València

EL CALLEJERO

Javi, el hombre que ganaría un Trivial sobre las Fallas

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Javi Mozas se sienta como un niño bueno, con las manos en las rodillas. La entrevista transcurre en una sala del Museo Fallero, al lado del viejo cauce, en una sala llena de carteles de Fallas de los años 30, justo antes del parón que hubo, por la Guerra Civil, en 1937, 1938 y 1939. “Durante esos años la economía de las comisiones se usó para ayudar en la guerra”, cuenta este archivero con un vasto conocimiento de la fiesta de València por excelencia. Es el primer dato de muchos que irá deslizando. Aunque este experto asegura que no siempre fue así, que antes, en los siglos XVIII y XIX, las Fallas eran un festejo que se hacía el 18 de marzo, con la quema de los trastos viejos, y que el 19 se reservaba para la celebración religiosa. Y que entonces, en aquellas décadas, las fiestas importantes eran el Carnaval y el Corpus.

Los carteles están dominados por los colores calientes, el naranja y el amarillo, llamas enormes y la presencia casi ineludible del Miguelete para identificar la ciudad. El museo tiene su gracia, con los ninots indultados, los retratos de todas las Falleras Mayores y hasta unas vitrinas con insignias. A Javi le encanta hablar de todo porque de todo sabe, y cuenta que los primeros ninots estaban hechos con ropa de verdad y que lo que sobresalía, fundamentalmente la cabeza y las manos, se hacían con cera.

Javi Mozas tiene 51 años y se ha dedicado durante tres décadas a estudiar la historia de las Fallas. Su relación personal se ceñía a sus tiempos de fallero entre los 12 y los 14 años en la comisión de Ramiro de Maeztu-Humanista Furió. “Cuando nos cambiamos de casa, en la plaza que había detrás de de la calle donde viven mis padres, había un taller, un taller del artista fallero José Manuel Alares Sales, que falleció el año pasado. Entonces íbamos a jugar a esa plaza y veía que ahí se hacía algo. Ahí me aficioné y pasaba todas las tardes a saludar, y poco a poco me fue enseñando cómo se hacían las fallas infantiles y me fue metiendo en la fiesta”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Luego dejó su falla en 1989 y no volvió a otra hasta 2005. Cuando empezó la carrera de Historia se aficionó a buscar datos e informaciones porque ya tenía claro que quería ser archivero. Le gustaban los papeles. “Mi ilusión era entrar en Junta Central Fallera y aplicar allí mis conocimientos. Pero necesitas ser fallero y por eso me volví a apuntar ya de adulto”. Por el camino se dedicó a otros asuntos, como publicar libros de la historia de València o hacer árboles genealógicos. “Ahora tengo como una doble vida: a nivel genealógico publico historias de apellidos, pero sobre todo me dedico a la investigación de la historia de las Fallas”.

El origen incierto

La influencia de Alares se notó en sus inicios, cuando se enfocó a estudiar la historia de las comisiones y, sobre todo, de los artistas falleros. La documentación que se generaba cuando una comisión cumplía 25 o 50 años es muy valiosa para sacar información de aquellos años. Y ahí mete las narices Javi, con una docena de premios por sus descubrimientos, para extraer datos desconocidos hasta ahora. “Hasta el año 1950 o por ahí las comisiones no guardan nada porque no tenían casales, y por eso se ha perdido todo. Yo he hecho recopilación del 90% de todo lo que existe desde el siglo XVIII hasta ahora”. Su otra obsesión son los antiguos artistas falleros. Pero siempre teniendo en cuenta que las Fallas empezaron como un festejo menor. “Era una festa de carrer poco importante, que no salía en las noticias ni nada. Por eso es muy complicado encontrar datos”.

