Grant Thornton, presente en la Comunitat Valenciana desde 1998, ha reforzado recientemente su apuesta por la región con la incorporación de Eduardo Chapa como socio de Auditoría en su oficina de Valencia. Chapa suma más de 25 años de trabajo junto a empresas valencianas. Se cumple además un año de la integración de Grant Thornton España en Grant Thornton Advisors.
En este contexto y cuando se cumple un año de la integración de Grant Thornton España en Grant Thornton Advisors. Eduardo Chapa e Isabel Perea, socia directora nacional de Auditoría & Assurance, analizan los grandes retos del tejido empresarial valenciano: ganar dimensión, seguir creciendo fuera de España y garantizar el relevo en la empresa familiar. De igual forma, explican cómo la inteligencia artificial está transformando una profesión cuyo propósito, insisten, sigue siendo el mismo: generar confianza.
Isabel Perea. Socia directora Nacional de Auditoría & Assurance de Grant Thornton y
Eduardo Chapa. Socio de Auditoría de Grant Thornton en la oficina de Valencia
Han realizado una apuesta muy fuerte por la Comunidad Valenciana. ¿A qué responde esta estrategia?
Eduardo Chapa: La Comunidad Valenciana es un territorio con un tejido empresarial muy potente y muy diversificado, y para Grant Thornton es una región estratégica desde hace muchos años. Nuestra presencia aquí se remonta a 1998 y hemos ido creciendo acompañando a empresas familiares, grupos internacionales y compañías de distintos sectores.
Mi incorporación a Grant Thornton responde precisamente a esa voluntad de seguir reforzando nuestra presencia y nuestras capacidades en la región. Después de más de 25 años trabajando con empresas valencianas, conozco bien sus fortalezas, pero también los retos que tienen por delante. Creo que existe una oportunidad importante para acompañarlas en procesos de crecimiento, internacionalización, transformación y profesionalización.
¿Qué cree que distingue a las compañías valencianas que consiguen crecer y mantenerse competitivas?
Eduardo Chapa: Hay una característica que destacaría por encima de otras: la capacidad de adaptación. Muchas empresas valencianas han sabido evolucionar desde negocios muy vinculados a un mercado o a una actividad concreta hacia compañías más diversificadas, internacionalizadas y profesionalizadas.
También destacaría la vocación internacional de muchas empresas valencianas. En sectores como la automoción, la cerámica o la industria agroalimentaria, las compañías compiten en mercados cada vez más exigentes. El reto no es solo seguir creciendo fuera de España, sino hacerlo con estructuras sólidas, capacidad de adaptación y una visión a largo plazo.
Por eso creo que el siguiente paso es ganar dimensión. Tenemos compañías muy buenas y muy competitivas, pero en algunos casos todavía existe margen para crecer, profesionalizar estructuras, incorporar tecnología y abordar operaciones que permitan ganar escala.
¿En qué sectores creen que las empresas valencianas tienen mayor potencial de crecimiento?
Eduardo Chapa: No me atrevería a establecer un ranking cerrado, porque la fortaleza de la Comunidad Valenciana está precisamente en la diversidad de su tejido empresarial. Lo que sí vemos desde nuestra experiencia es un potencial importante en sectores industriales y de servicios que ya cuentan con una base sólida en la región.
Automoción, cerámica, agroalimentación, movilidad y transporte son algunos de los sectores con los que tenemos una relación muy cercana. También vemos oportunidades en tecnología y en compañías capaces de aplicar la innovación a sectores tradicionales.
Creo que también debemos preguntarnos qué empresas van a ser capaces de ganar dimensión dentro de esos sectores. La internacionalización, la incorporación de tecnología, la capacidad de atraer talento y, en determinados casos, las operaciones corporativas pueden ser palancas importantes.
La empresa familiar tiene un peso enorme en la Comunitat Valenciana. ¿Cuál es hoy su principal reto?
Eduardo Chapa: Probablemente, uno de los grandes retos sea garantizar la continuidad de la empresa sin renunciar a su evolución. Las empresas familiares cuentan con fortalezas importantes, como el conocimiento del negocio, el compromiso con el proyecto y una visión de largo plazo. El desafío está en preservar esos valores y, al mismo tiempo, adaptarse a las nuevas necesidades de la compañía.
