Juan Alberto, el maestro de boxeadores que dejó atrás una Cuba decadente

València

EL CALLEJERO
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Juan Alberto Hernández está al fondo del gimnasio con un alumno. El hombre, que tiene 65 años y ha manejado a decenas de boxeadores a lo largo de una vida errante, coge al joven de las muñecas y le va corrigiendo el ángulo en que debe colocar los brazos. El maestro vigila el giro de cintura, el movimiento de los pies, los puños que salen como una catapulta y regresan raudos a la posición defensiva. Entonces le agarra de los puños y, frente al espejo, para que entienda y se le grave en la cabeza, vuelve a hacerle otra indicación. Los chicos hacen guantes en una planta baja cerrada, sin ventilación ni ventanales, y un aire agrio, de sudor, invade toda la sala. Es un lugar modesto, pero auténtico, que es como las películas nos han enseñado que debe ser un santuario del boxeo.

El profesor viste completamente de negro. Las zapatillas, los pantalones, la camiseta y hasta la gorra. Todo negro. Menos su alma, que parece libre después de haber vivido en lugares como Cuba, donde nació, la antigua Unión Soviética, Estados Unidos, Canadá, México y, desde 2022, España, donde se ha establecido con su mujer y su hijo, de 25 años, en La Torre. Ellos tampoco escaparon del horror de la Dana hace dos años. “Buf, eso fue tremendo”.

Juan Alberto tiene la nacionalidad española porque su madre era de La Coruña y su abuelo, de Barcelona. El abuelo emigró a Cuba para convertirse en un terrateniente que hizo fortuna con el cultivo de la caña de azúcar hasta que llegó la revolución y le quitaron las tierras. El nieto del emigrante nació en Florida, en el centro de la isla, aunque más adelante la familia -sus padres y los cuatros hermanos- se mudó a la bella ciudad de Camagüey.

  • Foto: KIKE TABERNER

De niño se dedicó a la natación porque dice que una persona debe dominar las dos modalidades que le pueden salvar la vida: correr y nadar. Y la segunda, en una isla, es imprescindible. A los 11 años empezó a practicar también el judo. “Y después ya entré en la escuela de deporte para ser profesor de educación física. Ahí logré ser el mejor estudiante de la escuela y me mandaron a estudiar a la Unión Soviética”.

Varios años en Moscú

Aquel joven que jamás se había subido a un avión, cruzó el Atlántico y luego, de punta a punta, toda Europa. Antes aprendió a hablar el ruso, aunque luego, una vez en Moscú, se dio cuenta de que el idioma que hablaban allí tenía algunas variaciones que le tocó aprender a la carrera. Juan Alberto llegó en 1978 a un país que tenía a Leonid Brezhnev como presidente del Soviet. La ciudad se preparaba para los Juegos Olímpicos de 1980 y aquel cubano se encontró una ciudad efervescente. No tardó en adaptarse a la Universidad Central de Deporte de Moscú, donde se especializó en modalidades de combate.

Juan Alberto se convirtió en un experto en lucha sambo, un acrónimo de varias palabras que en ruso significan defensa personal sin armas. Aunque también aprendió mucho sobre boxeo. “Entonces participé en cuatro Juegos Europeos y logré cuatro medallas de bronce. Y después ya me gradué”. El luchador no pudo deleitarse con los grandes púgiles cubanos en los Juegos de Moscú, donde lograron seis medallas de oro, incluido el título olímpico de su gran ídolo, Teófilo Stevenson, porque durante cuatro meses querían liberar la residencia donde vivía y por eso los mandaron al Mar Negro, al sur de la Unión Soviética.

  • Foto: KIKE TABERNER

En la Unión Soviética de Brezhnev conoció también a su futura mujer, otra cubana, antigua gimnasta, becada para estudiar en Moscú en la misma universidad, y a un hombre que después sería providencial en su vida, Alejandro de la Torre, que años después se convirtió en el presidente de la federación cubana de boxeo. En cuanto se licenció, regresó al Caribe e inmediatamente viajó como entrenador a los Juegos Panamericanos que se celebraron en 1983 en agosto de 1983 en Caracas (Venezuela), donde su país conquistó cinco medallas de oro en lucha sambo.

