VALÈNCIA. Trenes con retraso, cambios de vía de última hora o, directamente, convoyes que desaparecen del panel de información de las estaciones sin demasiadas explicaciones forman parte de una rutina ya normalizada por los usuarios habituales de la red de Cercanías de Valencia. Una percepción que comparte la mayoría de pasajeros de este servicio y que también confirman los datos de la propia Renfe. Y es que el último informe mensual de puntualidad refleja que en el mes de abril uno de cada tres trenes de Cercanías del núcleo de Valencia no llegó a su hora. Una cifra que además, no incluye aquellos servicios que fueron cancelados o suprimidos.
Según este informe, el 66,8% de los trenes cumplieron su horario respecto a la hora programada de llegada a cada estación del recorrido. Lo que significa que aproximadamente uno de cada tres (32,3%) convoyes fueron impuntuales. Cabe señalar que se considera que no cumplen el horario aquellos trenes que se desvían de su horario más de 3 minutos.
Si se analiza la puntualidad en el final de línea, es decir, a la estación de destino, este porcentaje fue algo mayor en abril, alcanzando el 82,3%. No obstante, para este parámetro Renfe considera puntuales aquellos trenes que se retrasan (o se avanzan) más de cinco minutos. Es decir, que casi uno de cada cinco trenes (el 17,7%) llega a la última parada de la línea con más de 5 minutos de retraso sobre la hora prevista en un sistema que durante ese periodo movió en torno a dos millones de viajeros.
Más de una semana de retraso acumulado en abril
Traducido a minutos implica que la factura total para los usuarios del núcleo de València asciende a 11.289 minutos perdidos en abril. Una cifra que equivale a casi 190 horas completas o, lo que es lo mismo, a más de una semana de retraso acumulado en el último mes. En cuanto al motivo de las demoras, el informe de Renfe señala que el 91,5% de los minutos ‘perdidos’ se debieron a "causas externas" a la operadora que se corresponden con problemas en la infraestructura imputables a Adif, imprevistos meteorológicos o la gestión del tráfico de otros operadores.
Este volumen de minutos perdidos en abril, lejos de ser un hecho aislado, refleja un primer cuatrimestre negro para este servicio ferroviario. La red arrastra una preocupante tendencia. En enero fueron 11.121 los minutos de retraso acumulados; les siguieron los 22.117 de febrero y el techo crítico de marzo, que rozó los 24.000 minutos de demora. Con estas cifras sobre la mesa, la factura temporal en lo que va de año asciende a unos demoledores 68.484 minutos, es decir, más de 47 días en cuatro meses.
A la hora de evaluar la estabilidad de la red, el informe distingue entre la cantidad de trenes que salen a la vía y la constancia de su paso. Por un lado, el índice de "cumplimiento del servicio" —que mide la relación global entre los trenes programados y los que finalmente se realizan— se situó en abril en el 99,7%, lo que significa que solo el 0,3% de los servicios se cancelaron por completo en origen, el equivalente a 21 trenes de las 7.065 circulaciones totales.
Regularidad del servicio
Por otro lado, la estadística analiza la "regularidad", un indicador que evalúa la frecuencia de paso de una circulación en cada estación del recorrido y tramo horario respecto de la circulación anterior. Esta tasa cayó en abril al 82,9%, lo que refleja que el principal desajuste para el viajero no es la supresión de trayectos completos, sino la alteración de los intervalos de tiempo previstos entre un tren y el siguiente a lo largo del día.
El informe también permite observar cómo impactan estas incidencias en el tiempo real de viaje a través del indicador del retraso medio a la llegada. La estadística ofrece, en este caso, dos lecturas muy distintas. Si se promedia el tiempo perdido entre todas las circulaciones de abril, la demora roza los 1,6 minutos por trayecto.
Sin embargo, si se pone el foco exclusivamente en los trenes que sufrieron incidencias, el retraso medio real para el pasajero se eleva hasta los 7,3 minutos. Un registro que, pese a todo, supone un ligero alivio respecto a los meses centrales del cuatrimestre, ya que tanto en febrero como en marzo el retraso medio de los convoyes demorados rozó los diez minutos por trayecto.
Con todo, el goteo constante de retrasos, incidencias y trenes abarrotados no solo afecta a los usuarios que dependen de forma obligatoria del transporte público para sus desplazamientos diarios. Esta falta de fiabilidad —que se extiende a Cercanías, Metrovalencia o la red de autobuses de la EMT— tampoco contribuye a incentivar a quienes todavía optan por el vehículo privado, lo que acaba alimentando indirectamente los problemas de congestión que sufre a diario una ciudad como València.