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VOL 8. UNA RADIOGRAFÍA AL COMERCIO MÁS TRADICIONAL

Xàtiva: el comercio de siempre resiste al coronavirus

Recorremos diez municipios de la provincia de Valencia para que sus comerciantes nos cuenten cómo han enfrentado la crisis del coronavirus. Cada miércoles y sábado un nuevo episodio

24/07/2020 - 

VALÈNCIA. Cualquier vecino de Xàtiva que paseara por la calle Botigues hace algunas décadas, sentiría el bullicio de la gente comprando en los comercios de toda la vida, asomándose a los escaparates o paseando cargados con alguna bolsa de camino a casa. Sin embargo, actualmente, la imagen es bien distinta. De aquellos locales tradicionales tan solo quedan un par, mientras que los establecimientos cerrados y los bares se abren paso entre la multitud.

Algunos de estos comercios se han trasladado a otras zonas de la ciudad en busca de locales más accesibles y amplios, pero conservando su historia. Ahora, han tenido que enfrentarse a un duro golpe: la crisis sanitaria ocasionada por la Covid-19, ¿cuál es la receta para mantener la persiana subida?

Mercería Baldrés: 144 años de tradición que aún resiste

Uno de los pocos comercios que todavía permanece abierto en la calle Botigues es la Mercería Baldrés que levantó su persiana en 1876. Hace 144 años, los abuelos de Alfredo alquilaron un pequeño local que, con el paso del tiempo, fue pasando degeneración en generación. En 1954 pasó a manos de Alfredo, la tercera generación en continuar la tradición familiar. Y ahora es su hija, Julia, quien se encarga de la tienda. Desde detrás del mostrador, Alfredo recuerda los años de esplendor de la mercería y como, poco a poco, el negocio ha ido cambiando. “Cuando empecé a trabajar aquí, vendíamos muchos más productos como perfumes, jabones, juguetes… Ahora es impensable que alguien vaya a una mercería a comprar esos productos, porque hay tiendas especializadas”, comenta.

Además del cierre de los comercios cercanos y la proliferación de grandes almacenes, Alfredo considera que los cambios en las modas y en las costumbres han hecho que el negocio vaya a menos. “Antes teníamos como clientes a los sastres y a las modistas, ahora creo que solo nos queda una modista. Esas profesiones se han ido perdiendo y eso ha repercutido negativamente en las mercerías”, explica, “y otras tradiciones, como coser o bordar, también se han perdido”.

Mientras Julia atiende los clientes que vienen en busca de alguna cinta o algún botón comenta que los últimos meses han sido “catastróficos”, especialmente por la cancelación de eventos como bodas, comuniones, fallas o las fiestas patronales. “Pocos días antes de que anunciaran el cierre de comercios, nos llegaron los pedidos al almacén”, asegura Julia. “Aunque algunas de estas celebraciones se realicen más adelante, serán mucho más sencillas y la gente invertirá menos en los detalles, en los complementos. Todo eso ha desaparecido”, lamenta.

Droguería El Barco: el comercio local imprescindible en tiempos de pandemia

Justo al lado de la mercería encontramos un establecimiento llamado El Barco. Ahora es un bar, pero hace unas décadas era el local en el que, en 1925, los abuelos de Ramón abrieron la Droguería El Barco. “Como casi todos los comercios locales de Xàtiva, estábamos en la calle Botigues, ahora solo quedan un par”, recuerda Ramón. Al igual que ellos, que trasladaron su tienda en 1999 a la calle de la Reina, muchos otros han seguido sus pasos. “Como en nuestro caso, muchos nos hemos trasladado a zonas más accesibles”, explica.

Durante los primeros años de la droguería, los productos que se vendían y la forma de comercializarlos era muy distinta a la actual. “Mis abuelos vendían, sobretodo, productos de limpieza a granel, así era como se hacía hace 90 años”, asegura Ramón. Ahora, sin embargo, se han modernizado: han incluido más variedad de productos y la modalidad de venta online que supone gran parte del negocio. “Ha sido el cambio más significativo de la droguería en los últimos años”, afirma Ramón, “hemos suplido la disminución de ventas que ha sufrido el pequeño comercio, con la venta online que nos permite tener clientes por toda España”.

Resulta significativo que, a diferencia de la mayoría de comercios locales, estos meses de crisis sanitaria no han supuesto un descenso en las ventas de la droguería, más bien lo contrario. “No hemos cerrado ni un solo día durante el confinamiento porque vendíamos productos esenciales: productos para desinfectar, alcohol, guantes mascarillas…”, señala Ramón. De hecho, asegura que han tenido incluso más trabajo del habitual. “Hemos tenido cola en la puerta para comprar y se nos ha llegado a agotar el producto”, remarca.

Forn Sant Pere: la receta del comercio de siempre

En pleno casco antiguo, en la plaza Sant Pere, se ubica uno de los hornos más antiguo de Xàtiva. Tal como indica un cartel que hay en la entrada, el local abrió sus puertas en 1898, hace 122 años. Actualmente, está regentado por Nina y sus dos hijas, Rebeca y Maria, que lo adquirieron hace 26 años. “Mi madre era panadera en la Llosa y en épocas de mucho trabajo venía a este horno a ayudarle a los dueños”, recuerda Nina. Eso sí, pese al paso del tiempo y a haber cambiado de manos, el horno se conserva igual que en sus inicios. “Muchos clientes lo recuerdan exactamente igual a cuando venían con sus padres o sus abuelos”, asegura Rebeca.

