VALENCIA. A pesar de las campañas informativas, los especialistas insisten en una premisa que la ciencia médica ha demostrado de forma inapelable y que muchas veces olvidamos: la piel tiene memoria. El daño solar acumulado desde nuestra infancia es una huella invisible que emerge cuando menos se espera: cada nuevo año se diagnostican más de 78.000 nuevos casos de cáncer de piel, siendo el tumor más frecuente en España y uno de los principales retos de salud pública. El Dr. Eduardo Nagore, jefe del Servicio de Dermatología del IVO, advierte sobre los efectos a largo plazo de la radiación en el capítulo 4 del podcast ‘IVO, 50 años en cuerpo y alma contra el cáncer’, de Plaza Podcast: "Las quemaduras y la exposición solar que tienes en la infancia, en la adolescencia y a lo largo de toda la vida pueden producir un cáncer, no de forma inmediata, sino años o incluso décadas después”.
Además, el cáncer de piel está asociado asociados a un hábito profundamente arraigado en países mediterráneos como el nuestro: la exposición al sol. Nueve de cada diez casos están directamente relacionados con la radiación ultravioleta, ya sea procedente del sol o de fuentes artificiales como las cabinas de rayos UVA. Pero ‘ponerse moreno’ es un hábito que sigue estando peligrosamente subestimado, y la concienciación continúa siendo una asignatura pendiente, especialmente entre los jóvenes. De hecho, los que tienen entre 18 y 30 años son el grupo de población que menos se protege frente al sol y apenas un 11% de los españoles sigue correctamente las recomendaciones médicas de fotoprotección. Por ello, el Dr. Nagore señala la necesidad de ir más allá de los canales habituales e introducir la educación directamente en las escuelas, concienciando a niños y adolescentes para frenar el impacto del factor ambiental más determinante de esta enfermedad.
Y eso que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente al cáncer de piel. Evitar la exposición prolongada al sol, especialmente durante las horas centrales del día; utilizar fotoprotectores adecuados; recurrir a barreras físicas como sombreros, gafas de sol o ropa protectora; y buscar espacios de sombra son medidas sencillas capaces de reducir significativamente el riesgo.
A esas medidas de protección habría que sumar la detección precoz a través de la autoexploración mensual. Un hábito sencillo que debe recorrer toda la superficie cutánea —desde el cuero cabelludo hasta la planta de los pies— persiguiendo el denominado signo del patito feo, aquel lunar o lesión que rompe el patrón del resto del cuerpo, cambia de aspecto o resulta sospechoso. Su hallazgo no es sinónimo de malignidad, pero sí la señal de alarma definitiva para acudir al especialista. “La autoexploración sería el hábito más importante de todos, porque es el único que probablemente consiga reducir la mortalidad al poder detectar precozmente el cáncer”.
Pioneros en cirugía de Mohs
En estos cincuenta años de trayectoria del centro los avances han sido significativos, tanto a la hora de detectar y estudiar la enfermedad como en su tratamiento. Y el IVO ha sido protagonista de alguno de esos avances. Por ejemplo, fue pionero en España hace más de 30 años, y de los primeros en Europa, en realizar la cirugía de Mohs. “Actualmente, realizamos 20 cirugías de Mohs a la semana, lo cual da una dimensión del volumen de experiencia que tenemos”, resalta el Dr. Nagore, quién explica las ventajas de esa cirugía: “La máxima actual es el máximo ahorro de tejido sano y la reducción drástica de las secuelas estéticas y funcionales. El valor diferencial de Mohs radica en que el tumor se extirpa y sus márgenes se analizan de manera intraoperatoria en el propio quirófano. En apenas tres cuartos de hora, el patólogo diseña un mapa exacto de la lesión y guía al cirujano para perseguir las células tumorales hasta garantizar que el tejido queda completamente limpio en una única intervención”. Además, el centro oncológico ha incorporado recientemente un escáner láser de microscopía confocal capaz de analizar los márgenes tumorales en menos de cinco minutos. Una innovación que reduce significativamente los tiempos quirúrgicos y aumenta la precisión del procedimiento.
Esta precisión quirúrgica se complementa con técnicas como la biopsia del ganglio centinela, que permite detectar de forma precoz la diseminación linfática con una afectación mínima para el paciente, la terapia fotodinámica, terapias dirigidas e inmunoterapia. Eso, según el Dr. Nagore, ha permitido personalizar el tratamiento, aumentar el arsenal terapéutico, incrementar la precisión y transformar el pronóstico de muchos pacientes que tienen que hacer frente a una enfermedad en la que bajo la etiqueta genérica de cáncer de piel conviven realidades clínicas con pronósticos y comportamientos muy diferentes: el más frecuente es el carcinoma basocelular, que también es el menos agresivo; el carcinoma epidermoide presenta un perfil más agresivo, con una mayor tendencia a la expansión e invasión a nivel local y regional, y el melanoma, “el responsable de la mayor el mayor número de muertes producidas por cáncer de piel”.

