Joanma, un cazador de eclipses valenciano

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Joanma Bullón está emocionado. Apenas quedan dos semanas para ver el eclipse total. El primero que recorrerá una franja de España en 120 años. Es decir, no queda nadie que haya visto uno en nuestro país. Joanma, un valenciano que trabaja como técnico forestal en Aras de los Olmos, en la comarca de Los Serranos, a casi mil metros de altitud, va descontando los días. El miércoles 12 estará en Palencia para contemplar este fenómeno astronómico que movilizará a más de un millón de personas. No será el primero para él. Joanma ya lleva siete y se considera todo un cazador de eclipses.

A sus 63 años ya va a ser difícil que alcance a Paul D. Maley, un neoyorquino de 79 años que lleva 89 eclipses y que en España llegará a los 90. O Josep Masalles, un barcelonés, el mayor cazador de eclipses de nuestro país, que suma ya 43. Joanma es feliz con los siete que ha podido admirar en México (1991), Bolivia (1992), Marruecos (1994), Hungría (1999), España (2005), Turquía (2006) y Argentina (2019). Aquí, en València, vio el eclipse anular que hubo en 2005. 

Siempre le atrajeron los astros y la naturaleza. Desde que era un niño y le gustaba contemplar el cielo en las noches despejadas y limpias. A mitad camino entre València y Aras de los Olmos, donde vive desde hace 38 años, en un pueblo llamado Losa del Obispo, dio sus primeros pasos relacionados con la astronomía. “Nadie me enseñó. A mí simplemente me gustaba mirar al cielo. Soy de la generación de los primeros viajes al espacio y eso me marcó”. Luego fue adquiriendo más conocimiento y eso le llevó a escrutar el cielo con más método.

Poco a poco se fue enamorando del sol. “Siempre me ha gustado seguirlo, sus manchas, la cara visible, cómo va cambiando… Y en 1991 surgió la posibilidad de ver el eclipse y me embarqué para verlo en México, en Mazatlán, pegado al Pacífico. Fue el eclipse de sol total más largo del siglo XX. Duró casi siete minutos. Fue una experiencia increíble”, rememora Joanma. Allí conoció a Masalles, el principal cazador de eclipses de España, y después subió a la segunda montaña más alta de México, el Popocatépetl (5.413 metros). “Esa es la clave de ese tipo de viajes, juntar el eclipse con el turismo y la naturaleza”, apunta.

El miedo a las nubes

Cada eclipse trae consigo expectativas e incertidumbres. “Siempre estás con el miedo de si se nublará, se despejará, si nos afectará el humo de los incendios… Nosotros vamos a observarlo en Palencia, en un pueblo que se llama Marcilla de Campos, en una zona con un horizonte llano, sin obstáculos. Confío en que lo veremos muy bien. De hecho, hemos organizado un congreso internacional al que vendrá gente de toda Europa”. Será el sexto eclipse total que admira. “El último fue en Argentina, en 2019, en San Juan. En una localidad que se llama Valdeluz. Una maravilla porque salió despejado. Pero todos son espectaculares porque en mitad del día se hace de noche y de repente ocurren una de serie de fenómenos que pasan volando. Y cuando pasa, dices: Ostras, ¿ya?”.

¿Y qué hace un cazador de eclipses durante un eclipse? Joanma cuenta que él aprovecha para hacer fotografías con varias cámaras y diferentes objetivos a diferentes velocidades. Uno de los momentos más emocionantes es cuando la Luna tapa por completo al Sol, que es 400 veces más grande pero que está 400 veces más lejos, y eso permite que la Luna se interponga entre el Sol y la Tierra. “Cuando el Sol está tapado por completo puedes ver la corona que lo rodea, las llamaradas que salen del disco solar y, por supuesto, el disco opaco de la Luna, que es el que lo tapa y permite que se puedan ver las protuberancias de la corona”.

La corona, sigue contando Joanma, la descubrió un astrónomo guipuzcoano a principios del siglo XIX. Aquel hombre que fue navegante, cartógrafo y matemático viajó a Cuba en 1803 y al Estado de Nueva York en 1806 para ver sendos eclipses solares que le permitieron observar el anillo brillante que se general en un eclipse total y acuñar la palabra ‘Corona’. “Y hoy en día, en el mundo anglosajón, se usa la palabra corona, y no crown, para referirse al anillo solar”.

