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el tintero / OPINIÓN

¡Abran juego señores!

Casualidades de la vida, la última semana de este año 2015 empieza el día de los inocentes, quizá un simbolismo de cómo nos vamos a enfrentar el próximo año la inmensa mayoría de los españoles: inocentes e indefensos ante una clase política maquiavélica y tremendamente partidista.

27/12/2015 - 

VALENCIA. Durante estos días nos intercambiamos en diferentes formatos, por desgracia la felicitación tradicional en papel está en desuso, deseos de paz, amor y felicidad para el nuevo año y parece que se respira un ambiente de fraternidad entre unos y otros, pero la realidad en España es que las últimas elecciones generales han dejado un panorama de división, fractura y previsible enfrentamiento político y social.

Disculpen los lectores optimistas y fervorosos de la religión del siglo XXI, la de lo políticamente correcto, que encumbra palabras como pluralidad y consenso a dogma. Es preocupante encontrar tantas similitudes entre lo que narra Orwell en 1984 y nuestro tiempo, la neolengua es buen ejemplo de ello, y sino que se lo digan a las reinas magas, no descarto en la próxima legislatura un Ministerio de la Verdad.  

El pasado domingo 20D votamos 25.350.447 españoles, de ellos 16.247.072 eligieron a PP, PSOE y C’s, partidos que mientras no se demuestre lo contrario, defienden el sistema político español, es decir, la monarquía parlamentaria y el estado de derecho que consagra nuestra Constitución de 1978 donde “la soberanía nacional reside en el pueblo español” art. 1.2.

Una de las características fundamentales de una democracia es, o debería ser, el respeto a las minorías, algo que no sucede en los países teocráticos de Oriente Medio o en las dictaduras o democracias imperfectas de Iberoamérica, donde se encarcela y persigue a los disidentes. Ahora bien, la democracia también es y debería ser respeto, mayor si cabe, a la mayoría. Esto que parece una obviedad, como tantas cosas de nuestra época, es algo que nuestros políticos olvidan a menudo, imbuidos en la carrera de agradar a las minorías políticas y sociales, por exótico o rocambolesco que sea su ideario. 

El presidente interino del gobierno de España, Mariano Rajoy se reunió la semana pasada con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez como segunda fuerza en número de votos, y esta semana se reunirá con el líder de Ciudadanos Albert Rivera; quien quizá pecando de ingenuidad política pero con una actitud de responsabilidad que le honra, hacía un llamamiento a que estas tres fuerzas políticas que representan a una mayoría de votantes (64,66 %) se pongan de acuerdo para gobernar España o ‘estepaís’ como gusta llamar a algunos. 

Habrán leído en este mismo diario el famoso término ‘grosse koalition’ , gran coalición o incluso gobierno de concentración, de nuevo expresiones que parecen tener una mala prensa o que apelan al temor de ‘unos pocos’ a que lleguen ‘otros muchos’ a cambiarlo todo. Esos otros que nos prometen traernos la paz en el mundo, la renta garantizada aunque no trabajemos y el clima de las Islas Canarias hasta en la lluviosa Galicia. Deberíamos estar ya curados de algo tan antiguo en la vida pública como la retórica y la demagogia.  

Para goce y disfrute de quienes quieren tensionar la vida pública, falsear y reescribir la historia de España y gobernar con sectarismo, el año 2016 comienza con mucha incertidumbre. Las cartas están sobre la mesa, los jugadores elegidos por el pueblo tienen ante sí la partida de su (nuestra) vida, ¡abran juego señores! 

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