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Manuel Pérez-Alonso: "Analizar el genoma será una rutina médica en menos de una década"

Entrevista al catedrático de Genética de la Universitat de València y fundador y director científico de Mendel Brain

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VALÈNCIA. "Analizar el genoma será una rutina médica en menos de una década". Así lo apunta Manuel Pérez-Alonso, catedrático de Genética de la Universitat de València, pionero de la secuenciación genómica en España y fundador de empresas como Sistemas Genómicos o Imegen. El investigador lleva más de tres décadas impulsando proyectos que han conectado el laboratorio, la biotecnología y la práctica clínica. Desde los primeros consorcios internacionales para leer fragmentos de ADN hasta el desarrollo de herramientas capaces de interpretar millones de datos genéticos, ha vivido en primera línea una revolución científica que, asegura, apenas ha comenzado. "Estamos viendo solo la punta del iceberg", afirma al analizar el momento actual de la medicina genómica.

Pérez-Alonso impulsa actualmente Mendel Brain, un proyecto centrado en aplicar genética, ARN e inteligencia artificial al ámbito de la psiquiatría y la psicología. Defiende que la medicina avanza hacia un modelo "anticipativo", capaz de detectar riesgos antes incluso de que aparezcan los síntomas, y cree que la inteligencia artificial permitirá descifrar regiones del ADN que todavía hoy siguen siendo un misterio. Durante la entrevista repasa los inicios de la genómica en España, las dificultades para introducir el diagnóstico genético en los hospitales y el potencial de tecnologías que, según sostiene, harán posible que "acabaremos leyendo nuestro genoma una vez al año" para personalizar tratamientos, prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

- El Premio Princesa de Asturias reconoce una tecnología que ha cambiado radicalmente la secuenciación del ADN. ¿En qué punto se encuentran estas técnicas?

- Este premio tan merecido reconoce el avance en los equipos e infraestructuras que permiten introducir una muestra y obtener un resultado en un plazo corto de tiempo y con un coste razonable. Son auténticos saltos de gigante. Me parece fascinante comparar esto con cómo estábamos hace 26 años, cuando montamos la primera empresa de genética. Y, a pesar de ese avance espectacular, mi valoración es que todavía estamos viendo solo la punta del iceberg. Lo que queda por venir será aún más importante. Los cambios en tecnología, aparatos, costes y eficiencia para acceder al genoma son enormes, pero todavía queda mucho por hacer en cuanto a las herramientas para interpretarlo. Estamos leyendo muchas letras cuyo significado todavía desconocemos.

- ¿Por qué decidió fundar Sistemas Genómicos y después Imgen?

- Esta apuesta surgió de lo que estábamos viendo a nivel de investigación en la Universitat de València. Lo que desarrollábamos era investigación genómica, es decir, la lectura de los primeros genomas. Era 1995. Creamos la empresa en 1998, pero antes llevábamos años trabajando en proyectos de investigación. Ángela Pérez era mi becaria y guardo muy buenos recuerdos de aquella época. Se crearon consorcios internacionales para leer el genoma por primera vez. Empezamos con el genoma de la levadura, que era relativamente pequeño. Cada laboratorio leía una parte y luego se unían los fragmentos. 

La Comisión Europea financiaba proyectos y seleccionó a una serie de laboratorios capaces de aportar esas lecturas. Nos llamaban "os mercenarios del genoma", porque se pagaba por letra leída. Pero llegó un momento en el que cada vez se pagaba menos y la competencia era feroz. Los laboratorios universitarios fueron cayendo y solo sobrevivían empresas, casi todas alemanas, especializadas en secuenciación de ADN. Entonces pensamos: "si las empresas podían hacerlo de una forma más eficiente, ¿por qué no hacerlo nosotros?" Observamos que estaban empezando a aplicar estas tecnologías al diagnóstico genético de enfermedades. Se lo comenté a mi socia y decidimos crear una empresa. El plan de negocio consistía en ofrecer secuenciación de ADN para investigación y vender servicios tanto a hospitales y universidades como a empresas interesadas en diagnóstico genético.

- ¿Y cómo encajó el mercado aquella propuesta?