El arca perdida del mundo fallero es encontrar una pista que permita averiguar cuándo se pasó de hacer una montaña con los restos de los carpinteros y los trastos viejos del vecindario a poner figuras humanas para coronar esa montaña de madera. “No hay un documento original que determine que las Fallas nacen en un momento concreto. Esto viene de una cosa pagana de antes de los romanos que se hacían hogueras en los cambios de solsticios y equinoccios. Los romanos cristianizan esa fiesta pagana y nace san José en marzo, san Juan en junio, san Miguel en septiembre, y luego ya la Nochebuena y la Navidad. En València quedó la hoguera de san José  y a alguien se le ocurrió poner un ninot ahí para criticar a alguien y quemarlo. La primera falla datada que se conoce se plantó en 1777 en la calle de San Narcís, que actualmente es la calle del Salvador. Esa es la primera referencia que se tiene, pero hay anteriores seguro”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Aquella falla no era el monumento que en unos días brotará en cada esquina, era un catafalco de unos dos metros de altura. Dentro se metían todos los trastos viejos de la ‘estoreta’ y una traca para prender el fuego, y encima se ponían los ninots. “Aquello evolucionó porque a mediados del siglo XIX empezaron a darse unos premios a las fallas más artísticas. Eso fue el inicio de lo que conocemos ahora con los artistas falleros”.

Un amigo genealogista de Javi, hace un par de años, se encontró un documento y le llamó para preguntarle si era importante. “Y claro que lo era: adelantaba bastantes años el primer documento que hablaba sobre una falla. Él fue al Archivo del Reino y encontró un protocolo notarial donde el padre de cinco falleros pagaba por sacar a sus hijos y a otros tres falleros de San Narcís porque le habían pegado una paliza a alguien que había destrozado la falla porque se había tropezado. Seguro que hay más documentos y luego ya vino la prensa. Y a eso me dedico yo, a buscar información que permita datar la fiesta de las Fallas”.

Su mayor descubrimiento

El hallazgo que más ilusión le ha hecho a Javi ha sido encontrar una noticia del diario ‘El Cid’ de 1849. “Todos los eruditos y los historiadores se referían a la primera noticia que hablaba de las Fallas y las describía. La noticia de 1850 sí era conocida porque hablaba de que la falla de la plaza de Calatrava -hoy del Negrito- era la más grande y la más importante, Pero en el año 49 nadie había encontrado nada. Solo se habían transcrito los dos primeros párrafos de una noticia que hablaba del buen ambiente y así. Pero nada más. A mí me extrañaba, así que me fui a buscar el ejemplar del diario ‘El Cid’ que había en Madrid y ahí encontré toda la descripción de todas las fallas, una a una, los nombres de esas siete comisiones y confirmaba que la falla de Calatrava también se había plantado en 1949, así como otra falla, la de la plaza de Santa Cruz, que se pensaba que había empezado en 1952 y que ya estaba en 1949. Y también localicé la primera falla de las que se plantan en la actualidad. Lo localizamos y datamos en 1820. Me junté con dos investigadores para intentar datar la historia”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Ese segundo descubrimiento les permitió averiguar que el dueño del Café El Sol, que era el café más importante de la ciudad en ese momento, plantó en 1820 una falla delante, en la plaza de San Catalina con la plaza de la Reina, en la que criticaba a Fernando VII poniéndolo boca abajo. Una decisión que le costó ingresar en la cárcel de san Narciso. “Ese primer presidente de falla conocido, que era italiano, lo metieron en la cárcel y el hombre gritaba en su celda, en italiano, que la maldita falla le había perdido”.

Además de descubrimientos, también hay frustraciones. Informaciones que se resisten. “Tengo una espinita clavada porque estoy convencido de que existe la documentación con todos los bocetos desde 1850 a 1887. Sabemos que existe porque la prensa habla de que las comisiones tienen que presentar una solicitud con un boceto de la falla de un artista. Solo se conserva desde 1888, pero la anterior no se encuentra y yo voy tras ella. Mi otra obsesión es conocer el nombre de los artistas falleros del siglo XIX porque la mayoría no se conocen. Antes de 1850 sí que ya no espero encontrar nada. Antes se plantaban y se quemaban el 18. No se queman el día 19 hasta 1892”. 

