VALÈNCIA. La Dana de octubre de 2024 cambió el paisaje de muchas localidades valencianas y descompuso la vida de sus habitantes. Retiradas toneladas de barro y reabiertos comercios y colegios quedan cicatrices que no se ven a simple vista: viviendas con olor a humedad y familias que buscan estabilidad. Junto a ellas un buen número de entidades sociales continúan sosteniendo a quienes más lo necesitan.
En ese contexto nace “Sumando Energías por Valencia”, el plan de actuación de Fundación Naturgy, entidad con 30 años de experiencia que quiere ser parte del proceso de reconstrucción e impulsar cambios trascendentales a nivel vital. “Queremos acompañar a las personas que se vieron afectadas, acompañar en el sentido de que no es una o varias acciones puntuales sin conexión, sino un plan integral, cohesionado y mantenido en el tiempo”, matiza María Eugenia Coronado, directora general de la fundación.
Así lo explicó Coronado, junto a Eva Buch, directora de Educación y Divulgación en Fundación Naturgy y Ester Sevilla, directora de Proyectos Sociales e internacional, en el podcast “Sumando Energías por Valencia”, de Plaza Podcast, donde se irá relatando mensualmente la evolución del proyecto. Su mensaje es claro: no se trata de llegar, actuar y marcharse. Esto va de permanecer el tiempo suficiente, sentando las bases para que de lo construido se pueda seguir avanzando cuando el proyecto termine.
Primero, escuchar
“No vinimos con un plan cerrado para aplicar en Valencia”, subraya Coronado. “Era imprescindible conocer las necesidades directamente de quien las tiene y de quien seguirá aquí una vez acabemos”. Ese proceso de escucha fue punto de arranque y ha marcado cada paso. Cerca de 30 entidades sociales, “nuestros ojos y nuestros oídos en el territorio”, como las define, han participado en la identificación de necesidades reales. También los ayuntamientos, los centros educativos y la comunidad local. Porque, insiste, “el plan no existiría sin ellos”.

- Eva Buch, directora de Educación y Divulgación en Fundación Naturgy, durante un encuentro en un centro educativo.
Esta iniciativa es una red que se teje con paciencia: instituciones, tejido social, empresas y ciudadanía avanzando en la misma dirección. Por ello, “ser capaces de coordinar a todos los actores, para que lo que hagamos sea útil y perdure era vital, con el fin de que cada actuación deje un legado”, subraya Coronado.
Un plan que mira al futuro
“Sumando Energías por Valencia” se articula en cuatro grandes ejes: personas, educación, empleo y medio ambiente, que comparten una misma filosofía: actuar hoy pensando en el mañana. Como añadió Coronado, “tienen que ser proyectos que tengan continuidad, que ofrezcan resultados permanentes”.
En el ámbito social, la rehabilitación energética de viviendas busca facilitar la habitabilidad y devolver el confort a largo plazo. Reparar puertas, instalar sistemas de climatización equivale a que una familia vuelva a sentir su casa como un hogar. Pero no es el único eje: impulsar la educación energética para cuidar el planeta, fomentar la formación como medio de acceso al empleo y trabajar por la recuperación del territorio desde la sostenibilidad son igualmente importantes. Todo ello revierte en reducir la vulnerabilidad, empoderar a las familias y proporcionarles un espacio de futuro.
Las ayudas también se han dirigido a entidades sociales: siete organizaciones han podido mejorar sus instalaciones, liberando recursos que ahora pueden destinar directamente a quienes atienden. “Nos dimos cuenta de que era importante ayudar a quienes ayudan”, recuerda Coronado.

- Ester Sevilla, directora de Proyectos Sociales e internacional de Fundación Energy durante un encuentro informativo.
