VALÈNCIA. La sala Luis Garcia Berlanga, en el Edificio Rialto, se queda a oscuras. Una imagen temblorosa, a veces con pequeñas manchas que aparecen y desaparecen, se proyecta sobre la pantalla. Es ‘Moros y Cristianos’, la película de Maximiliano Thous que ahora cumple cien años. Es una película sin sonido y por eso, a un lado de la pantalla, esquinado, Arcadi Valiente se pone las gafas para ver de cerca la partitura que ha colocado bajo una pequeña lamparita con una luz muy tenue, y mientras mira el largometraje, uno de los cinco que dirigió Thous en unos pocos años, por encima de las lentes, empieza a tocar el piano. Este músico se ha especializado en esta tarea y este domingo volverá a hacer lo mismo en Murcia para tocar durante la proyección de ‘Nosferatu’ (1922). Aunque lo más curioso es que a este hombre no le gusta el cine.
Arcadi se niega a decir su edad, pero al final reconoce que si pones su nombre en la IA te saldrá que nació en 1952. El pianista tiene muy buen aspecto y su cabeza mantiene una agilidad envidiable. Mientras espera a que empiece la película aprovecha para contar un chiste. “Esto es una vaca que se está comiendo la cinta de un rollo de película que se ha encontrado en el suelo, y el pastor le suelta: ¿Qué, te gusta, eh? A lo que la cabra responde: Me gustó más el libro”. Arcadi arranca la carcajada y al instante esboza una sonrisa de satisfacción .
No parece nervioso antes de ponerse a tocar durante los 110 minutos que dura el film y mata el tiempo contando su vida, muy celoso de los asuntos más personales, e intercalando bromas que van afinando el perfil de un hombre con humor. Su trayectoria profesional es muy extensa e incluye colaboraciones con conocidos artistas como Yves Montand, aunque todo el rato se irá quitando importancia.

- Foto: EDUARDO MANZANA
Al músico hay que reconducirlo una y otra vez porque se lleva la entrevista por donde quiere y cuando te das cuenta está contando que la protagonista de ‘Moros y Cristianos’, Anita Giner, que interpreta a Dolorcitas, era de Villalonga, cerca de Gandia. “Tuvo una vida muy ajetreada, muy de artista de la época, y cuando llegó la guerra se casó con un militar de las Brigadas Internacionales. Tuvo una vida muy agitada y tuvo que huir, aunque al final volvió y murió en Benialí, en la Vall de Gallinera, que es justo donde toqué yo durante la película hace dos meses; fue una preciosidad porque el frontón estaba lleno de gente”.
La bombilla de Villena
Arcadi, que va vestido con una camisa negra por la que asoma una camiseta interior blanca, cuenta que ha tocado para amenizar más de 600 películas de cine mudo. “La primera vez fue en 1997, hace casi 30 años, que me llamaron de La Filmoteca para preguntarme si me atrevería a hacerlo. Nos reunimos y yo les dije que por supuesto, pero al final de la conversación les digo que tengo que hacerles una confesión porque intento ser honesto: no me gusta el cine. Aún recuerdo las caras de estupefacción de gente para la que el cine lo es todo”.
Pero su profesionalidad está por encima de sus gustos y rápidamente se las ingenió para otorgarle a cada personaje una personalidad que él asociaba a un tipo de música. Arcadi miraba la escena y en su cabeza sonaba algo de Beethoven. Para demostrarlo saca una carpeta, la abre y muestra una partitura en la que, en los márgenes, se pueden ver unas anotaciones con el tiempo de metraje para cambiar y entrar en el momento preciso. “Y aquí llevo también el himno de Palestina, que de vez en cuando lo cuelo en algún acto y ni se enteran…”.

- Foto: EDUARDO MANZANA
Ahora, sin venir a cuento, o quizá porque está hablando del cine de principios del siglo XX, cuenta que su abuelo, Federico Galbis, que nació en 1895 en Biar, contaba que en Villena, en una esquina de una calle, colgaron una bombilla. “Y mi abuelo me explicaba que la gente del pueblo decía: nos vamos a Villena a ver la luz, y cogían y se iban de excursión, que entonces igual les costaba cinco horas llegar dede Biar, a ver la luz eléctrica. Y eso fue en la época en la que nació el cine.”.
La hija de Federico Galbis, Charo, era profesora de piano y fue la persona que introdujo a Arcadi, el mayor de sus cinco hijos, en la música cuando todavía era muy pequeño. “Siempre se dice que a los nenes hay que empujarles para que toquen, pero en mi caso era al revés y era yo quien empujaba a mi madre a enseñarme. Tenía interés y me gustaba. De pequeño era un niño prodigio, ahora soy solamente un prodigio…”.
La familia era de Villena y su padre tenía una pequeña empresa de calzado. Arcadi se marchó de casa a los 18 años para irse a vivir con su abuelo. “Yo no me quería dedicar a la música, en absoluto, pero en 1974 empezaron a pedirme de varios grupos que les acompañara a Benidorm, a Granada, a Madrid… Y me fui liando hasta que dejé de lado la Filología, que era mi vocación. Ese año empecé Magisterio, aunque no lo acabé, para hacer el curso puente. En la IA pone que he escrito 46 libros, pero en realidad no es así. En el Muvim, por ejemplo, he estado traduciendo catálogos. O en la Sindicatura de Comptes”.
‘Si yo fuera presidente’, en TVE
Aunque antes de eso, cuando la familia se fue a vivir a València, Arcadi estudió en los Salesianos. “Primero en la calle Sagunto y después me mandaron tres años a El Campello. Allí estudiaba Humanidades. Y un compañero de Elche, Paco Martínez, que era un año más joven, tocaba en grupos folk y me lio para irme con ellos. Este acabó casándose con Ana María Drack (una cantautora de Elche), una cantatriz de la época que fue la que nos amadrinó. Y así grabamos nuestro primer disco en Madrid. Yo daba clase en Villafranca del Castillo, allí en Las Rozas. Grabamos en la Phillips el disco con el grupo folk que se llamaba Cadafal y, además, acompañaba a Ana María Drack. Me lo pasé muy bien en aquella época. Un día entraba Juan Carlos Calderón y nos pedía si podíamos hacerle unas voces. Otro día estaba Demis Roussos y también le hacía falta algo. Lo pasamos bien”.

