La Paella Rusa: Todos haciéndole el juego al fascismo, qué vergüenza

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Nuevo episodio de La Paella Rusa, pero mismo drama. Andrés sufre como nadie las obras de la calle Colón de València y se enfrenta a un nuevo obstáculo en su existencia: han quitado los aparcamientos para bicicletas y no tiene dónde dejar la suya a buen recaudo.

Y de las bicicletas pasamos al transporte favorito de quienes están convirtiendo València en un agujero todavía más infernal: los coches que hacen “broom, brooom, brooom”. Nos asomamos al amor de Trump por los automóviles extremadamente contaminantes, al precio de la gasolina y el diésel y a cómo va a afectar este idilio a la Unión Europea.

Por cosas de la vida, nuestra nueva sección: “¿Quién y cómo le ha dado alas a la ultraderecha esta semana?” coincide con uno de los temas fundamentales de este episodio. Hablamos de vivienda, desahucios, alquileres, acampadas y todas esas otras cuestiones con las que, quizás involuntariamente, tú también le estás haciendo el juego al fascismo. Y es el momento de que asumas tu responsabilidad en todo esto. Y obviamente, hablamos de nuevo de la actualidad de la liga de fútbol de quinta regional B, o algo así. ¡Con nombres de futbolistas y todo!

En nuestra recomendación cultural, Elon Musk. O, peor aún, una propuesta que viene del propio tecnoligarca megalómano. Os proponemos empezar con la saga de novelas de ciencia ficción Culture series, escritas por Iain M. Banks (Hachette Book Group). ¡Dentro sinopsis! “La guerra se extendía por toda la galaxia. Miles de millones habían muerto y muchos miles de millones más estaban condenados a morir. Lunas, planetas e incluso las propias estrellas se enfrentaban a una destrucción fría, brutal y, peor aún, aleatoria. Los idiranos luchaban por su Fe; la Cultura, por su derecho moral a existir. Había principios en juego. No podía haber rendición. En el seno de aquel conflicto cósmico se libraba una cruzada individual. En lo más profundo de un laberinto legendario, situado en un mundo yermo (un Planeta de los Muertos vedado a los mortales), yacía una Mente fugitiva. Tanto la Cultura como los idiranos la buscaban. El destino de Horza, el Cambiante, y de su variopinto grupo de mercenarios impredecibles, humanos y máquinas, era encontrarla realmente y, con ella, encontrar también su propia destrucción.

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