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Medicina más personalizada
Esa compartimentación de los distintos cánceres de piel ha sido también uno de los grandes avances de en los últimos cincuenta años, unido a “la clasificación molecular de estos tumores a la hora de tomar decisiones y buscar tratamientos dirigidos para conseguir una medicina más personalizada”, tal y como destaca la doctora Zaida García Casado, adjunta al Laboratorio Molecular del IVO, quien resalta el papel de la biología molecular: “Permite mirar el tumor con un nivel de detalle que antes no existía. Ya no se trata solo de ver dónde está la lesión, sino de entender mejor cómo se comporta y qué tratamiento puede encajar mejor”.
A ello se une la secuenciación de nueva generación, la biopsia líquida y los análisis transcriptómicos, “tres herramientas clave para avanzar en la medicina de precisión”, apunta la doctora Zaida García Casado. Así, la secuenciación de nueva generación es capaz de analizar las alteraciones genéticas de múltiples genes o genomas completos de varios pacientes de forma simultánea, optimizando los tiempos de respuesta y reduciendo costes. La biopsia líquida permite, a partir de un simple análisis de sangre, una altísima sensibilidad para el diagnóstico precoz de recaídas y el seguimiento del tumor. Y los análisis transcripómicos aportan una foto a tiempo real de lo que estaba sucediendo en la célula, qué genes se están activando o desactivando dentro de la célula tumoral y cómo se comporta el entorno que la rodea.
Gracias a este nivel de detalle, se pueden identificar los biomarcadores pronóstico “que nos van a ayudar a comprender cómo va a ser la evolución del tumor y a dar a cada paciente el tratamiento más adecuado en función del tipo de tumor que tenga para garantizar una mejor respuesta al tratamiento”, afirma la adjunta al Laboratorio Molecular del IVO. Además, también pueden anticipar los mecanismos de resistencia a los fármacos. “Saber cuándo un tratamiento va a dejar de funcionar permite a los médicos cambiar de estrategia a tiempo, evitando al paciente efectos secundarios y costes innecesarios”.
Otro avance en estos años es el análisis de alteraciones genéticas hereditarias asociadas a síndromes que incrementan el riesgo de cáncer cutáneo. “La identificación de estas predisposiciones permite implementar estrategias de seguimiento y prevención adaptadas tanto al paciente como a sus familiares”, añade la doctora García Casado.
Porque, aunque la exposición al sol es el principal factor de riesgo, las personas con piel y ojos claros, cabello rubio o pelirrojo, más de 50 lunares o antecedentes familiares de la enfermedad deben de tener una mayor precaución y vigilancia. Sin embargo, los especialistas advierten de que no todos los diagnósticos pueden explicarse por estos factores de riesgo. De hecho, según señala el doctor Nagore, hasta un 20% de los melanomas diagnosticados en los últimos años aparecen en personas que no presentan factores de riesgo evidentes. “Esta realidad pone de manifiesto la importancia de incorporar la autoexploración periódica de la piel como un hábito de salud, independientemente del perfil de riesgo de cada persona”, insiste.
Un camino lleno de retos

- Doctores García y Nagore -
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Mirando a los próximos años, las vacunas personalizadas; la terapia génica; la inmunoterapia combinada, que ya está logrando cronificar la supervivencia en pacientes con estadios avanzados, o la medicina personalizada y de precisión son solo el principio de un camino que todavía está lleno de retos, empezando por el más importante: la concienciación. “Hay que mejorar el diagnóstico precoz y, en el caso del cáncer de piel, eso conlleva una concienciación por parte de de la sociedad”, confirma la doctora Zaida García Casado.
Una afirmación que también comparte el doctor Nagore, quien además pone el foco el trato humano: “Ahora que vamos hacia avances tecnológicos e inteligencias artificiales, hay que poner en valor la figura de las personas que puedan cuidar de ese paciente en todos sus ámbitos”. Y ahí el IVO también es pionero con la Unidad de Bienestar Oncológico que entiende que la nutrición, la fisioterapia, el ejercicio físico adaptado y la salud mental son pilares tan determinantes para la recuperación.