Javi es miembro de la Asociació d’Estudis Fallers y, además, es el delegado de archivo y biblioteca de Junta Central Fallera (JCF). Como investigador, le encanta que le propongan retos. Desafíos como el que le propuso la comisión de Borrull-Túria, que defendía que ellos tuvieron el primer casal de València. “Antiguamente las fallas las montaban los comerciantes y por eso se reunían en la botiga o en la bodegueta. Hasta mediados del siglo pasado no existían los casales. En el centenario de esta falla fui a la hemeroteca y, efectivamente, encontré la noticia en un periódico de 1951 que decía que era el primera ‘casalet’ de una comisión fallera”.

El inicio de la Ofrenda

Otra falla, Pie de la Cruz-Don Juan de Villarrasa, también acudió en busca de sus habilidades porque la tradición decía que ellos habían inventado, en los años 50, el traje de fallero. Sí, el conocido popularmente como el de cucaracha. “Yo averigüé que empiezan a utilizar ese traje en el año 56 o 57, aunque no tienen documentación, pero sí que estaba documentado y escrito porque se hizo un congreso fallero del año 52 y ahí se comenta que se ha creado un traje, que no lo utilizan en JCF hasta el año 54, y esta falla fue la primera en alquilarlo y usarlo. Así que ellos no lo crearon, pero sí fueron los primeros, la primera falla en ponérselo”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Otra de las grandes preguntas que se hace el mundo fallero es dónde está el origen de la Ofrenda. “Hay una falla en València (San Vicente-Periodista Azzati) que empezó a hacer una ofrenda floral en 1942. Hasta hace no mucho aún vivía la Fallera Mayor, que defendía haber creado la Ofrenda. Pero otras fallas me dijeron que no fue solo una ocurrencia de esa falla sino que otras también lo hicieron y llevaron flores a la Basílica. Yo lo que he hecho ha sido documentar más ofrendas particulares desde los años 30. En 1945, en vista de que cada vez había más fallas que hacían eso, JCF, y en concreto Leopoldo Aguirre, un poeta del Grao, presenta la idea para crear el acto. Se aprobó y a partir de ese año empieza la Ofrenda como hoy se conoce”.

El ‘cadafal’ donde se colocan de manera organizada los ramos de flores no se instauró hasta 1987. Y el dibujo que forman los ramos, hasta 1991. Hace relativamente poco. Antes se hacía de otra forma. Las comisiones llegaban a la plaza de la Virgen y depositaban las flores en la Basílica. Luego colocaron dos tapices en la pared, y, al final, se hizo un tapiz central donde se dibujaba una imagen. Así es como se sacó la ofrenda de la Basílica. Y en 1987 un artista fallero ya fabricó el cadafal con la cara de la Geperudeta y la estructura de madera. 

  • Foto: KIKE TABERNER

La mayor aberración de la Fallas, según Javi Mozas, es que la fiesta se está “volcando hacia la noche” y casi han desaparecido la ‘despertà’ y los pasacalles. “Está la dicotomía entre falleros y festeros. Se descuida la falla que se planta y se potencia la fiesta. Hay pocos falleros que dan la vuelta a su propia falla…”. Javi no para de dar datos y cuando se le nombran las carpas recuerdas que estas, en realidad, empezaron en 1951. “Son los paradores que montaban las fallas con más dinero y obviamente no eran de plástico como ahora. En esos paradores se contrataban a destacados artistas nacionales y hasta internacionales que actuaban por la noche, gente como Julio Iglesias, Nino Bravo, Los Brincos…”.

A Javi no solo le gusta investigar. Ahora que llegan las Fallas, cuenta que nunca perdona la plantà ni la cremà. Y entra una y otra, mantendrá la costumbre de visitar cada día con un grupo de amigos un barrio para ver sus fallas. Al frente de ese grupo, Javi, el experto que todo lo sabe.

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