VALÈNCIA. Un equipo liderado por el Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) ha descubierto que una proteína llamada Neuregulina-1 desempeña un papel central en la coordinación de los procesos celulares que permiten la recuperación del tejido cerebral tras un impacto o traumatismo.
Este hallazgo, publicado en la revista internacional Frontiers in Cellular Neuroscience, abre la puerta a nuevas terapias para mejorar la recuperación de pacientes con daño cerebral, especialmente en personas mayores. El trabajo, liderado por el Dr. Pietro Fazzari del Laboratorio de Fisiopatología de Circuitos Corticales del CIPF y cuya autora principal es Ana González-Manteiga, demuestra que la proteína Neuregulina-1 (Nrg1) actúa como una molécula fundamental para reconstruir las conexiones neuronales perdidas tras un daño en la corteza motora.
El cerebro adulto tiene una capacidad limitada para regenerarse. Tras un impacto o traumatismo, los circuitos se interrumpen, las conexiones neuronales (axones) se retraen y se produce una respuesta inflamatoria que puede agravar el daño. En este sentido, el Dr. Fazzari ha destacado que "un gran reto de la neurociencia moderna es encontrar formas de reactivar los programas de crecimiento que el cerebro utiliza cuando se está formando".
La investigación combinó experimentos en cultivos de neuronas con estudios en modelos vivos. En el laboratorio, los científicos observaron que la activación de una parte específica de la Nrg1 (su dominio intracelular) era suficiente para que las neuronas dañadas volvieran a estirar sus axones, buscando activamente nuevas conexiones.
En la fase con modelos vivos, el equipo utilizó una técnica genética innovadora para eliminar la proteína Nrg1 solo en la etapa adulta, evitando así interferir con el desarrollo temprano del individuo. “Los resultados demostraron que, sin esta proteína, el cerebro perdía su capacidad de reorganizarse. Esto provocó una notable pérdida de coordinación y habilidades motoras, que se evaluaron mediante pruebas de equilibrio y precisión”, destaca la Dra. Ana González-Manteiga.
El factor de la edad y la inflamación
Uno de los aspectos más destacados de la investigación es la especial vulnerabilidad detectada en sujetos de edad avanzada. El estudio revela que, con el paso de los años, el cerebro depende mucho más de la Nrg1 para la regeneración axonal, mantener bajo control la inflamación y proteger las estructuras que estabilizan los circuitos neuronales, conocidas como "redes perineuronales".
Sin la protección de la Nrg1, el cerebro envejecido mostró una respuesta inflamatoria mucho más agresiva y una mayor degradación de sus circuitos. Esto sugiere que las futuras terapias basadas en esta proteína podrían ser especialmente beneficiosas para la población mayor, que suele tener peor pronóstico tras un traumatismo.
Este estudio del CIPF abre la vía hacia nuevas terapias en este campo. El hallazgo de que la Nrg1 no solo ayuda a que los axones crezcan, sino que también modula la respuesta inmune del cerebro, la sitúa como una diana terapéutica muy prometedora. Este estudio sugiere que “potenciar las vías de señalización de esta proteína podría acelerar la recuperación funcional y reducir las secuelas permanentes en pacientes con daño cerebral traumático”, concluye el investigador del CIPF.