La experiencia de Joanma en este tipo de fenómenos astronómicos le sirve para dar un consejo: olvidarse del móvil y, en cierto modo, del sol. “Es más interesante comprobar cómo todo va cambiando a tu alrededor. Mirar el sol está bien, pero no tiene mucho sentido cuando lo que te rodea es lo que realmente experimenta la oscuridad. Los animales se van a descansar ante la falsa noche, aunque esta vez casi será de noche porque ocurrirá a las ocho y media de la tarde. El sol estará muy bajito y en media hora ya será de noche de verdad”.

“Es algo irrepetible”

Este experto ya tiene estudiado que en nuestra comunidad, Olocau del Rey, en Castellón, en la comarca de Els Ports, será uno de los mejores lugares para verlo. “Allí durará un minuto y 45 segundos. El límite de la franja estará en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), al norte, y Cullera, al sur. A él, como a todos, también le ocurre que sus amigos se dividen entre los que están entusiasmados y los que no entienden tanta emoción por menos de dos minutos de experiencia. “Mi abuelo, cuando veía el fútbol, siempre decía: ‘Pilota para allá, pilota para acá’ Pero esto, a diferencia del fútbol, es algo natural; no es algo que hemos inventado nosotros. Esto es algo irrepetible en la vida, salvo que viajes por el mundo para ver otro. El año que viene habrá otro, pero nos pilla ya de refilón por el sur de la península. Yo iré a verlo en Argelia. Ahí durará cuatro minutos. En Egipto, más aún. Se podrá ver desde las pirámides. Yo cogeré el ferry en València e iré en barco hasta Argel”.

Aunque Joanma recuerda que hay un consejo más importante que los que ha dado: ser puntual. “Hay que tener elegido el sitio de antemano y hay que estar allí antes de que empiece. No puedes exponerte a perdértelo por verte metido en un atasco, que es algo que puede suceder ese día. Luego solo te queda disfrutar. Al principio verás que la Luna muerde el Sol. Poco a poco irá avanzando y avanzando, y verás que llega un momento en el que lo cubre del todo y entonces, y solo entonces, te puedes quitar las gafas protectoras. Al mismo tiempo vas viendo que la luz se vuelve mortecina, como cuando hay un incendio forestal, y se filtrará por las nubes. Entonces ves algo parecido a unas sombras volantes, es la proyección de las luces y las sombras sobre nosotros justo antes de llegar la sombra definitiva de la Luna cuando cubre por completo al Sol”.

No siempre sale todo perfecto. En México alternaron nubles y claros, y hasta les llovió. “Pero lo que es inevitable es que de repente se haga de noche y luego de día otra vez. Es como si te tiraran a un pozo oscuro. Otra vez, en Turquía, con mi mujer y mi hijo, se hizo de noche y al lado apareció el planeta Venus. Cada eclipse es diferente y una oportunidad para conocer otro lugar. El día 12 van a venir a España un montón de personas de Portugal, Francia, Inglaterra Suiza, Bélgica, Alemania…”.

Joanma se deja llevar por la emoción. Desde agosto de 1905 que no se veía un eclipse total de sol en España. El técnico forestal cuenta que en aquella época ya había mucho conocimiento sobre los eclipses y que también se podían anticipar. “Es más, cada eclipse propició que en algunos lugares de España se abriera un centro de observación. El observatorio del Ebro, en Tortosa, en Tarragona, se fundó a raíz del eclipse de 1905. No había tanta información como ahora, pero la gente usaba cristales ahumados y podía verlo igual. Pero nunca hay que menospreciar el poder del sol. Hay que tomar todas las precauciones posibles”.

Joanma apenas puede contener la excitación por el eclipse del día 12. Y por el del año que viene en Argelia. Y ya ha visto también que en 2028 habrá otro eclipse total en Australia. “Pero este será a la puerta de casa y eso hay que aprovecharlo…”.

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