Tierra de empresas

Formación y empleo para cambiar el rumbo vital tras el paso de la Dana

Uno de cada cuatro alumnos participantes en la iniciativa Sumando Energías por Valencia, de Fundación Naturgy, logra acceder a un empleo en el sector energético

  • Instalación de una placa por parte de alumnos del curso de instalación fotovoltaica
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Tras los daños materiales y el drama humano de la dana que asoló Valencia emergieron otras circunstancias quizás más silenciosas, pero igual de complejas, como el desempleo, la incertidumbre laboral y la sensación de no saber por dónde empezar a recomponer la vida. Todo ello forma parte de un trauma que aún atenaza el día a día de muchas personas.

En ese contexto, el empleo pasa de ser una cuestión económica a un punto de inflexión vital. Como explica la directora de Educación y divulgación de Fundación NaturgyEva Buch, “cuando entra un empleo en el hogar todo cambia porque aparece una perspectiva de futuro”. 

Esa idea resume el enfoque del eje Empleo y Formación del plan Sumando Energías por Valencia, impulsado por Fundación Naturgy para apoyar la reconstrucción social, económica y energética de las zonas afectadas por la dana. Así lo relatan en el podcast de Plaza varios protagonistas de un proyecto que permite a personas afectadas reconstruir su vida a través de la formación y el empleo.

Conscientes de que la recuperación no podía limitarse a lo material y de que era necesario generar nuevas oportunidades, se diseñó un programa formativo para alcanzar objetivos concretos. Si en un primer momento se consideró fundamental la formación profesionalizadora en instalación de redes fotovoltaicas o digitalización de redes de gas, sectores con verdadera proyección, la realidad del territorio introdujo otra necesidad urgente: “era preciso potenciar la rehabilitación de viviendas, incorporando además criterios de eficiencia energética para que ese trabajo tenga un impacto duradero y, además, nos permite cerrar el círculo, porque las obras que se realizan crean hogares más sostenibles”, señala Eva Buch.

 

 

  • Alumnos del curso de instalador de gas durante una clase práctica -

Trabajo en red para objetivos ambiciosos

Pero lograr un verdadero impacto pasaba por ir más allá de lo que se enseña en el curso. “No solo formamos, también acompañamos”, subraya Eva Buch. Esa idea transversal se articula junto a entidades como Fundación Novaterra, que trabaja directamente con las personas durante todo el proceso. “Tratamos de guiar a las personas más alejadas del empleo, seleccionamos perfiles, hacemos seguimiento y también intermediamos con empresas para que esa formación trascienda y se convierta en un empleo real”, explica Mavi Leida, gerente de la entidad.

El planteamiento rompe además con los esquemas tradicionales. No se trata de buscar perfiles cerrados, sino de “identificar capacidades y desarrollarlas para facilitarles la inserción”, señala Leida. Hay que tener en cuenta que muchas de las personas que participan en este programa llevan tiempo fuera del mercado laboral o nunca han tenido una formación reglada. En ese contexto, “la motivación y la voluntad de avanzar se convierten en el punto de partida”, inciden desde Fundación Novaterra

Otra seña de identidad de este proyecto es que consigue abrir espacio de forma consciente a la incorporación de la mujer en sectores donde históricamente ha tenido menor presencia, lo que supone una apuesta clara por la equidad. “No excluimos a nadie, pero sumamos a la mujer porque tienen un hueco importante que cubrir”, apunta Eva Buch.

Motivación para hacer frente a la necesidad

En las aulas, la diversidad es evidente. Vicente Casal, de Formavic, convive con alumnos que llegan con trayectorias muy distintas, desde quienes tienen estudios previos hasta quienes habían perdido el interés por la formación. Lo que sí comparten es una urgencia común. “Tras la DANA, muchos tenían una necesidad enorme de trabajar. Les daba igual el qué y el cómo. La formación les ha abierto un punto de motivación”, señala.

Contar con ese estímulo para completar el curso no es cuestión menor. En muchos casos, hablamos de familias que han pasado a tener ingresos cero tras la dana y se enfrentan a una situación de bloqueo. La formación supone para ellos un plan y una salida posible. Les permite adquirir competencias técnicas concretas dentro del sector energético y, al mismo tiempo, recuperar la confianza. “Salen preparados y con capacidad de empezar a trabajar y desarrollarse profesionalmente en el sector”, explica Casal, quien destaca también que las empresas demandan este tipo de perfiles, lo que facilita una incorporación relativamente rápida al mercado laboral.

Cadena de colaboración

Gracias al esfuerzo conjunto, los resultados empiezan a consolidarse. “Un 23% de las personas que han pasado por el programa ya están trabajando, muchas de ellas en empleos directamente vinculados a la formación recibida, aunque también hay casos en los que ese aprendizaje ha servido para acceder a otros ámbitos”, señala Eva Buch. Además, no son pocos quienes deciden continuar formándose tras una primera experiencia, conscientes de que la cualificación es una herramienta clave para mejorar sus oportunidades.

El impacto, sin embargo, no se queda en los datos. También se refleja en la respuesta del entorno. Empresas que en su momento se vieron afectadas por la Dana y recibieron apoyo ahora están dando el paso de contratar a personas en situaciones similares. Se genera así una cadena de colaboración que define el espíritu del proyecto. “Es muy reconfortante comprobar que todos estamos por sumar: alumnos, formadores, fundaciones, empresas”, apuntan desde Fundación Naturgy.

Aun así, persisten obstáculos. Uno de los más relevantes es la movilidad. Se da la circunstancia que muchas de las personas que participan no disponen de carné de conducir ni de vehículo, lo que limita sus opciones en determinados sectores donde el desplazamiento es imprescindible. Es una barrera estructural que condiciona el acceso al empleo y que el programa ha identificado como un reto pendiente, tal y como señalan desde Fundación Novaterra.

Si algo constatan los responsables del proyecto Sumando Energías por Valencia es que existe un componente que atraviesa todo el proceso: el impacto emocional. La DANA pasó, pero sus consecuencias siguen presentes en muchas familias. “Hemos visto familias muy tocadas, no podemos olvidarnos de ello porque hemos estado en el territorio; la Dana pasó, pero sus efectos perduran, sigue habiendo niños y adultos con traumas y si encima están todos los miembros de la familia en paro es mucho peor, por ello conseguir que entre un empleo en el hogar es un principio para cambiarlo todo”, recalca Eva Buch de Fundación Naturgy.

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