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CRÍTICA DE CONCIERTO

Vuelve la Orquestra de la Comunitat: la música siempre ha estado ahí

16/07/2020 - 
Palau de les arts, 15 de julio de 2020
L. V. Beethoven, Obertura de Fidelio, octava sinfonía y sexta sinfonía “Pastoral”
Thomas Hengelbrock, director musical
Orquesta de la Comunitat Valenciana


Voy a intentar huir de lugares comunes en estos tiempos en los que todo tiene un halo de excepcionalidad de “post” o de vuelta a… Es difícil, hay que reconocerlo, sustraerse a las frases hechas, pero lo intentaré. La relación del ser humano con el arte no es algo excepcional, algo que alguien inventó o descubrió casualmente y desde aquel entonces hasta hoy. No; la relación con el arte pura esencia del hombre, algo inescindible de todos nosotros las más diversas formas que adopta. Así, creo explicar porqué en este concierto de reencuentro he intentado y he conseguido huir de emociones, como lo hice hace un par de semanas cuando visité el museo del Prado y su actual exposición con ese nombre: Reencuentro. El arte nunca se fue, siempre ha estado ahí, por tanto, no lo hemos rescatado o redescubierto. No podemos transmitir, aun sin quererlo, la idea de un mundo en el que se cuestione o al menos esté en peligro la percepción del arte como una parte esencial de todos nosotros así que no convirtamos en excepcional lo que debe ser normalidad.

Sí que nos emocionan y todavía descubrimos cosas, parece mentira, en los compases beethovenianos desde el primer instante hasta el último por lo que son, no porque suenen “de nuevo” tras unos meses una cesura con tintes de irrealidad. Entiendo que pueda ser esta una percepción particular no compartida. Eso si, me ha reconfortado comprobar que estos aciagos meses no han supuesto merma alguna en las facultades técnicas de estos grandes músicos de la OCV que han regresado a las tablas con intensidad y con una energía a la que comprendo que es difícil sustraerse, espoleados por demasiados días sin tocar juntos ante su público fiel.

También se ha visto entusiasmo poco disimulado en el gesto del excelente y prestigioso director alemán Thomas Hengelbrock que ya desde el inicio como carta de presentación puede vislumbrarse su inclinación vocacional por los criterios interpretativos de corte más historicista, evitando ampulosidades y tempi pesados más propios de ciertas lecturas asentadas en el siglo XX, y escogiendo como innegociable la ligereza rítmica. Tampoco se centra Hengelbrock en el “sonido” orquestal, como en el fraseo y discurso general. Para todo ello el director germano ha encontrado una inmejorable aliada en la orquesta valenciana caracterizada por una ductilidad a prueba de cualquier director.

En el “debe” del concierto hay que señalar que no es la de la sala principal de ópera la mejor acústica para escuchar música sinfónica (al contrario de lo que sucede cuando la orquesta baja al foso), acusando un exceso de reverberación en el sonido especialmente llamativo en los vientos, que nos hace echar en falta calidez en el sonido y  ha contribuido a emborronar algunas frases de la cuerda lo que falsea un tanto las excelencias de esta familia de la orquesta. Ese exceso de brillo del sonido se hace más patente si cabe cuando el aforo no puede sobrepasar el 75 por ciento del aforo por la situación sanitaria.

El concierto, desde el punto de vista estrictamente musical, fue de menos a más. Se inició con una obertura de Fidelio no demasiado matizada en las dinámicas y un tanto tosca. Tras esta se interpretó la octava sinfonía donde las prestaciones de la orquesta y director comenzaron a dar sus frutos con un excelente Allegreto Scherzando lleno de gracia y un allegro vivace de gran intensidad.

Lo mejor de la noche estaría por llegar con una magnífica lectura de la Pastoral beethoveniana en la que rayaron a gran altura todos los solistas de la formación entre los que hay que destacar el oboe de Pierre-Antoine Escoffier y el clarinete de Joan Enric LLuna. Hengelbrock huye de manierismos edulcorados de tiempos dilatados, y lleva a cabo una lectura directa, refrescante a la par que intensa de la genial partitura lo cual no es de sorprender por sus antecedentes y teniendo como maestro al desaparecido e histórico en todos los sentidos Nikolaus Harnoncourt. Muchas ganas de reencuentro con música en directo de un público enmascarado que mostró agradecimiento a todos los comparecientes con un caluroso aplauso.

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