València

EL CALLEJERO

Alejandro, el valenciano que siente fascinación por Elon Musk

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VALÈNCIA. La casa de Alejandro Sahuquillo, amplia, diáfana, con mucho ladrillo caravista y techos con molduras, no tiene ni un trasto. Nada. Ni un sobre de Iberdrola o una revista vieja o unos calcetines sin doblar. Allí dentro está todo impoluto. Como su jersey blanco de cuello vuelto de Ralph Lauren. Lo único que rompe esa pulcritud son unos estantes con unos pocos libros -los que no encontró en la biblioteca o en Kindle- y una bodega acristalada con vino que no bebe. Alejandro, en realidad, lee mucho. Dice que 600 libros en dos años. Muchos son. Eso fue fruto de su fascinación por Elon Musk, el personaje al que parece haber consagrado su vida y que le ha llevado a autoeditarse un libro que ha titulado ‘The Musk Way. Descifrando el manual de Elon Musk para revolucionar cualquier mercado’

Este farmacéutico y arquitecto está obsesionado con el magnate estadounidense, el hombre más rico del planeta. Ha leído todo lo que ha encontrado sobre este magnífico emprendedor y turbio hombre de política, y en su canal de YouTube ha entrevistado a algunas personas que han sido empleadas de Musk. Su vida, la de Alejandro, al principio, fue más convencional. El hijo de dos farmacéuticos que estudió Farmacia y acabó con un premio extraordinario de fin de carrera. A los 22 años decidió empezar Arquitectura justo antes de que España entrara en la demoledora crisis del ladrillo. Por eso cogió y se fue a vivir a Moscú. Allí aguantó 16 meses y un invierno en el que llegaron a -30º. Pero volvió, hombre políglota, con nociones de ruso.

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Al llegar a València, en abril de 2013, le dio rabia perder lo que había aprendido y se propuso seguir estudiando ‘online’. Eso le dio una idea y, después de reunirse en el Mercado de Colón con su amigo Pablo Gil, un emprendedor, se lanzó a montar una startup de idiomas llamada Languing, que pasó por Lanzadera y alcanzó los 150.000 suscriptores. “Pero no tenía un modelo de negocio y la tuve que cerrar”, recuerda. Ahí se quedó sin blanca y decidió estudiar a los grandes inversores del mundo. “Cogí la lista Forbes y me leí la vida de gente como Warren Buffett, Charlie Munger, Peter Lynch, Howard S. Maros, Peter Thiel…”.

Al final abrió un canal de YouTube sobre Tesla, de los más potentes que hay en español y que ha desembocado en este manual para emprendedores inspirado en el modelo de Elon Musk. Por el camino vendió su BMW y las pocas propiedades que tenía y se puso a invertir en empresas tecnológicas como Apple, Google, Amazon… “Y en abril en 2019 vi el Autonomy Day, una presentación que hizo Tesla con Elon Musk, Andrej Karpathy, que era el jefe de inteligencia artificial, y otros ingenieros. Dijeron que al año siguiente iban a tener ‘robotaxis’. Me pareció alucinante e invertí una acción. Pero luego empecé a estudiar con mucha profundidad la empresa y esos grandes inversores a los que había leído decían que no era una locura para un particular, si conoces bien las empresas, invertir todo en dos o tres, o incluso solo en una. Lo contrario de lo que te dicen los expertos de la televisión o del banco”.

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Un canal dedicado a Tesla

Ahí fue cuando metió sus ahorros en Tesla y cuando abrió un canal de YouTube con 66.000 suscriptores. “Entonces contacté con un extrabajador de Tesla que también había estado con Jeff Bezos y Bill Gates, que había montado su propia empresa de vehículos y se había convertido en un experto en fabricar de forma rápida, y era consultor de los CEO de Toyota, Daimler y otras automovilísticas. Entró en Tesla a trabajar y se quedó impresionado. Al final montó una empresa donde da formación sobre el método de trabajo de Tesla. En mi canal contó cómo lo hacen y esa entrevista se hizo viral. La gente que seguía Tesla desde 2010, cuando salió a bolsa, nunca había escuchado a nadie contarlo así. Decidí que esto había que investigarlo y por eso durante dos años y medio me he dedicado a entrevistar no solo a trabajadores de Tesla sino también de PayPal, SpaceX, Neuralink… Lo fui desgranando y eso acabó en el libro. Y decidí autopublicármelo con un editor profesional de desarrollo que había sido el editor de ‘Hábitos Atómicos’, uno de mis libros favoritos”.

En una esquina de ese espacio diáfano donde estamos hay un pequeño estudio de grabación con dos placas de luz blanca, un ordenador de sobremesa y un micrófono. En la esquina opuesta, al lado de una mesa de billar con el tapete rojo, hay, a juego, un neón rojo con la silueta de un Kalashnikov AK-46.  Aunque lo más sorprendente está más adentro, a mitad de un pasillo, en un dormitorio con una pared de metracrilato en la que Alejandro hizo un ‘mind map’, un mapa mental. Se trata de un diagrama gráfico, con una estructura radial, que se utiliza para organizar la información.

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Alejandro Sahuquillo tiene ahora 45 años y asegura que no tiene coche, que cuando pueda permitírselo se comprará un Tesla, cómo no, pero no un Tesla cualquiera, sino el FSD (Full Self-Driving), el sistema de conducción automatizada que permite viajar sin tocar el volante. “Aquí han hecho pruebas, pero en Europa toda la regulación va lenta. Sería bueno para gente como mi madre, que ya tiene una edad y tendría una forma de moverse en coche más segura”. Una de las genialidades del equipo de Elon Musk, la figura que más le ha impresionado. Mi fascinación empezó con el Autonomy Day. Yo leía de física, exploración espacial, antropología, historia… Y Elon, fuera de los temas controvertidos, cuando hablaba de temas técnicos me dejaba impresionado porque sabe mucho. Y tenía una visión muy disruptora. Yo leía biografías de Jeff Bezos, Steve Jobs, Bill Gates, de los fundadores de Instagram o Netflix… Y este tipo era diferente por muchos motivos”.