Después le llamó su amigo De la Torre y le propuso ser el presidente de la provincia de Matanzas, de donde había salido otro campeón olímpico en Moscú, Andrés Aldama, un púgil que en los anteriores Juegos, en Montreal, cayó en la final de los superligeros ante el mítico Sugar Ray Leonard. Juan Alberto siguió allí muchos años, puliendo a boxeadores que luego llegaron a ser campeones de los Juegos Panamericanos.

Hasta que en 2006, al ver que no le gustaba la deriva que estaba tomando Cuba, viendo cómo la isla se iba marchitando, decidió aprovechar su pasaporte español para mudarse a Teruel, donde vivían unos sobrinos suyos y donde se convirtió en el primer entrenador de boxeo de esta pequeña ciudad de 36.000 habitantes. “Pero entonces me llamó mi amigo Alejandro de la Torre, que es como mi hermano, y me dijo que estaba en Estados Unidos con Don King -el promotor de boxeo más famoso que ha existido y que montó las veladas más sonadas de Muhammad Ali, Mike Tyson o Evander Holyfield- y que habían organizado una pelea en Berlín para un púgil llamado Daniel Santos. Me contó que quería que estuviera en la esquina con él. Entonces viajé hasta Berlín, montamos un campamento durante 21 días y después disputó el combate, que perdió contra el alemán”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Su gran amigo logró convencerle entonces para que se fuera con él a Fort Lauderdale, en la costa este del Estado de Florida. “Allí entrenábamos en un gimnasio, pero a mí mujer la contrataron en México, en Puebla, y entonces, tras un breve paso por Quebec, en Canadá, regresé a Cuba”.

Les golpeó la Dana

Un joven interrumpe la conversación. Es un chico irlandés que intenta comunicarse, sin éxito, en inglés con Juan Alberto. El entrenador le dice que no habla la lengua de Shakespeare y se pone a hablarle en ruso. Este boxeador pelirrojo se queda perplejo, pero entonces coge el móvil y usa el traductor para comunicarse con el cubano. Dice que tiene un combate importante dentro de seis semanas y que necesita un lugar en València donde entrenarse. El maestro no consigue averiguar cómo ha llegado hasta el Club de Boxeo Élite Valencia, en el pasaje de Ventura Feliu. El chico al final entra y atraviesa esta primera estancia de paredes blancas a la que hace tiempo que no le pasan una mano de pintura. Allí hay un perchero y encima, una bandera de España doblada. En el suelo hay un tatami hecho con piezas de colores. En una pared hay combas y guantes para entrenar. Y en el otro lado, cuatro espejos donde verse mientras pelean. En una esquina hay apoyado un saco lleno de remiendos.

El irlandés se adentra en el gimnasio y Juan Alberto Hernández retoma la charla para explicar que en 2022, al ver que Cuba se iba a pique, la familia decidió venirse a vivir a España. Su hijo, que entonces tenía 21 años, miró los posibles destinos y al final se decantó por València por el clima y la proximidad del mar. El 28 de julio de 2022 llegaron a su nuevo hogar. “Cuando llegué empecé a buscar para abrir mi propio gimnasio. Al principio trabajé en uno de Burjassot y luego acabé en este, que es de Adrián Gómez.

  • Foto: KIKE TABERNER

Un día, al volver de Burjassot, no le dejaron cruzar el puente hasta La Torre. No tardó en ver desde lejos el torrente de agua que arrastraba coches, cañas y el pánico. Él y su hijo se quedaron al otro lado del rio, mientras su mujer y su hermano, que estaban en la casa, en una planta baja arrasada por el agua, fueron acogidos en un cuarto piso de una vecina que los socorrió.

Ahora, sentado en una silla de un gimnasio que por la mañana está tranquilo, donde el joven irlandés se esta colocando ya unas vendas en los puños, Juan Alberto asegura que de todos los países donde ha vivido, España es el que más le gusta. Suena un poco a formalidad. Entonces recibe una pregunta de cómo era Cuba cuando él era joven y ahora sus ojos, detrás de unas gafas de pasta, brillan al recordar a aquel niño de Camagüey. “Entonces Cuba era un lugar maravilloso. Ahora da lástima verlo sin electricidad, sin alimentos, sin medicamentos… Yo ahora vivo prestando mucha atención a los que está pasando allí y es una lástima ver en qué han convertido un lugar tan maravilloso como Cuba”.

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