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GRAND PLACE / OPINIÓN

El derecho al error, al olvido, a desconectar…

6/02/2018 - 

Ponga un “comando Z” en su vida. No, no son los hombres de Mel Gibson y Sam Neill en Ataque Fuerza Z. Para los analfabetos del sistema Apple, explicaré que esta función directa del teclado en los Mac equivale a volver atrás deshaciendo el último cambio efectuado sin guardar lo escrito, lo hablado, lo vivido… Siempre he reivindicado un “comando Z” en la vida. ¿Se imaginan lo felices que seríamos si, en el momento de arrepentirnos de una acción u omisión, pudiéramos chasquear los dedos y volver al minuto anterior sin dejar rastro de nuestro error? ¿Se imaginan cuántos malentendidos nos habríamos ahorrado? ¿Cuántas lágrimas perdidas? ¿Cuántas batallas no ganadas…?

Las personas deberíamos tener derecho a volver atrás, a borrar el equívoco, a eliminar el whatsapp. Bueno, esto ya existe. Esta aplicación de mensajería nos da ahora la oportunidad de borrar un mensaje en los siete minutos siguientes, mientras el receptor no esté on line. E incluso de forma inmediata, si se trata de un archivo que se está enviando en ese segundo. Requiere destreza y rapidez para cancelar. Pero se puede. Dios, a través de la Santa Iglesia Católica, también nos da derecho a arrepentirnos. Podemos reconciliarnos con Dios, nuestro prójimo y nuestra propia conciencia siempre que sigamos los pasos del santo sacramento de la confesión: Examen de conciencia, dolor de los pecados y contricción, confesión, propósito de enmienda y penitencia. Porque nos van a perdonar.

Vale, no es tan fácil en la vida humana como en la divina. Y, si no, que se lo pregunten a jueces y abogados. Pero estamos en ello. Prueba de ello es la proliferación en los últimos tiempos de legislación ad hoc: el derecho a equivocarse, con la ley del derecho error; el derecho a arrepentirse, con el Código del Derecho al Olvido, e incluso el derecho a ser libre, con la ley del Derecho a la desconexión. Lo están haciendo la Unión Europea y Francia, por su cuenta, que para algo es pionera en revoluciones de verdad. 

El derecho al olvido fue reconocido por la Unión Europea hace ya casi cuatro años para que los ciudadanos no fuéramos esclavos de nuestro pasado en las redes sociales. Significó el derecho a olvidar este pasado controlando nuestro presente, nuestra vida y nuestro pensamiento. Es el derecho a rectificar. La Agencia Española de Protección de Datos planteó la cuestión ante el tribunal europeo en Luxemburgo y le ganó la batalla al gigante Google. El denominado “derecho al olvido” es el derecho a impedir la difusión universal e indiscriminada de información personal a través de internet, cuando su publicación es obsoleta o ya no tiene relevancia ni interés público. El mes pasado se publicaba la última modificación del Código español del Derecho al Olvido. Esta batalla ganada a internet ya le ha sido muy útil a más de un político que ha sido demasiado vehemente en las redes sociales o, incluso, que ha cambiado de partido, de color y hasta de pensamiento. Pero también sirve para borrar los corazoncitos cuando riñes con tu novio.

La ley más reciente es el Derecho al error, que acaba de aprobar el Parlamento francés hace unos días. En realidad es un artículo de un proyecto ley que reconoce el derecho de los ciudadanos a equivocarse frente a la Administración Pública presumiendo la buena fe en el error e invirtiendo la carga de la prueba, que ahora recaerá en el Estado. Significa una especie de reconciliación entre el Estado francés y sus ciudadanos, como una especie presunción de inocencia o, aplicado a la vida cotidiana, una cuestión de fe. Confianza, podríamos llamarle en las relaciones entre humanos…

Otra de las leyes que podrían ir acompañadas del emoticono sonriente es la del derecho a la desconexión, también francesa. Se trata de la Loi 2016-1088, que entró en vigor hace una año, conocida como Loi Travail o Loi El Khomri, por el nombre de la ministra de Trabajo que la propuso. Aunque la ley ha sido criticada por otras razones, en su articulado permite que el trabajador pueda desconectar digitalmente durante su horario de trabajo y fuera de él. ¿Se imaginan? Durante una hora, por ejemplo, podrán desconectar todos sus dispositivos o no contestar whatsapps, emails, llamadas… Y, por supuesto, no estarán obligados a responder fuera de su jornada laboral. ¿Se imaginan en la vida diaria? Podríamos también desconectar sin que nadie se tomara a mal que no cogiéramos el teléfono o no contestáramos el whatsapp, leído o no. ¿Se imaginan sentirse libres y analógicos durante unas horas al día… con la ley de su lado?

Pero no nos hagamos ilusiones. Por mucho que se legisle aquí o en Europea, nunca contaremos con un “comando Z” en la vida. Y, nunca lo olviden, hay tres cosas que no vuelven atrás: una bala disparada, una palabra dicha y una oportunidad perdida.

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