Los colegios como punto de partida
Eva Buch, directora de Educación y Divulgación, pone la mirada en los centros educativos afectados. “Acompañar a los colegios e institutos que se vieron afectados fue otro de nuestros objetivos; que se haga su recuperación con criterios de eficiencia, no solo las estructuras sino llegando también su corazón que son los alumnos”, explica.
Aunque el plan contempla actuar en 130 centros de 38 municipios e instalar placas fotovoltaicas en al menos 40 colegios, Buch insiste en que la verdadera reconstrucción no es solo material: “Buscamos, además, generar conciencia medioambiental, ayudar a la recuperación emocional y fomentar el estudio de vocaciones científico tecnológicas”.
La relación con la comunidad educativa la define como “de amistad y colaboración”. Equipos directivos, profesorado, AMPAs… “todos han participado para que pudiéramos encontrar la manera de ayudar sin dar sobrecarga de trabajo”, que era otro reto a cumplir, porque “no buscamos imponer nada, sino servir de apoyo”, recalca Buch.
El empleo cambia la vida de una familia
La situación de vulnerabilidad por la pérdida de un negocio o trabajo llevó a plantear la oportunidad de impulsar la formación. “Queríamos aprovechar para fomentar su empleabilidad, porque con la dana también han salido otras oportunidades de trabajo y conseguir un empleo supone cambiar el entorno de una familia”, explica Buch.
La propuesta es una formación 360: instalación y mantenimiento de placas solares, rehabilitación eficiente de viviendas, digitalización de redes de gas o certificaciones profesionales. “No solamente formamos a las personas, sino que las acompañamos e incluimos en iniciativas vinculadas a este Plan”, reafirma Buch. El círculo se cierra cuando esas prácticas contribuyen, por ejemplo, a las obras en colegios. De este modo aprenden mientras reconstruyen.
La emergencia que continúa
Ester Sevilla, directora de Proyectos Sociales e internacional , resume el momento actual: “una vez pasada la emergencia mediática, sigue otra parte de emergencia”. La reconstrucción exige constancia y, sobre todo, sensibilidad para detectar a quienes se han quedado atrás.
“Quedan cicatrices, aún hay mucho por hacer… además están los más vulnerables dentro de los más vulnerables, esos todavía no han recuperado la normalidad y hay que hilar más fino, ir casa por casa para poder ayudar”, indica.
Sevilla señala que “aún hay viviendas que necesitan todo tipo de mejoras, desde las completamente destruidas a otras que requieren sólo reparación. Sumando esfuerzos y coordinándonos, que es fundamental, logramos el objetivo de devolver la habitabilidad”.
Su relato está ligado al de las historias que ha escuchado en el territorio. Confiesa haberse sentido “impactada por la resiliencia de la gente y su necesidad de hacerte partícipe de lo que vivieron, sus miedos, sus agobios, también sus esperanzas”.
Entidades que son manos, alma y motor
Si hay una idea que las tres repiten es el papel insustituible de las entidades sociales. “Son el verdadero alma de este proyecto porque saben exactamente dónde, a quién y cómo ayudar”, afirma Coronado. Para Buch, directamente, “son nuestras manos”; y Sevilla añade que les permiten “llegar allí donde de otro modo sería imposible”.
La coordinación con las administraciones ha sido igualmente decisiva. “No es una carrera individual sino un camino conjunto. Solo así se genera confianza y se evita duplicar esfuerzos”, coinciden las tres.
No perder la capacidad de escucha
Cuando se les pregunta por los retos, no hablan de cifras ni de plazos. Hablan de actitud y compromiso. “Es fundamental no perder la capacidad de escuchar, porque no podemos dar nada por sentado, y tras la escucha es preciso reacomodar, redefinir y actuar”, recuerda Coronado.
“Compartida” es la palabra que mejor define el proyecto. Ninguna de ellas habla en singular. Siempre es “nosotros”, “todos”, “la comunidad”. Una muestra de que la reconstrucción no pertenece sólo a quien ayuda, sino a quien la recibe y a quien la hace posible.