València

EL CALLEJERO

Ángel, el aficionado que ve las 384 fallas de València

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Convento Jerusalén es una calle curiosa. Allí, la semana de Fallas, se mezclan los chinos que llevan los restaurantes del barrio con la alta sociedad valenciana y los turistas que llegan con su maletita de ruedas para poblar los apartamentos que han convertido el barrio en un gran ‘hotel’. Los curiosos están de pie, alrededor de la falla, la ganadora en 2025, con los móviles desenfundados para grabar el momento culminante en el que el artista fallero encaja la cabeza encima de un ninot enorme. Entre la multitud está Ángel Romero, también con su teléfono, pero con más información que nadie porque para algo es un experto. “La falla de Convento mide 24 metros de alto, que es mucho, pero la del Ayuntamiento son 27, más aún”.

Los ninots están envueltos en plástico porque al día siguiente, el martes, está previsto que llueva mucho. Y la zona de fuegos, vacía de niños que pasan la tarde en el colegio a la espera de que empiece la fiesta de los petardos, los dulces fritos y el chocolate espeso. Ángel graba el montaje de la falla y en un rato se irá a ver qué tal va la del Pilar. Ha llegado su semana predilecta. También la más dura, en la que irá sumando unas pocas horas de sueño cada noche. Hay días que se mete en la cama cuando ya ha salido el sol. Exhausto, pero feliz. Porque la semana de Fallas, para este hombre de 40 años, licenciado en Derecho y antiguo trabajador en el registro de la propiedad, es una carrera frenética por toda la ciudad para ver y, de paso, retratar todas las fallas de València. Y todas son todas. Grandes y pequeñas. Sin excepción.

“Algún año he llegado a la última unos minutos antes de la cremà”, cuenta, divertido, este apasionado de la creatividad de los artistas falleros con los que, tal es su pasión y su conocimiento, colabora ya todos los años para hacer el guion de lo que dicen que no debería llamarse monumento. Pero qué es, si no, una obra colosal, de 24 metros de alto, como la que están plantando en Convento Jerusalén.

  • Foto: KIKE TABERNER

Los padres de Ángel no son valencianos. Ella es de Sarria (Lugo) y él, de Villanueva del Rey (Córdoba). Pero el niño parecía predestinado al nacer un 19 de marzo. “Lo de las fallas es un veneno que llevas dentro. Mis padres me cuentan que cuando era pequeño, si veía una estatua o algo, decía que era una falla. Me encantan desde que era un niño. Mis primeros recuerdos son con cuatro años, pasando debajo de una falla de Na Jordana, en el año 90, que era el puente, de Agustín Villanueva. Me pasaba los años contando los días que faltaban para que llegaran las Fallas, sobre todo la plantà. Tuve la suerte de que mis padres y mi hermano fomentaron esta afición y en cuanto las plantaban me llevaban a verlas por el Grao y el Cabanyal”, rememora. 

Tachaba las que veía

Cuando tenía seis años, los proyectos no se podían conocer hasta que, el 1 de marzo, salía la revista ‘Turista Fallero’. Aquel niño salía en Fallas con la revista debajo del brazo y un boli con el que iba tachando todas las que había visto. El 20 de marzo hacía un recuento y cada año se obligaba superar el récord del año anterior. “Con diez años ya veíamos ciento y pico fallas, que no está nada mal. En València se plantan 384”.

El amante de las fallas nunca fue fallero. No tenía sentido para alguien que no pretendía ir a hacer paellas, ni salir en la Ofrenda, ni bailar en una verbena. Ángel solo quiere ver fallas. “Pasaron los años y el siguiente paso, ya en los 90 fue mirar a ver, una vez quemadas las fallas, qué fotos había logrado con la cámara de carrete de mi abuelo. Algunas salían muy bien y otras muy mal. A veces se colaba gente y las que hacía de noche eran horrorosas”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Luego llegó 2006 y en un foro de internet surgió el reto de conseguir una fotografía de cada una de las fallas que se plantan en València. Cinco amigos se lanzaron a por este desafío: Ampa, Salva, Pedro, Juanjo y Ángel. “Y en 2007, como Ampa colaboraba en una revista que se llamaba Cendra, dijimos de sacar las fotos en formato CD y nos repartimos los sectores para publicarlas todas. Los tres primeros años sacamos un CD y los dos siguientes, en formato DVD. Durante cinco años sacamos las fotos de todas las fallas”, recuerda sobre aquel joven que tenía solo 20 años.

Ángel se acabó encargando de la versión digital de la revista y, tiempo después, hace ya 17 años, se independizó y se quedó con el portal cendradigital.com, donde se ciñe a hablar del monumento y de los artistas. El resto, no le interesa. Su ámbito, las Fallas y las Hogueras de San Juan. “Tengo la documentación de los últimos 20 años con la ficha de las fallas de València y de las Hogueras, además de las de los pueblos, que esas sí que me las mandan porque a mí no me da tiempo. En pandemia, además, Joan Ramírez, que era un loco que hacía más o menos lo mismo y que, por desgracia, falleció poco después, me cedió todo su archivo, con todas las fotos desde finales de los 70 y principios de los 80. Me pasó todo el archivo digital que tenía y gracias a eso en mi web están cubiertos los últimos 40 años de las Fallas”.

