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la nave de los locos / OPINIÓN

Wasap y otros inventos de Satanás

Lucifer no cesa de enviar calamidades al mundo. Olas de calor, guerras, pandemias y la burocracia europea son pruebas de su maldad. Pero su invento más dañino es el wasap. Con esta aplicación, millones de usuarios hemos entrado en el reino de las tinieblas     

18/07/2022 - 

El diablo, en el que sólo unos cuanto ya creemos, no deja de maquinar maldades para extender sus poderes oscuros por el mundo. Es como el asesor de cabecera de la ministra de Hacienda, siempre pensando en cómo arruinar las expectativas vitales de cada contribuyente.

Larga es la lista de los triunfos de Satanás sobre la faz de la Tierra en el siglo XXI. Su magisterio en las tinieblas se manifiesta en el avance de la pedagogía moderna, las falacias de la izquierda cuqui, los libros de autoayuda, Amazon, las uñas policromadas de Rosalía, la música de Manolo García y los artículos de Ignacio Ramonet. Y en el Gobierno aterrador que padecemos, naturalmente.

Pero su triunfo más claro, en el que nadie ha reparado y con el que pretende ganarle el pulso a Dios en su combate infinito, es el wasap (WhatsApp para los puristas). Más de 2.000 millones de humanos han caído en la tentación de Lucifer, con la ayuda de uno de sus discípulos más queridos, el pelirrojo siniestro de Meta (antes de Facebook), dueño de la aplicación.

Foto: Pexels/ Tofros.com
Desde que existe wasap, allá por 2009, el Mal le está ganando la partida al Bien. Si Dios y sus legiones de querubines no espabilan, el triunfo de Belcebú será inevitable, como el de los muchachos de Ancelotti cuando disputen la próxima Liga de Campeones.

He pecado todos los días

Yo también fui tentado por el diablo, y al final caí en sus brazos. Fueron años de resistirme utilizando los sms (O tempora, o mores), aguantando las presiones del entorno personal y laboral, hasta que llegó el fatídico día en que ya no pude más. Mi voluntad se doblegó y me sumé al ejército de los malos. Desde entonces he pecado casi siempre, a veces con remordimiento de conciencia, porque sé que no hago bien. Descargarme el guasap ha sido la decisión más errada de mi vida, junto con la de votar a Zapatero en 2004 (sí, ahora podéis abofetearme hasta romperme los carrillos, ¡me lo merezco!).  

“Desde que Satanás introdujo el wasap, el mundo se ha infantilizado. La capacidad argumentativa de muchos cabe en un emoticono”

Satán sigue sumando partidarios en el mundo, entre personas fáciles de manipular como yo, con el anzuelo envenenado de que el wasap acerca a las personas y facilita la comunicación con los demás. Todo es mentira, pero como estamos ciegos y Belcebú nos tiene abducidos con sus enormes poderes, no nos damos cuenta de que estamos echando a perder nuestras vidas. ¿Habéis pensado, por un momento, en cuánto tiempo dedicáis a consultar vuestros mensajes, incluidos esos absurdos memes, en el maldito wasap? Habéis perdido semanas, meses o años con esta práctica funesta. ¿Sois acaso más inteligentes, mejores personas, más generosos que cuando usabais el teléfono fijo? Permitidme que lo dude, a la vista de que la mayoría de los mensajes que os llegan son de descerebrados.

Foto: Pexels/ Anton

Desde que Satanás introdujo el wasap, el mundo se ha infantilizado. La capacidad argumentativa de muchos cabe en un emoticono. He conocido a compañeros que leían los novelones de Thomas Pynchon y ahora no pueden porque han perdido capacidad de concentración, y la poca que tienen la emplean en consultar las pantallas de sus móviles y en ojear el último éxito de mi admirada Megan Maxwell

Aún no soy un caso perdido 

Con todo, a veces pienso que no soy un caso perdido para Dios, que aún tengo remedio, que la infinita misericordia del Padre puede salvarme, precisamente a mí, que soy un piltrafilla enganchado al celular. Lo pienso cuando, en lugar de deleite sensual, siento repulsión al despertar, cuando veo que contactos míos me han enviado audios a las siete de la mañana, o cuando después de salir del cine, donde he visto la película Elvis, me encuentro 35 mensajes en el grupo del trabajo.

Este rechazo espontáneo a las excrecencias del wasap es una señal de esperanza. El Mal no ha alcanzado su victoria definitiva, cabe dar marcha atrás en un camino equivocado, pecadores como san Agustín vieron la luz, ¿por qué no puedo ser como uno de ellos?, me pregunto. Y entonces me atrevo a silenciar, eliminar o bloquear a los contactos más cansinos, orgulloso de dar mi primero paso para la liberación total.

Aún no estoy preparado, bien lo sé, pero lo haré. Cerraré mi wasap para intentar ser un hombre libre, como José Luis Garci y Ray Loriga, que por no tener no tienen ni móvil. Aprendamos de estos dos carcas heterodoxos.

Como cualquier adicto me apuntaré a un curso de rehabilitación para no recaer en este vicio ni en otros peores, como el metaverso, que según dicen es la bomba. Seré feliz el día en que deje de ser un mensajero de Lucifer y un esclavo de los niñatos de Silicon Valley, y dedique el tiempo a lo que realmente importa: a caminar, leer y escribir.


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