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El tintero / OPINIÓN

La política líquida

Como suele ser habitual, tras la muerte de grandes personajes, su obra se recupera y sus enseñanzas se recopilan. El filósofo polaco de origen judío Zygmunt Bauman acuñó la idea de ‘sociedad y modernidad líquida’.     

22/02/2017 - 

La sociedad líquida sobre la que teorizaba Bauman tiene su correlato en una ‘política líquida’, si tomamos como referencia las palabras del filósofo y sociólogo polaco cuando dice “¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes”. Parece que se refiera a la facilidad con que los “nuevos” partidos han modificado sus definiciones ideológicas y han atravesado la socialdemocracia, el liberalismo, el centro reformista y todo ello en un par de años. ¡La ideología è mobile qual piuma al vento!

El debate que se abre entre democracia representativa (clásica) y democracia directa (líquida) es tanto como entre los hechos y las ideas, la práctica y la teoría. Un estudio de Gabriele Vestri publicado por la Universidad de Deusto considera que “la democracia líquida es la suma de la democracia directa y participativa que se desarrolla a través de nuevas tecnologías que logran superar el límite representativo al que la ciudadanía le tiene rechazo y que identifican con la actual clase política.” Es una forma inteligente de hacer converger ambas propuestas, pero para que las instituciones –privadas y públicas– funcionen necesitan de una operatividad y una toma de decisiones que no pueden someterse a la constante opinión, debate y análisis que puede bloquear o eternizar cualquier acción. La representatividad, especialmente cuando hablamos de colectividad, es una eficaz forma de operar en democracia.

Los procesos congresuales y asamblearios de las últimas semanas nos dejan muestras de esta política líquida que se adapta al entorno como la moda a los escaparates. El PP mantiene una imagen de solidez que se desvanece si escuchamos a sus vicesecretarios, colocados estratégicamente para evitar que su presidente Mariano Rajoy se enfrente a los medios y deje joyas como esta: “Mariano Rajoy ha hecho de Mariano Rajoy. Lo sorprendente es que hiciese de Pablo Iglesias...”, así respondió en la entrevista de TVE sobre su papel en el XVIII congreso del PP, y gracias que respondió.

En Ciudadanos viraron de socialdemócratas a liberales progresistas y para evitar la sobre exposición de su líder supremo Albert Rivera, han colocado a su lideresa Inés Arrimadas de portavoz del partido. El problema no es de personas, es la imperiosa necesidad de estar todos los días en los medios repitiendo expresiones y argumentos que posiblemente no sólo aburren a los espectadores sino a ellos mismos. El mensaje se diluye en una cascada de tópicos, lugares comunes y respuestas sin pregunta.

Y en Podemos han dado un paso más y se ha demostrado lo transversales y plurales que son, Pablo Iglesias venció y a la semana ya había colocado a su jefa de gabinete y parece que algo más de portavoz en el Congreso. Irene Montero ha dejado a Íñigo Errejón en una situación que le permitirá relajarse un poco y ver como ella repite el argumentario con el tono y los gestos del líder supremo ante todas las TV y radios, todos los días de la semana, mientras él verá en las televisiones a otro líder que amenaza con volver, Pedro Sánchez.

No hay mejor manera que finalizar con el creador del exitoso (y “constructivo”) lema ‘No es no’ que corean sus fans en el tour que está realizando por España. Y difícil es encontrar mejor ejemplo de política líquida, esa que cambia, fluye, se adapta como el agua en los meandros. Hace apenas un año Podemos y el PSOE de Sánchez estaban en negociaciones para formar gobierno y ante las propuestas podemitas relativas a la “plurinacionalidad y modelo territorial”, los socialistas afirmaban que no había coincidencias en ese punto. Nada que ver con el actual candidato a la secretaría general del PSOE que habla de modificar la Constitución para que el artículo 2 recoja el término ‘plurinacional’ y de llegar a acuerdos con los de Iglesias. Tiempos líquidos y líderes insípidos, como el agua.

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