- Fue una experiencia reveladora. Desde nuestra primera empresa, Sistemas Genómicos, intentamos vender a hospitales pruebas relacionadas con cáncer hereditario y la lectura de determinados genes. Nos trataron como locos. Pero eso ya se hacía en Estados Unidos y Alemania. Tuvimos que darnos un baño de realidad y entender que era demasiado pronto para venderlo como herramienta diagnóstica en hospitales. Sin embargo, encontramos interés en el sector agroalimentario y en servicios de investigación, y eso nos permitió sobrevivir hasta el tercer o cuarto año, cuando ya empezó a comprenderse mejor el potencial de estas tecnologías.

- ¿Por qué sí interesó al sector agroalimentario?

Durante el segundo año de vida de nuestra empresa apareció una normativa sobre etiquetado de ingredientes transgénicos y alimentos. Obligaba a indicar en los productos la presencia de material transgénico y fijaba unos límites concretos. La única forma de cumplirlo, y fuimos el primer laboratorio en España en hacerlo, era realizar pruebas de ADN a productos alimentarios. Lo desarrollamos desde cero. Si no hubiera aparecido esa necesidad de forma tan súbita, probablemente no habríamos sobrevivido.

- ¿Qué cambio le parece más revolucionario en la genómica?

- LHa cambiado respecto a hace dos décadas que se ha podido establecer una relación directa entre cambios en el ADN y otras moléculas parecidas como el ARN, cambios moleculares y enfermedades concretas. Esas relaciones que se han establecido de forma tan estrecha, han permitido abrir las puertas de la medicina personalizada. Ahora sabemos que entendiendo mejor lo que tiene el paciente y también las personas sanas a nivel molecular, el tratamiento que se le puede proporcionar es uno u otro.

- ¿Por qué decidió salir de Imegen?

- Fue una decisión inesperada. Hace unos años se acercó un grupo inversor que propuso tomar el relevo y entrar en el accionariado comprando la participación de casi todos los socios fundadores. Vi que era un momento perfecto para cerrar esa etapa y empezar nuevos proyectos, dedicando mi energía a otros retos.

- ¿Y cuáles son esos nuevos frentes?

- El proyecto que más me apasiona ahora es desarrollar la genética y la genómica en el campo de la psiquiatría y la psicología. No podía hacerse antes porque no existía suficiente conocimiento, pero ahora sí. Hablamos de psiquiatría de precisión. Hay muchísimo por hacer y me recuerda a lo que ocurrió hace 15 años en oncología, cuando comenzaron a relacionarse diferencias genéticas con respuestas distintas a tratamientos. Ese proyecto se llama Mendel Brain.

- ¿Qué mejoras puede aportar la genética en psiquiatría?

- Va a permitir mejorar en muchos frentes, igual que ya ha ocurrido en otras especialidades médicas. Uno de los más próximos es la farmacogenética aplicada a la psiquiatría. Hoy, el psiquiatra administra un fármaco fundamentalmente mediante observación y conversación con el paciente, pero no existe un “termómetro” objetivo. Ahora ya conocemos variantes genéticas asociadas a distintas respuestas a medicamentos, hasta el punto de poder ajustar dosis y tratamientos.

También conocemos cada vez mejor las tendencias genéticas relacionadas con rasgos psicológicos. Sabemos que existe una fuerte influencia genética en cuestiones como la ansiedad, el estrés o la tendencia a la depresión. Hay personas que superan las dificultades con más facilidad que otras. Todo esto permitirá personalizar tratamientos. Además, estamos estudiando el ARN, una molécula mucho más dinámica que cambia a lo largo de la vida según la dieta, el ejercicio y otros factores. Analizamos cómo esos cambios se asocian a determinados estados psicológicos.

- ¿Esto ya se está aplicando como servicio?

- Todavía no lo estamos comercializando. Lo estamos desarrollando en colaboración con hospitales y unidades de psiquiatría de distintos centros españoles.

- ¿Y está más desarrollado en otros países?

Es un área muy incipiente. Estamos en los comienzos, pero acabará convirtiéndose en una práctica habitual en los próximos años.

- ¿En qué áreas médicas cree que la genética ya ha cambiado realmente la práctica clínica?

- Uno de los campos donde la genética ha tenido un impacto fundamental es el de las enfermedades raras. Aunque individualmente sean poco frecuentes, en conjunto afectan a muchísimas personas, y aproximadamente el 90 % tienen una causa genética. Estudiar el ADN de pacientes y familias ha permitido identificar con precisión la causa de muchas enfermedades y determinar si determinados tratamientos pueden ser útiles o no según el perfil genético.