Además de su aspecto rústico, lo que más llama la atención del Forn Sant Pere es el horno tradicional de leña que ocupa gran parte del local. “Haber conservado este horno tradicional es lo que nos ha permitido seguir adelante”, señala Nina. “El pan y los productos que cocinamos de manera tradicional en el horno de leña es lo que ha mantenido la fama del horno. De hecho, viene mucha gente de otros pueblos a comprar el pan o el arroz al horno que hacemos aquí. Los clientes valoran cada vez más los productos artesanales”, explica.

La crisis sanitaria también se ha dejado notar en este horno centenario a pesar de que Nina y sus hijas destacan el incremento de los repartos. “Al principio tuvimos miedo porque creíamos que la temporada de Pascua sería un desastre. Pero no fue tan mal como creíamos”, asegura Rebeca que se ha encargado de realizar los repartos de pan, dulces y monas de Pascua durante estos meses. Poco a poco, la situación vuelve a la normalidad y, pese a que temen lo que pueda ocurrir en las próximas semanas, se muestran optimistas. “Durante estos meses hemos echado de menos a los niños que se pasaban por el horno tras salir de la escuela y a los clientes de toda la vida, pero notamos que la situación ya está cambiando”, aseguran.

Moscardó: reinventarse como clave del éxito

“Desde 1880 la tienda ha pasado de padres a hijos y ya va por la cuarta generación”, comenta Sandra quien, junto a sus hermanas Pilar y Elena, se encarga de la tienda familiar de frutos secos Moscardó. Con el paso de los años, el comercio ha ido creciendo y ha pasado de ubicarse en el centro de la ciudad, a situarse en el polígono. “Empezamos en una tienda pequeña donde vendíamos frutos secos a granel”, recuerda Elena. “Ahora ofrecemos más tipos de frutos secos, más variedad de golosinas… y también vendemos al por mayor y a través de internet. Por eso nos trasladamos aquí hace 20 años”, añade.

A pesar de los difíciles momentos que la crisis sanitaria ha ocasionado en los comercios locales, Sandra tiene clara la receta del éxito para sobrevivir: reinventarse. Y así lo hicieron en Moscardó repartiendo “sorpresas” a domicilio. “Pensamos que aunque estuviéramos en una situación difícil, la gente debía celebrar los cumpleaños o las fechas señaladas. Entonces, las personas que querían hacerle un regalo o una sorpresa a alguien nos lo encargaba y nosotros se lo llevábamos a casa”. En total, han repartido 300 sorpresas durante la pandemia, la mayoría de ellas en fechas señaladas como el Día de la Madre, y han decidido incorporar este nuevo servicio de manera indefinida.

Otras de las claves del éxito para las encargadas de Moscardó es la presencia activa en las redes sociales y adaptarse a los nuevos tiempos. “Es necesario que el comercio local se modernice y escuche a sus clientes”, señala Sandra, quien opina que durante estos últimos meses de pandemia los pequeños comercios han descubierto esta importante herramienta. “Pero para que sea posible es necesario que se apueste por el comercio local y que les ofrezcan formación para que puedan sumarse a la innovación”, apunta.

Joyería Sancho: una tienda familiar que aguanta las crisis

En la céntrica avenida Alameda Jaume I se encuentra la Joyería Sancho, un comercio familiar que los padres de Vicent inauguraron en 1977. Un par de años antes, habían abierto su primera tienda en Canals. “Mi padre trabajaba en una fábrica pero, poco a poco, se empezó a interesar y a formar en el funcionamiento de la relojería y entonces decidió abrir la joyería”, explica Vicent Sancho que actualmente cuenta con un local en Xàtiva y otro en Alcoi.

La crisis económica de 2007, sin embargo, golpeó duramente al sector de las joyerías. Por este motivo, la familia Sancho decidió diversificar el negocio: “Con la crisis las ventas disminuyeron mucho, entonces decidimos lanzarnos también a la compra-venta de oro”, señala Vicent. Esta última crisis derivada de la pandemia del coronavirus, también ha sido dura tras estar prácticamente dos meses con la persiana bajada. “Han sido meses difíciles, pero cuando hemos podido volver a abrir, la respuesta de los clientes ha sido muy buena, hemos tenido más ventas de las que nos esperábamos”, comenta.

Las comuniones o las bodas son, sin duda, unos eventos fundamentales para los comercios que se dedican a la venta de joyas y, tras la crisis sanitaria, muchos de ellos se han suspendido. “Con las bodas no hemos tenido demasiados problemas, porque solo se han atrasado, pero no las han cancelado. Pero en el caso de las comuniones lo hemos notado más, porque mucha gente ha decidido anularlas definitivamente”, analiza Vicent. Así pues, tras haber pasado meses con el cerrojo echado, el ir y venir de clientes ya se empieza a notar en esta joyería familiar.

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