Sarah Kate tiene un escuadrón de guías turísticos

València

EL CALLEJERO
1 / 11
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Sarah llega a la plaza de la Reina seguida por un par de clientes que están en València por los Gay Games. Por la mañana han ido a Requena, guiados por esta pequeña mujer pelirroja, y a mitad tarde han regresado para tener tiempo de descansar, asearse y lanzarse a por una de estas noches locas que han traído los Gay Games esta semana. Sarah Kate Redding, estadounidense, proviene de Maine, un Estado pegado a Canadá, a Quebec, famoso por sus grandes bosques y su marisco. La plaza, como cada tarde de julio, está repleta de transeúntes y esta guía profesional va con un poco de prisa porque aún tiene que pasar por una planta baja que tiene en Benimaclet para coger un par de botellas de cava y llevárselas a otro guía, empleado suyo, que va a llevar a unos turistas a ver la puesta de sol en la Albufera.

Esta mujer tan locuaz nació en Clinton, que es un condado que produce gran parte de la leche que se consume en Maine y donde casi hay más vacas que personas. “Mi madre todavía tiene una granja. Allí las granjas son enormes y es muy rural y muy típico americano con camionetas pick-up con rifles. Pero cuando yo tenía cinco años fuimos de vacaciones a la República Dominicana, mi madre se enamoró del país y nos compramos una casa. Así que desde los siete años me criaron entre Maine y la República Dominicana, donde era la única chica de piel blanca”.

Sus padres eran psicólogos y profesores en la universidad. “Mi madre empezó a llevar grupos de mujeres a hacer terapia tipo new age de los años 80 con tambores y las tetas al aire, y yo siempre iba con mi madre. Pero no estábamos siempre allí. Viajábamos mucho. En Maine jugábamos en la carretera porque no pasaba nadie. Ahora ya no es así. En mi zona siempre ha habido zorros, ciervos, erizos, alces… Y allí están las dos granjas de leche más grande del Estado. En invierno hace mucho frío y llegamos a 20º o 30º bajo cero”.

  • Sarah Kate Redding. -

A los 15 años ya se partía entre la República Dominicana y Maine. Seis meses en el norte y seis en el Caribe. Luego, a los 18, fue a Bates College, en su Estado, a estudiar Filosofía. Aunque ella siempre vivió obsesionada con Europa, quizá influenciada por la educación que recibió de sus padres, que eran dos bohemios, dos jipis que celebraban el solsticio de invierno. Su padre murió hace poco más de un año, pero su madre, que tiene 85 años, se mantiene activa y va a verla una o dos veces al año. No siempre puede viajar la familia entera porque tienen tres hijos y es mucho gasto. Mientras tanto también ha echado raíces en València y en El Puig, donde vive. “También me gusta mi familia valenciana y reunirnos a comer la paella los domingos”, apunta.

Siempre le gustó viajar. Estuvo en China aprendiendo el idioma, luego estuvo en Alemania, y en Irlanda. En 1999, con 22 años, aterrizó en España para pasar unos meses. Madrid no le gustó. Le faltaba el mar. Un día cogió un mapa de la Península Ibérica y tomó una decisión casi al azar. “Podría haber elegido Lisboa, que también sé un poco de portugués, Málaga, Bilbao… Y un día que había bebido un poco de cerveza me decidí por un pueblo que nunca había escuchado: Sagunto. Tenía el mar muy cerca y un castillo, que es algo que me flipa porque nosotros no tenemos tanta historia. También descubrí que toda la gente de mi edad vivía todavía con sus padres. Decidí volver a Madrid y antes de coger el tren pasé la noche en un hostal de Ruzafa, que entonces era un barrio un poco chungo. Al día siguiente me enamoré de Regne de València, con esas palmeras y esos edificios. Primero me enamoré de València y luego de mi marido. Un día conocí a una monja que se llamaba Paquita y que me presentó a unos jóvenes de Burjassot. Me di cinco días para encontrar trabajo o casa. No logré nada, pero al final encontré un artista que me alquiló un piso. Él fumaba Ducados y entonces yo también empecé a fumar Ducados”.

  • Sarah Kate Redding. -

Aquellas semanas las dedicó a vivir la vida y a conocer gente nueva. Un año después estaba trabajando en Finnegans, después en Gambrinus, al lado, donde conoció a Vicent, su futuro marido. “Yo tenía 23 años y él 24 y seguía viviendo con sus padres. Hasta entonces…”. Sarah Kate cayó en una familia muy tradicional, todo lo contrario que la suya, pero con el tiempo también ha aprendido a entenderla y ahora, a sus 49 años, hasta siente cierta devoción por la Geperudeta. Pero no a la manera de los cristianos, sino de otra forma. “Para mí, la siento como una diosa pagana”. Eso lo entendió el día que llevó a unos turistas estadounidenses, del sur del país, que era baptistas, muy religiosos. Y ninguno de ellos podía entender que la figura de una mujer, la Virgen de los Desamparados, pudiera ser más importante que la de un hombre, Jesucristo. “Y en ese momento me di cuenta de lo que representaba la Virgen para mí. Hace dos años salí en la Ofrenda por primera vez y estuve a punto de llorar cuando pasé por debajo de la Virgen”.