- ¿La sanidad pública española está absorbiendo este conocimiento?

- Sí, aunque la incorporación siempre es más lenta de lo que nos gustaría. En enfermedades raras existe una auténtica odisea diagnóstica. El paciente pasa por distintos especialistas hasta que finalmente se solicita una prueba genética. Además, existen muchos tipos de pruebas y no siempre la primera es la más adecuada. En la sanidad pública los tiempos de reacción son más lentos, por lo que la colaboración público-privada puede ser muy útil para aportar soluciones rápidas.

- ¿Dónde están ahora los principales cuellos de botella: tecnología, financiación, formación médica o regulación?

- Debemos avanzar más rápido y eso requiere mucha más inversión en ciencia. España invierte muy poco en comparación con otros países. Si miramos a Reino Unido, la inversión pública y privada es muchísimo mayor. Necesitamos más inversión, pero no solo del Estado. También hacen falta más mecenazgo y más fundaciones privadas comprometidas con la investigación.

- ¿Y cómo se consigue eso?

- En el mundo anglosajón existe una tradición muy arraigada de grandes donaciones a universidades e investigación por parte de personas que han hecho fortuna. En España eso todavía no es habitual. Hay proyectos que podrían acelerarse enormemente con más financiación. Por ejemplo, una línea de investigación iniciada en 1990 ha terminado desembocando, 36 años después, en un fármaco en desarrollo clínico contra una enfermedad rara a través de Arthex Biotech. ¿Puede replicarse algo así en menos tiempo? Sí, pero requiere inversiones gigantescas.

- ¿Qué avances actuales le parecen más prometedores y menos visibles para el gran público?

- Uno de los avances más prometedores es ofrecer a personas sanas la lectura completa de su genoma. Ya se está aplicando en proyectos piloto en Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, leer el genoma de un niño antes de nacer permite anticipar enfermedades y actuar de forma precoz. Ya hay vidas salvadas gracias a ello. Vamos hacia una medicina anticipativa.

- ¿Cree que esto acabará llegando de forma regular a la sanidad pública?

- Estoy convencido. No sé si ocurrirá en diez años o antes, pero acabará sucediendo en toda Europa de forma voluntaria. Tendremos nuestro genoma completo, que podrá analizarse y reinterpretarse continuamente conforme avance el conocimiento. Recibiremos alertas de salud y acabaremos leyendo periódicamente nuestro genoma, ARN, epigenoma y otros marcadores para detectar enfermedades de manera precoz.

- ¿Qué papel tendrá el ARN?

- El ARN es un biomarcador muy potente. Son moléculas que cambian constantemente en función del tiempo, el tejido o los hábitos de vida. Las nuevas técnicas de secuenciación de lecturas largas permitirán analizar en profundidad todos los ARN presentes en sangre, saliva y otros fluidos biológicos. Eso facilitará la detección precoz de muchas enfermedades, no solo del cáncer.

- ¿Cómo cree que la inteligencia artificial y los datos genéticos pueden ayudar a la medicina?

- Uno de los grandes retos de la genética ha sido siempre la enorme cantidad de datos generados y la dificultad para interpretarlos. La inteligencia artificial está revolucionando este campo. Hace poco, uno de los premios Nobel de Química reconoció investigaciones basadas en IA que permitieron comprender la estructura tridimensional de las proteínas humanas. DeepMind y herramientas como AlphaGenome supondrán una auténtica revolución. Hasta ahora observábamos regiones del genoma cuyo significado desconocíamos. Con estas nuevas herramientas podremos interpretar gran parte de ese “genoma oscuro”.

- ¿En qué punto se encuentra la Comunitat Valenciana?

- A nivel de emprendimiento, la Comunitat Valenciana cuenta con empresas muy relevantes como Imegen, Sistemas Genómicos o Igenomix. Seguiremos viendo nuevas iniciativas ligadas a la biomedicina. Además, Valencia acogió en 2012 el primer Congreso de Emprendedores Científicos. Desde entonces se han celebrado por toda España y ahora la décima edición vuelve a Valencia. Existe una efervescencia notable y los investigadores entienden cada vez más la importancia de transferir la ciencia a la sociedad.

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