VALÈNCIA. La tienda de Javier Echaleku es bonita y encima huele bien, a piel buena, suavecita, de la que da gusto acariciar con las yemas de los dedos. Su tienda, en el número 27 de la calle Cuenca, es chocante. La planta baja está llena de guantes de boxeo, botas y cascos protectores. Y en medio, casi como un desafío, un pequeño ring donde los clientes pueden probar el material golpeando un saco de boxeo que cuelga del techo. Javi está feliz allí y es curioso que haya acabado ahí, en una tienda física, él, que fue hace décadas uno de los pioneros del ‘ecommerce’, del comercio electrónico, en España. Pero la vida, como en el pugilismo, a veces te suelta un croché que no ves venir.
Javi, que había despuntado en este deporte de joven, que llegó luchar por el Campeonato de España en el peso superwelter, volvió a ponerse los guantes con la crisis de los 50. Entonces aprovechó para crear una cuenta de Instagram que se llama Echaleku Boxeo. “Se empezó a hacer viral, comencé a fabricar unas vendas para los puños que funcionaron muy bien y eso me animó a crear la marca hace dos años”. Y hace dos meses, en una voltereta que nadie esperaba del adelantado del comercio por internet, la tienda con todos sus productos, esos que están hechos con esa piel que huele tan bien y que es tan suave.
Ahora le da cierto vértigo acordarse de los inicios del ‘ecommerce’. De la intranet que creó dentro de su empresa de calzado para venderle los zapatos a su principal cliente, El Corte Inglés. Luego contactó con una empresa de informática de València con la que montaron su primera tienda para Almendras Llopis, un suministrador de Alicante que quería vender por internet en 1999. Eran los tiempos en los que apenas existían portales, la prehistoria de este negocio. Y ahora, 27 años más tarde, con la IA expandiéndose por todas partes, Javi ha decidido montar una tienda física sin dejar de aprovechar toda su experiencia en este campo y sus amplios conocimientos de marketing.

- Foto: KIKE TABERNER
Siempre le gustó probar otros caminos alternativos. “Lo peor que te puede pasar, qué es, ¿qué no funcione? Pues ya está. Ahora lo estamos experimentando con la IA, para manejar toda la infraestructura de data de la empresa y todos sus procesos internos. Estamos montando un dispositivo por debajo que es bestial”.
El Amstrad 8086 de su padre
Este espíritu emprendedor le viene de su padre, que fue directivo de la CAM y que después de jubilarse, antes de cumplir los 60, empezó con la informática. “Siempre fue un adelantado. Cuando nadie tenía ordenadores personales en casa, y yo ahí tenía 15 años, él se compró uno, un Amstrad 8086. Nadie le creía, pero él tenía claro que los ordenadores iban a ser el futuro. Después, cuando aquí estábamos empezando con el comercio electrónico, él montó una tienda online para vender tubos de escape de un taller que le había montado a mi hermano, y se puso a vender por toda España unos tubos de escape que importaba desde Estados Unidos. Fue un visionario”, recuerda sobre este hombre, Jaime Echaleku, que murió cuando empezó la pandemia.
Javi nunca fue buen estudiante. Su cabeza siempre estaba volando. Tres años le costó superar primero de BUP y por eso acabó internado en el colegio San José de Espinardo, en Murcia, hasta COU. Ahí estaba muy perdido. No sabía qué hacer. Intentó pasar las oposiciones para ser policía local. Se metió a comercial y ahí circuló por muchos empleos. Y en 2002 creó la empresa de calzado. “En 2006, cuando la estábamos cerrando, medio arruinados, hice un curso de alta dirección y un MBA para entender por qué la empresa que había montado se me estaba yendo al carajo. Y ahora, curiosamente, 20 años después, soy profesor de ese máster”.

