Mientras que para algunas personas el verano es la mejor época y es sinónimo de disfrutar, para otras supone un reto, un miedo al que enfrentarse. La culpable tiene un nombre: violencia estética. Esta obliga a seguir ciertos patrones y mandatos sobre cómo vestirse, cuánto pesar… Algo que se ha normalizado, aunque sus consecuencias psicológicas aumentan con el paso de los años.
Los anuncios, redes sociales o medios de comunicación también contribuyen a la divulgación de estas ideas. Inseguridades, complejos, dismorfia e insatisfacción corporal o trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como anorexia, bulimia o el trastorno por atracón son algunas de las consecuencias que pueden generar estos mensajes, sobre todo en los adolescentes, ya que pueden llegar a ser más influenciables.
Hablamos con Andrea Acuña, psicóloga especializada en perspectiva de género y terapias contextuales. La violencia estética se refiere a las normas culturales y representaciones que dictan cómo debe lucir el cuerpo, particularmente el de las mujeres, imponiendo estándares que validan a las personas principalmente a través de su apariencia física.