Cuando dejó de trabajar en Gambrinus se marchó de viaje a la India con su marido, que nunca había subido a un avión. “Hasta que me conoció y entonces todos sus amigos empezaron a decir eso de ‘on va la corda, va el poal…’. Estuvimos en la India, Pakistán y Nepal. Tres meses en total. Una experiencia súper válida para comprobar si puedes convivir con una persona o no. Luego nos mudamos cinco años a Barcelona porque Vicent empezó a trabajar allí. Vivíamos en un ático de 30 metros cuadrados en un séptimo piso sin ascensor. Después de eso nos casamos por el juzgado y al fin pude tener los papeles. Está claro que yo no vivía como una refugiada, pero es muy incómodo vivir así”.

Volvieron a València en 2007, el año de la Copa América y del inicio de la crisis. El impulso para empezar a trabajar como guía turística después de que una amiga inglesa le dijera que eso se le iba a dar bien. “La exclusividad de la Copa América, el tipo de turismo que trajo, me permitió empezar a hacer tours privados y dejar de caminar con 40 personas detrás. Entonces lo que antes era un monólogo se convierte en una conversación. En aquel momento no se hacían tours privados. Entendí que necesitaba contratar a alguien que me hiciera una buena página web y mejorar mi negocio. Y ya llevo 21 años como guía turística”.

  • Sarah Kate Redding. -

Sarah, en realidad, es una empresaria con un escuadrón de diez guías turísticos que trabajan para ella en valenciaprivatetours.com. El oficio hizo crecer su interés por la historia y llegó a plantearse estudiar la carrera, pero entonces llegaron sus tres hijos y sus planes cambiaron. La mayor es Alexandra, que tiene 19 años, quiere dedicarse a las energías renovables y habla cuatro idiomas. El segundo es Sento, la sexta generación de los Vicente González. “Tiene 16 años y acaba de pasar un año en Estados Unidos. Ha vivido con mi madre ocupando mi cuarto y estudiando en el mismo instituto que yo. Eso ha sido muy emocionante para mí. A Sento se le daba muy bien el patinaje en línea y decidimos que probara allí con el hockey sobre hielo. Le ha ido bien y ahora va a hacer el Bachillerato en Jaca para seguir practicando con una beca”. Y el tercero, que tiene 10 años, se llama Pau.

Su empresa no solo trabaja en València. Ni siquiera en España. Su radio de acción alcanza Portugal, Marruecos y Francia. En temporada alta llegan a tener ocho visitas al día. Sarah es una de esas personas que ha recibido el turismo con los brazos abiertos. Ahora ha querido transmitir también la cultura valenciana y a algunos turistas se los lleva a su bajo de Benimaclet, que antes era de su suegro, para enseñarle a pintar abanicos o a hacer ‘socarrats’. Allí, en aquel local, también tiene vino de la zona, aceite, mermeladas, latas… El 75% de su clientela viene de Estados Unidos.

  • Sarah Kate Redding. -

A Sarah le va bien y es feliz en España. Pero no es fácil vivir a un océano de la familia. Ahora celebra haber podido llegar cinco horas antes de que muriera su padre, que tenía 91 años. Aunque muchos turistas le dicen “Sarah, What do you miss?”. Y ella reflexiona unos segundos y rápidamente se da cuenta de que está bien aquí, que este es su sitio, pero que hay tres cosas que sí le fastidian. Una de ellas es la mínima divulgación que recibe el deporte femenino -ella jugaba al fútbol y llegó a pasar por varios equipos en València y por el Espanyol, en Barcelona-. “En mi país se aprobó Chapter 9, una ley que obligaba a gastarse en las mujeres lo mismo que los institutos se gastaban en los chicos”.

Lo segundo que echa de menos es la naturaleza exuberante de Maine. “Allí puedes conducir durante cinco horas en plena naturaleza y no cruzarte con ningún coche. No hay polución. Aquí no hay esos bosques, solo pequeños parches como el Parc Central”. Y la tercera, dice riéndose, era la mantequilla de cacahuete. “No, es broma, la tercera cosa que me molesta es la burocracia. Es terrible”.

  • Sarah Kate Redding. -

Sarah mira el reloj y se da cuenta de que no le queda mucho tiempo. Un pequeño grupo de cuatro o cinco turistas estarán dentro de media hora a punto de salir hacia la Albufera y ella tiene que llevarles el cava para que la experiencia sea más satisfactoria. Baja al parking de la plaza de la Reina, se sube a un Mercedes y sale disparada.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo