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Calpurnio Pisón, nuevo colaborador de 'plaza',

Cuttlas, vuelve el mito

Con más de treinta años a sus esquemáticas espaldas, el vaquero Cuttlas se ha convertido en un maestro en el arte de sobrevivir. Ahora regresa convertido en colaborador fijo de la revista Plaza. Su creador, Calpurnio Pisón, nos habla de este regreso y del proyecto en el que trabaja ahora, ‘Mundo Plasma’

20/11/2016 - 

VALENCIA.- Cutlass, el vaquero más conceptual del oeste, se convierte en colaborador de lujo de Plaza. Calpurnio Pisón, alter ego de Eduardo Pelegrín (Zaragoza, 1959), repasa la vida del personaje y nos descubre Mundo Plasma, su último trabajo 

— ¿Cómo nace Mundo Plasma?

—Era algo que estaba haciendo en mis horas libres. No es que no me sienta a gusto con Cuttlas pero sí quería hacer algo distinto que me permitiera dibujar como lo he hecho siempre, personajes con nariz, con ojos... pero fue todo un poco casualidad. Empecé hace tiempo haciendo páginas sueltas al final del día, en el sofá, y tenía unas quince cuando se convocó el Premi Ciutat de Palma de Cómic 2015, que era precisamente el número de páginas que pedían. El caso es que lo gané y gracias al premio pude estar cuatro meses dedicado a él y concentrarme en él. Está a punto de salir a la venta de la mano de Reservoir Books.

— Más que una revolución en tu estilo, habría que hablar de evolución. Hay mucho del Calpurnio de siempre, pero también es muy distinto a lo que nos tienes acostumbrados.

—Sí, se mantienen algunas cosas. Hay algo del estilo Cuttlas: dibujos sencillos,personajes curiosos y un humor también sencillo pero quiero pensar que rotundo.Por otro lado, llevo treinta años desarrollando el mismo personaje y he querido hacer lo que me salía de los dedos. No sabía si hacer una novela gráfica, humor político..., pero me fui dejando llevar. Empecé dibujando unos personajes,luego los hice interactuar y de allí salieron los primeros chistes. Al principio también pensé que serían historias autoconclusivas pero al ganar el premio es cuando me planteé un guión más elaborado que se prolonga durante noventa páginas, pero en las que cada una de ellas es un chiste en sí mismo.

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— Lo de una historia tan larga quizás sea la principal novedad.

—Sí. Con Cuttlas llegué a hacer, cuando salía en El Víbora o Makoki, historias de hasta seis páginas o,en El País o 20Minutos, series de tres o cuatro historias consecutivas sobre un mismo tema, pero nunca un guión como éste. A pesar de todo, he utilizado el lenguaje de la prensa diaria, que es el que me gusta.

— Cuttlas, en principio, eran historias del oeste en las que podía pasar cualquier cosa. Aquí los personajes son muy diferentes: un moco,una cara de Bélmez, un huevo con poderes...

—En Cuttlas había unos veinte secundarios que iban saliendopor casualidad, pero siempre abrían posibilidades. Por ejemplo Juan Bala, el mexicano, me permitió hacer cosas más reflexivas —una filosofía muy suya, muy de refrán—, o el marciano 37, me abrió las puertas a viajar en el tiempo o hablar del universo y de temas científicos, que siempre me han interesado. Mundo Plasma es más actual y los personajes son más completos, con más detalles. La casualidad me llevó a encerrarlos en unapensión de la que no pueden salir y todo gira en torno a una historia. Pero sigue siendo una tira de cómic y creo que dará de sí. Es como si en esta historia se estuvieran formando los personajes y hay pie para una segunda temporada.

— Un poco como en El ángel exterminador de Buñuel.

—Sí, pero tiene más de novela tradicional de detectives, de esas en las que hay un asesinato en un sitio cerrado como el Orient Express o en un crucero; todos pueden ser el asesino y nadie puede huir. Y entonces empieza a salir a flote la personalidad de cada uno, su pasado...

— Llama la atención tanto guiño a los temas paranormales.

—Soy muy escéptico, pero reconozco que me hacen gracia. Sobre todo me interesan algunos personajes que se han convertido en pequeños iconos culturales.Monstruos ha habido muchos, pero que hayan calado tanto como Drácula o El Hombre Lobo hay menos. Son los que me gustan, como Las Caras de Bélmez, los reptilianos... 

— Pero Mundo Plasma no es tu único proyecto. Estás on fire.

—Sí, ya para el Salón de Barcelona saldrá una recopilación con el Cuttlas que salió en 20 Minutos, y estoy muy metido en el diseño de toda la imagen del Play-Doc, el festival internacional de documentales que se celebra en abril en Tui (Galicia) y con el que colaboro desde hace años. Además ahora empiezo a publicar en Plaza una página mensual y también estoy colaborando con el anuario dedicado a la gastronomía que están preparando. No me puedo quejar.

— ¿Cómo nació Cuttlas? Al principio tenías otro estilo.

—Editaba en Zaragoza un fanzine que se llamaba El Japo donde experimentaba, y ahí nació el personaje. Lo mandaba a revistas como El Víbora o Makoki, hasta que Gallardo y Mediavilla, que dibujaban precisamente a Makoki y eran directores de la revista, me pidieron más historias de Cuttlas. También hice otras cosas con otro estilo, o historietas al estilo Cuttlas pero sin el personaje, aunque al final el que triunfó fue él y se consolidó.

— ¿Y pensaste que un dibujo así iba a llegar a algún sitio?

—No, pero como me lo pedían... Pero, además, me gustaba hacerlo por lo de la inmediatez. Lo que pasa es que lo que me ahorro en el tema del dibujo me lo complico en el guión o el acabado. No era mi único estilo pero me sentía muy cómodo y el contraste entre la simplicidad del dibujo y la complejidad de guión hace que sea muy simpático para todos, sobre todo los editores, que es lo que importa.

— Hablas de simplicidad en el trazo, pero no es tan fácil. Por ejemplo el uso que haces del color o de la geometría.

— Aunque no acabé Arquitectura estudié hasta tercero así que hice mucho dibujo técnico, mucha geometría descriptiva...Saber dibujar perspectivas cónicas o axonométricas ha influido en muchos de mis guiones, y eso es un tipo de formación que tal vez no tienen los dibujantes que vienen de Bellas Artes. Además siempre me han gustado las matemáticas, los temas científicos, la abstracción son cosas que no me dan miedo y hacen que algunos de mis guiones traten incluso de física cuántica.

— Cuando Jean Giraud y Charlier se cansaron del Teniente Bluberry sacaron un personaje que se llamaba Cutlass, que en realidad era bastante parecido al anterior. ¿Te inspiraste en él?

—Pues la verdad es que no. De hecho un ‘cutlass’ es un tipo de cuchillo y yo vi un personaje de una película de vaqueros que se llamaba así y me gustó. De la existencia de ese Jim Cutlass me enteré después y, por cierto, luego me di cuenta de que lo estaba escribiendo mal. La verdad es que a veces hasta dudo,pero creo que no viene de allí.

— De hecho, tu personaje le ha sobrevivido. A él y a otros de su misma época, como Peter Punk, Torpedo, Rocco Vargas...

—La verdad es que he tenido suerte y, como gusta, siempre me lo han pedido. Así, cuando me iba de un sitio me llamaban de otro... y así más de treinta años.

— Pero en alguien te inspirarías.

— Lo cierto es que no. El crítico Álvaro Pons me enseñó unos dibujos de George Cruikshank que, a principios de siglo, hacía algo parecido, pero no lo conocía. En realidad me inspiré en mí mismo, en los dibujos que hacía de pequeño en clase. Tenía un personaje que, por ejemplo, le caía una piedra y para escapar se metía en un agujero y era un volcán... salía en una y me metía en otra. Como era muy esquemático tenía mucho de mimo, así que esa mímica que tiene Cuttlas y que le permite transmitir tanto con tan pocos trazos viene de allí.

— ¿Y no hubo ningún dibujante que te inspirara especialmente?

— No hay ningún nombre, pero sí es verdad que en casa éramos seis hermanos y mi padre nos traía todas las semanas los Mortadelo, DDT, Pumby... un poco de todo. Soy heredero de la escuela de Bruguera y luego ya más tarde, lo que me hizo explotar la cabeza fue el underground americano, y más tarde el español.

— ¿Cuando empezaste fue una época tan loca como cuentan?

— Pues la verdad es que sí. Además, empecé a ir a Barcelona y los conocí a todos, a Martí, Nazario, Pons, Max, Gallardo, Mediavilla... que eran un poco mayores que yo pero me parecían mucho más. Ellos habían empezado muy pronto y yo no tanto, así que eran como mitos para mí. Pero eran muy divertidos y me trataban muy bien, y como yo iba de Zaragoza, un poco en plan provinciano, pues alucinaba con ellos. Además me pagaban y todo, así que imagínate. Fue lo que me animó a dedicarme a esto profesionalmente.

— Supongo que tus padres fliparían cuando decías ‘mira lo que me han publicado’ y veían lo que salía en Makoki o El Víbora.

— No lo enseñaba mucho por si acaso, ni siquiera El Japo. De hecho, por eso empecé a firmar como Calpurnio Pisón en plan alter ego. Por suerte, en esa época comencé a trabajar en El Heraldo de Aragón, lo que me daba cierto señorío. Piensa que había dejado arquitectura en tercero, y en mi casa no se lo tomaron demasiado bien.

— Pero luego resultó que sí tenías algo de Calpurnio Pisón.

— Teníamos una tía de Valladolid que decía que había investigado su árbol genealógico, que eso era algo que se hacía mucho antes en las familias, y aseguraba que éramos descendientes de un Calpurnio Pisón, que había sido embajador romano en Navarra. Hubo varios, cuatro o cinco, pero el nuestro no era el que salía en Yo, Claudio, sino el que participó con Séneca en una conspiración fallida contra Nerón. No sé si es cierto pero ahí está la anécdota, aunque te aseguro que mi familia no tiene nada de aristocrática. Pero como la gente me lo pregunta, yo lo cuento.

(Este artículo se publicó originalmente en el número de noviembre de la revista Plaza)

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