Un hombre Asperger

En su canal hablaba sobre Tesla, pero no como usuario -no tiene coche- sino como empresa y líder en tecnología. “¿Qué es lo que hace distinta a esta empresa” Su metodología de trabajo”, afirma Alejandro, que asegura vivir de lo que tiene ahorrado, de habitar una casa familiar sin una hipoteca y de gastar muy poco. Pero se nota que le incomoda hablar de esto y rápidamente da un giro para volver, otra vez, a Elon Musk. Ahora cuenta que de niño se leyó dos enciclopedias y un montón de libros. “Es un hombre que tiene un conocimiento tremendamente amplio y profundo, y aplica un concepto para que sus empresas sean todo señal y poco ruido. Lo empieza aplicando en la distribución de sus trabajadores. SpaceX, cuando ya está lanzando cohetes, solo tenía a una persona que no era ingeniera. Cuando llegas a Tesla, históricamente, te entregan ‘Anti-Handbook Handbook’, el manual antimanual: esta empresa es distinta y tiene una misión, que es acelerar el mundo hacia las energías sostenibles, aunque ahora ha cambiado. Tu misión es conseguirlo y tienes que hacer cualquier cosa para conseguirlo. A nivel de comunicación tienes que hablar con la persona que creas que sea necesaria para resolver el problema que tengas entre manos; no tienes que pedir permiso a nadie. Si eres un becario y tienes que hablar con Elon Musk, puedes hacerlo, y, de hecho, cuando entras en la empresa te dan el correo de Elon Musk”.

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Alejandro incide mucho en una característica de Elon Musk que le hace diferente: ser Asperger, un trastorno del espectro autista. Este rasgo, asegura este estudioso, ha marcado su modelo de negocio. “Elon Musk dijo en ‘Saturday Night Live’ que era Asperger. Temple Grandin, una de las personas más influyentes del mundo, según la revista ‘Time’, una ingeniera del mundo de la industria cárnica, fue la primera persona importante en Estados Unidos que salió del armario autista y se convirtió en una autoridad. La entrevisté y me dijo que muchos de los gestos raros o de genio que tiene Elon Musk eran del espectro autista”.

Se levantaba a las 4:40

El autor de ‘The Musk Way’ habla de algunos detalles significativos que aplica el multimillonario a sus empresas: realizar el menor número de reuniones posibles, o que, en esas reuniones, no esté mal visto marcharse cuando ya no tienes nada más que aportar. “Pues ese es un comportamiento autista”, asegura Alejandro, que dedicó dos años y medio a aprender todo lo que pudo sobre Elon Musk y emprendimiento con la lectura de doscientos libros en menos de dos años y medio. Empezó a preparar su manual en abril de 2023 y lo completó en septiembre de 2025.

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Todas las semanas iba a la biblioteca de la Universidad Politécnica de Valencia y se llevaba dos bolsas llenas de libros. Los trabajadores le aplaudían porque decían que, gracias a él, mejoraban las estadísticas. “Ahora estoy leyendo un libro muy interesante sobre la llegada de Apple a China y de cómo el iPhone se convirtió en un símbolo de estatus en un país que acababa de salir del comunismo. Mucha gente pedía un préstamo para comprarse uno y el libro cuenta también el caso de un chino que vendió un riñón para comprarse un iPhone”, revela Alejandro, sentado al lado de un modelo de iPhone de 2020, que en este mundillo debe ser como conducir un Chevy del 67.

Ahora ya se ha relajado con la lectura y dice que hasta se permite, muy de vez en cuando, algún libro ligero de ficción. “Hace poco leí Cañas y Barro”. También ha cambiado algunos hábitos singulares, como levantarse a las 4:40, de noche, para meditar, estudiar japonés -domina inglés e italiano, habla ruso y francés, y ahora chapurrea el japonés- y hacer deporte. Eso fue en la época en la que se iba a dormir antes que sus sobrinos pequeños.

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El libro ha sido también un ejercicio de control de su ego. Solo así se entiende que, sin tener una editorial detrás, fuera capaz de reducir su primera versión y, después, de la que podría ser la definitiva, a la mitad (180 páginas). Antes de acabar se tiró un triple y mandó un borrador a la casa donde Alejandro cree haber averiguado que vive Elon Musk en en Boca Chica (al sur de Texas). Lleva años intentando ponerse en contacto con él, pero lo más cerca que ha estado es, cuenta medio en serio, medio en broma, cuando el emprendedor comentó un tuit en el que se hablaba de la entrevista que hizo el valenciano a Sandy Munro, un ingeniero automovilístico muy conocido en Estados Unidos. “Eso significa que mi cara la ha visto”, celebra.

Aunque Alejandro también reconoce que Musk es un hombre con muchas aristas. “Está claro que, por determinadas ideas políticas, es un capullo. Aunque ahora que lo he estudiado, diría que es un tío con un autismo y está muy descrito que les es mucho más complicado controlar los impulsos y tienen una obsesión por la verdad. Elon Musk se mete en todo. Yo tengo un Excel con más de nueve mil notas de conceptos que he ido sacando de todos mis estudios, y tengo una pestaña con insultos de Elon Musk”. Nadie es perfecto.

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