Ahora va en patinete

Ángel recuerda las caminatas interminables para conseguir ver las casi 800 fallas de València. Ahora, desde que se mueve en patinete eléctrico, el recorrido es mucho más cómodo. Siempre empieza el día en un extremo de la ciudad -Malvarrosa, Campanar, Benicalap…- y se va moviendo en zigzag hacia el cogollo. “El centro es más sencillo porque están todas pegadas. El extrarradio es más complicado. Antes, cuando lo hacía a pie, me tiraba una semana malo porque dormía poco y a eso le sumaba la caminata de cada día”. Aún así sigue siendo un desafío. Ángel cuenta que del 18 al 19 de marzo no duerme. La víspera de san José sale por la mañana y no regresa a casa hasta después de la cremà, al día siguiente. Un día y medio sin dormir y sin parar de ver fallas. Una locura.

  • Foto: KIKE TABERNER

El recorrido viene marcado por el calendario. El centro hay que evitarlo cuando cae en fin de semana y tampoco se puede pasar por Ruzafa por la tarde o por la noche porque el barrio está colapsado. Hay que ir jugando con todos esos factores para aprovechar mejor las horas y aprovechar, por ejemplo, que el centro se vacía un poco desde que se llevaron la ‘Nit del Foc’ a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. De una forma u otra, duerme muy poco. Muchos días llega a casa, rendido, a las cuatro o las cinco de la madrugada y a las siete o las ocho, después de un somero descanso, se vuelve a poner en marcha. Ahora ya solo carga con su iPhone y un bocata para no tener que parar a comer. Ya hace dos años que dejó la Canon porque el móvil es más ligero y hace fotografías muy correctas.

Durante esos cuatro días de Fallas no hace nada más que ver fallas. Ángel dice que echa de menos hacer el recorrido con sus padres y su hermano. Pero su ritmo es agotador. No solo por el espacio que tiene que cubrir cada día sino porque él, en una falla de Especial, se tira cerca de una hora. Porque las fotos son la anécdota: lo primordial para él es ver la falla con detenimiento. Así que estos días no ve a los amigos, no ve la Ofrenda, no ve un castillo ni una mascletà, y ni siquiera celebra su cumpleaños. No hay tiempo.

“Ahora soy fallero de la comisión de Blas Gámez-Ángel Villena, cerca del Roig Arena, pero es algo testimonial; estoy por amistad. En Alicante sí que hago vida de comisión. Estoy en una hoguera, Baver-Els Antigons, desde 2014. Allí solo son 90 hogueras, que se ven en día y medio, y por eso puedo hacer otras cosas”, cuenta Ángel, que aclara que tampoco hay tiempo para tener pareja. “No lo entendería”. A cambio, ha colmado su devoción por los artistas y algunos ahora son sus amigos. Su experiencia también le ha permitido hacerse un hueco en la parte creativa y ayuda a desarrollar el guion de la falla y a escribir los carteles. Este año colabora en la falla del Pilar, con Paco Torres; Sueca-Literato Azorín, con Pedro Santaeulalia; Ribera-Convento Santa Clara, con Miguel Santaeulalia; Espartero-Ramón y Cajal, con Zvonimir, y Telefónica infantil, con Javier Álvarez.

Se despide en El Pilar

Desde el año pasado también colabora en la elaboración de los cromos de las Fallas. “Eso empezó en Sevilla con una colección de Semana Santa. Fue un éxito y lo ampliaron a Málaga, Granada, Cádiz… Y el año pasado llegaron también aquí. La colección de las fallas de 2025 la sacaron en diciembre y ha funcionado muy bien”.

No será fácil encontrar a otra persona en València que vea todas fallas, grandes e infantiles, de toda la ciudad. No hay un experto mayor que él en lo que se planta cada año. Ángel anima a la gente a ampliar el recorrido clásico: plaza del Ayuntamiento, Convento Jerusalén, El Pilar y Na Jordana. “Merece la pena la parte de Duque de Gaeta y Trafalgar. Y Músico Gomis. A mí me encanta también perderme por el Carmen. Las fallas son más humildes pero el recorrido tiene su encanto. No tiene precio ver una falla debajo del Portal de Valldigna…”.

  • Foto: KIKE TABERNER

En los últimos años se han puesto de moda las experimentales. Aunque Ángel recuerda que ya existían hace 20 años y que en las últimas ediciones “se han relajado un poco, antes eran más transgresoras”. Al final, la atracción por el premio es demasiado poderosa. Todas las fallas, grandes y pequeñas, tradicionales o experimentales, quieren el ‘palito’, y eso condiciona la obra. “Es complicado hacer cosas que no se han hecho antes. Dar con una idea novedosa es lo que más cuesta. Ahora se mantiene un estilo porque es lo que premia el jurado. Se premia lo que marca la tendencia. Las grandes revoluciones han venido cuando se ha premiado lo diferente o lo rompedor”.

Ángel Romero dedicará este domingo a ver la plantà de varias fallas. El lunes empezará su maratón fallero. El punto de partida, el día 16, siempre es el mismo: Isaac Peral, en el Grao, su barrio. “Después voy barriendo hasta llegar a la Malvarrosa. Ese día, por la plantà, que me acuesto muy tarde, es el día que empiezo más tarde, pero nunca más allá de las 10 o las 11”. El año pasado acabó su recorrido, el día 19 por la noche, en la falla Puebla de Valverde-II República Española. “Me tocó volver adrede porque el día que fui tenían la infantil tapada con una lona. Me marché sin verla pero como acabé una hora antes de la cremà, cogí el patinete y me fui corriendo hasta allá”. Luego se fue a ver la cremà de la falla infantil de Espartero y la grande de la plaza del Pilar, que es donde le gusta ver arder la última falla cada año. Después coge el patinete, se va a casa y cae rendido en la cama después de casi cinco días sin descanso.

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