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Un cliente entra en la tienda con su novia. Busca una de la famosas vendas protectoras de Echaleku. Javi lo atiende, se la enrolla en los puños y lo deja soltando mamporros contra el saco dentro del cuadrilátero. Él se aficionó con 17 años porque su abuelo Eduardo era un forofo en la época de Perico Fernández, Pepe Legrá, Pedro Carrasco, Urtain… “Yo recuerdo estar en el chalet de mis padres, muy nanos, muy nanos, y mi abuelo anunciar a voces: ‘¡Que ponen boxeo!’. Y mi hermano y yo íbamos a verlo con él. Luego, lo típico, de niños poníamos cuatro sillas en el salón, montábamos un ring y empezábamos a pegarnos con cojines en las manos”. Después, de los 17 a los 25, se dedicó medio en serio y llegó a ser subcampeón de la Comunitat Valenciana.
La IA y un tallercito en México
A los 25 este superligero se lo dejó. Luego volvió a los 40 y a los 50. Dejarlo, depresión, regresar entre las cuerdas para reencontrarse, para volver a hacerse fuerte. Un proceso recurrente en su vida. El último regreso le llevó a montar la marca de productos premium de boxeo y a abrir la tienda porque pensó que este tipo de material la gente lo tiene que probar. La IA ya ha detectado dónde están todos los gimnasios de España y los lugares estratégicos dónde tendría que abrir sus próximos locales de Echaleku Boxeo. “Mi socio dice que he vuelto a la venta ambulante”, se ríe. Primero metió sus ahorros y luego, como viene del mundo startup, buscó inversores para ampliar el negocio. Al principio metió un ‘showroom’ en su agencia, pero se les estaba comiendo y al final se decidió a abrir este comercio. “Y tengo la suerte de que entra el primer inversor, que es José Antonio Sevilla, el fundador de Altafit, que puso 100.000 euros a cambio de un 6% de la empresa, y luego entraron otros. Al mismo tiempo monté un equipo con gente de marketing, de diseño e interiorismo y con todo eso montamos la tienda y las ventas han empezado a crecer llamativamente. Con los conocimientos que tenemos de data, de marketing, de informática, gestión de proyectos y la IA, somos capaces de monopolizar esa audiencia”.
La última tecnología al servicio de una empresa artesana que fabrica guantes a mano con una piel que seleccionó Javi en México, una de las grandes potencias mundiales del boxeo. También fabrican en Sialkot, una ciudad de Punjab, en Pakistán. “Allí hay miles de fabricantes de material deportivo, sobre todo orientado al boxeo o a los deportes de contacto”. La materia prima para sus productos la buscó en México por su gran relación con el boxeo y allí acabó conociendo a Raúl. “Este hombre tenía un pequeño taller en un pueblín cerca de la ciudad de León de los Aldama, en el Estado de Guanajuato, en el bajo de la casa de su madre. Es un lugar con mucho narcotráfico. Nos caímos muy bien enseguida, nos pusimos a hacer cosas y sacamos el primer guante verde, que le encantó a la gente”.

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Tantos pedidos le hacían a este pequeño productor que acabó montando una fábrica para atender toda la demanda. Javi le compra la piel y luego hace sus productos en Pakistán o en otros lugares, como con las botas, 100% de cuero y suela Vibram, de horma ancha, que las fabrica una empresa de calzado de Almansa. “Es todo artesanal y muy cuidado. Todos los productos personalizados, que los hacemos si el cliente quiere, los hacemos en México, a donde fui en otro viaje con Sergio ‘Maravilla’ Martínez (campeón del mundo y estrella del boxeo durante la década pasada)”.
Sus guantes valen desde 99 euros hasta más de 200. Los personalizados, a gusto del cliente caprichoso, pueden superar los 300 o los 400 euros. “Cubrimos todo el espectro”, presume Javi Echeleku mientras muestra su comercio lleno de fotografías, carteles, libros, un guante Everlast firmado por ‘Maravilla’ Martínez, y hasta un rincón dedicado a sus antepasados. Porque Javi se interesó por conocer las raíces de su familia y elevó su árbol genealógico hasta 1640. Su hijo Neo, que a días le gusta el boxeo y a días lo odia, es el siguiente eslabón de los Echaleku.