La sucesión es una cuestión fundamental, pero no debería abordarse únicamente cuando llega el momento del relevo. Es importante preparar a la siguiente generación, definir bien los órganos de gobierno y profesionalizar la gestión cuando sea necesario, incorporando talento externo si puede aportar valor.
En determinadas etapas, también puede ser conveniente explorar nuevas fórmulas de crecimiento, como incorporar un socio o acceder a otras fuentes de capital. Lo importante es que estas decisiones respondan a una estrategia clara y contribuyan a asegurar la continuidad del proyecto empresarial.
Se cumple ahora un año de la integración de Grant Thornton España a Grant Thornton Advisors. ¿Qué ha supuesto esta operación para la firma?
Isabel Perea: La integración ha reforzado nuestra capacidad para trabajar de forma más conectada a escala internacional. Hoy podemos compartir conocimiento, tecnología y talento especializado entre distintos países, algo especialmente relevante para empresas valencianas que operan en varios mercados.
Para los clientes, esto se traduce en un asesoramiento más coordinado y con mayor capacidad de respuesta ante operaciones y riesgos cada vez más globales.
Y lo hacemos sin perder lo esencial: el conocimiento cercano del cliente y la proximidad de nuestros equipos locales.
¿Y para el área de auditoría?
Isabel Perea: Para Auditoría supone disponer de más capacidades para afrontar una transformación acelerada por la tecnología, la inteligencia artificial y la evolución regulatoria.
Estas herramientas permiten automatizar procesos, analizar mayores volúmenes de información y detectar patrones o anomalías con más precisión. Pero la finalidad sigue siendo la misma: generar confianza. Por eso, el juicio profesional, la independencia, el escepticismo y el rigor continúan siendo insustituibles.
La plataforma internacional nos permite abordar ese cambio con más conocimiento, tecnología y talento, manteniendo al mismo tiempo la proximidad al mercado español.
¿Qué cambios introduce la IA para su sector?
Isabel Perea: La IA ofrece una oportunidad extraordinaria para elevar la calidad y la eficiencia de la auditoría, pero también introduce riesgos que debemos comprender y gobernar. Es imprescindible conocer cómo se generan los datos y resultados, asegurar su trazabilidad y mantener una supervisión adecuada.
Además de utilizar la IA en nuestro trabajo, tendremos que evaluar los sistemas que emplean las propias compañías: su diseño, los datos que los alimentan, los controles existentes y la fiabilidad de sus resultados.
La automatización no elimina el juicio profesional; lo hace todavía más relevante. El auditor debe interpretar los resultados, cuestionarlos cuando proceda y valorar los riesgos con criterio y escepticismo.
En definitiva, la tecnología liberará tiempo para comprender mejor el negocio y aportar más valor. El futuro de la auditoría pasa por combinar su potencia con la experiencia, la independencia y el criterio de las personas.
¿Cómo afectará la irrupción de la IA a la formación de auditores?
Isabel Perea: La IA va a cambiar profundamente el proceso de aprendizaje del auditor. Al automatizarse parte de las tareas con las que tradicionalmente se adquiría experiencia, habrá que adelantar desde las primeras etapas competencias que antes se desarrollaban de forma progresiva.
La formación deberá seguir apoyándose en una base sólida de contabilidad, finanzas y normativa, pero tendrá que incorporar capacidades tecnológicas y analíticas: comprender cómo funcionan los sistemas de IA, evaluar la calidad y trazabilidad de los datos, cuestionar sus resultados y convertirlos en conclusiones relevantes para la auditoría y el negocio.
Esto también transformará las estructuras de las firmas. El modelo tradicional, basado en equipos piramidales, evolucionará hacia equipos más multidisciplinares, en los que auditores, especialistas en datos y expertos tecnológicos trabajen de forma integrada. El modelo de aprendizaje tendrá que evolucionar: la experiencia seguirá siendo esencial, pero deberá complementarse desde etapas más tempranas con una mayor comprensión del negocio, análisis de riesgos y participación en situaciones que exijan criterio profesional. Se trata de acelerar la madurez del auditor sin perder el valor del acompañamiento y del aprendizaje práctico.
