba, lo ponía… Pero cuando empecé a investigarlo en serio, me di cuenta de lo muchísimo que ha avanzado todo. Estoy de acuerdo contigo: antes de la Covid parecía que los coches autónomos iban a llegar “mañana”, y luego pasaron seis años sin que viéramos nada aquí en España. Pero en el libro cuento varios ejemplos de españoles que han estado en San Francisco, han probado los robotaxis y dicen que la experiencia es increíble. Además, la seguridad mejora constantemente porque los modelos aprenden.

  • Lasse Rouhiainen. -

Y lo más curioso es que, en febrero, Uber y Waymo anunciaron que quieren empezar en Madrid. Eso es una barbaridad. Así que sí, yo creo que lo vamos a ver. Ahora bien, yo no seré el primero en subirme a uno en Madrid. No confío. Si fuera en San Francisco, sí, porque allí llevan millones de kilómetros acumulados y han aprendido a reaccionar a todo: un gato que cruza, una abuela que aparece de repente… Pero ¿en Madrid? No lo sé. Son empresas tecnológicas americanas que llegan aquí, y si pasa un accidente y alguien muere, luego te dicen: “Uy, perdón, aquí tienes 100 millones de indemnización”. Pero el daño ya está hecho. Aun así, creo que van a llegar y que será muy interesante. Puede cambiar la movilidad, reducir costes y mejorar muchos traslados. Pero personalmente, en Madrid o en España, yo no me subo todavía. No confío, al menos por ahora.

 Para terminar, ¿cuál es el paso más importante que puede dar una empresa hoy?

-Lo que pueden hacer las empresas ahora es predecir mucho mejor el futuro. Y eso es algo que, comparado con hace solo dos años, ha mejorado una barbaridad. Yo diría que es cien veces mejor. Porque cuando apareció ChatGPT, ¿qué podías hacer realmente? Muy poco. Le pedías cinco ideas y era casi como usar Google. Pero hoy la clave es otra: ahora tú puedes subir un documento con tu situación real, con tus datos, tu contexto, tus planes, y pedirle a la IA: “Analiza todas las noticias sobre lo que está pasando en Irán, yo vivo en Alicante, ¿cómo me afecta y cómo puedo ser el primero en aprovecharlo?”. Y eso es brutal. La IA ya no es solo un generador de texto. Es una herramienta estratégica. Te permite ver escenarios, anticiparte, detectar oportunidades antes que los demás. Y para una empresa, eso es oro. Porque si tú eres el primero en entender un cambio global y aplicarlo a tu sector, te conviertes en pionero. Y ahí es donde está la ventaja real.

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