- Foto: EDUARDO MANZANA
Aún se acuerda de un concierto que dieron en la plaza de toros de Alicante compartiendo cartel con Raimon y Lluís Llach. Fueron años frenéticos con mucha música y noches inolvidables. Luego regresó a València y en Barro, un mítico local de la época, conoció a Joan Fuster, que le entrevistó para ‘Notes d'un desficiós’, los artículos que redactaba el escritor de Sueca en la revista ‘Qué y Dónde’ durante la Transición. “El 8 de febrero de 1980 fue el día que volví y fui a Barro porque actuaba Joan Vallès. Luego estuve en la Patxinger Z porque me llamó Lluís Miquel y todos los lunes, a las cinco de la mañana, cogíamos el coche y nos íbamos a Madrid para salir en el programa ‘Si yo fuera presidente’ de Fernando García Tola (se emitió en TVE durante dos años, entre 1983 y 1985, y por allí pasaron artistas como Joaquín Sabina, Ana Belén o Joaquín Krahe)”.
Desde entonces siempre ha estado ligado a la música, acompañando a diferentes grupos y artistas. “No he parado y me lo he pasado muy bien en esta vida. Ahora hacemos una cosa muy bonita que se llama Cabaret Canalla. Últimamente colaboramos con el Ayuntamiento en el programa ‘Cultura als barris’. La semana pasada estuvimos en Patraix. Y la anterior, en Malilla. También he trabajado en teatro. He hecho mil cosas. De joven fui bastante juerguista y me lo he pasado genial. Soy un palomo torcaz, un lobo estepario que no se ha casado, ni ha tenido hijos. ¡Qué bien se vive solo! Aunque hay gente que no sabe”.
La anilla que se encontró
Arcadi piensa tocar hasta que se muera. Levanta la tapa del piano cada día y dedica varias horas a practicar. Su perdición es Johann Sebastian Bach. “Soy bachiano. Es el mejor jazzista del mundo. Es obsesivo”. Como no le gusta el cine, ni se ha enterado que han estrenado hace poco una película que cuenta la vida de Frédéric Chopin. “Mi madre era muy chopiniana”, recuerda. El pianista valenciano cuenta ahora que nunca pisó un conservatorio. “La disciplina académica la he tenido con mi madre y con los curas”.
La pregunta de si le gusta ir a conciertos se queda sin respuesta. Arcadi, siempre tan caótico, prefiere empezar a contar que también toca con la Coral de la ONCE. “Ahora acabamos de grabar cuatro temas del próximo disco, que, como es la ONCE, siempre son 11. He acompañado a otras corales. Y el Orfeó Valencià me estrenó ‘Les Veus de la Frontera’ (con letra del dramaturgo Manuel Molins y música suya) en el Palau de la Música. Me hizo mucha ilusión ver en el cartel Hayden, Verdi, Valiente…”.

- Foto: EDUARDO MANZANA
Arcadi, mientras habla, se toca una anilla que lleva en un dedo. Parece una sortija, pero muy fina. “Esta anilla curiosamente me la encontré ese día que volví a València y fui a Barro. Cuando abrí el piano, me vi esta anilla en el si y cogí y me la puse. Y desde entonces lo llevo. Desde el 8 de febrero del 80. ¡Cuarenta y seis años!”.
En un momento dado, Arcadi mira hacia la puerta, y al girar el rostro muestra un cierto parecido con el actor Carmelo Gómez. El pianista dice que muchas veces le han dicho que se parece a Dustin Hoffman cuando era joven. Es posible. Tienen un aire.
Ahora vive en Bonrepòs y allí, en su casa, tiene un piano vertical. Uno de sus instrumentos favoritos es el que le dan cuando actúa en el Palau de la Música. Javier Clemente, el hombre que afina los pianos siempre que hay concierto, le saca siempre uno que está firmado por Vladimir Ashkenazy, un pianista y director de orquesta islandés, de origen ruso. “Ese piano suena muy bien”, apunta Arcadi. En casa practica las obras que tiene que interpretar esa semana. O se entretiene con Bach. Pero alguna vez le han encargado hacer algo de copla y una vecina, enamorada de este arte menor, se lo agradecía. “A mí me van más los preludios de Bach, pero qué le vamos a hacer. La copla no me va nada”.
Arcadi Valiente ha tocado de todo. Si hasta estuvo tocando el piano en un circo con 15 años en Villena. Pero esta semana ha sido el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, una iniciativa de la Unesco, y le han llamado de La Filmoteca para tocar durante la proyección de ‘Moros y Cristianos’ al lado de un cartel original de la película que proviene de la colección de la Imprenta Ortega. Pero ya ha empezado la película, todo está a oscuras y Arcadi Valiente está concentrado en crear el ambiente propicio con sus dedos. Ya no existe nada más alrededor que su piano y la vieja película de 1926.