La colaboración con las universidades será fundamental para adaptar los planes de estudio, acercar la profesión al aula y atraer perfiles diversos. Y junto a las capacidades técnicas habrá que reforzar desde el principio los valores, la ética, la independencia y la responsabilidad. El auditor desde etapas más tempranas debe comprender no solo qué decisión toma, sino por qué la toma, a quién afecta y qué consecuencias puede tener. La tecnología aportará potencia; la confianza seguirá dependiendo del criterio, del juicio profesional y la integridad de las personas.
El marco de información sobre sostenibilidad está cambiando. ¿Cómo está afectando esta evolución a las empresas medianas y qué deberían estar haciendo ya para no quedarse atrás?
Isabel Perea: En España estamos en una situación transitoria. Hoy, continúa pendiente la adaptación nacional al nuevo marco europeo de la CSRD tras su simplificación. La coexistencia de normas vigentes y cambios todavía por incorporar genera incertidumbre, especialmente entre las empresas medianas.
En este contexto, es importante distinguir entre las obligaciones formales de reporting y las exigencias del mercado. Aunque una empresa quede fuera del ámbito directo de la futura CSRD, puede seguir recibiendo solicitudes de información de clientes, entidades financieras y otros grupos de interés. Por eso, la sostenibilidad mantiene su relevancia comercial, financiera y para la gestión de riesgos.
Lo primero es comprender su exposición regulatoria y las expectativas de sus principales grupos de interés. Después, deben evaluar qué riesgos y oportunidades de sostenibilidad son relevantes para su negocio y si disponen de información suficiente, fiable y trazable, con un enfoque proporcionado a su tamaño, sector y grado de madurez. No debería abordarse solo como cumplimiento, sino como una oportunidad para mejorar la información y anticiparse al mercado.
Si miráis al tejido empresarial valenciano dentro de cinco años, ¿qué os gustaría que hubiera cambiado y qué papel queréis que juegue Grant Thornton en esa transformación?
Eduardo Chapa: Me gustaría ver un tejido empresarial valenciano con compañías de mayor dimensión, más internacionalizadas y capaces de competir todavía mejor en mercados globales. Tenemos empresas con mucho talento y mucha capacidad, pero creo que existe margen para que algunas den un salto en tamaño y profesionalización.
También me gustaría que la transformación tecnológica se hubiera incorporado de manera natural a la gestión y que las empresas hubieran avanzado en la incorporación de talento y en la profesionalización de sus estructuras, especialmente en el caso de las empresas familiares.
Isabel Perea: Desde Grant Thornton queremos acompañar esa evolución aportando conocimiento, experiencia y una visión independiente que ayude a las empresas a decidir mejor.
Nuestra mayor capacidad internacional nos permite apoyarlas cuando crecen fuera de España, combinando dimensión global con conocimiento y cercanía local.
¿Cuál es, desde vuestra posición, el cambio que más va a transformar la profesión de auditor en los próximos cinco años?
Isabel Perea: En los próximos años, la inteligencia artificial y la automatización transformarán profundamente nuestra forma de trabajar, pero el cambio decisivo será cómo redefinimos el valor del auditor. En un entorno con más datos, más velocidad y mayor complejidad, nuestra función no será solo verificar información, sino aportar confianza allí donde las decisiones son cada vez más difíciles.
La tecnología permitirá automatizar tareas y analizar volúmenes de información impensables hasta ahora. Pero una herramienta puede identificar un patrón; corresponde al auditor comprender qué significa, cuestionarlo, conectarlo con el negocio, valorar sus riesgos y explicar las consecuencias de las decisiones. Cuanta más tecnología incorporemos, más importante será el juicio profesional.
También cambiarán los perfiles, los equipos y las carreras profesionales. Necesitaremos combinar conocimiento contable, normativo, financiero, tecnológico y analítico con pensamiento crítico, comunicación y liderazgo. Las firmas debemos acompañar a todos nuestros profesionales en esa evolución, adaptando la formación y creando equipos más multidisciplinares, sin perder la experiencia compartida ni el aprendizaje práctico.
Y hay algo que no puede cambiar: la auditoría es una infraestructura de confianza. La independencia, la ética, el escepticismo y el rigor seguirán siendo irrenunciables. La tecnología estará al alcance de todos; la diferencia la marcará utilizarla con conocimiento, criterio y responsabilidad.