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feria valencia

La década del desenfreno

La Fiscalía Anticorrupción lo tiene claro: el despilfarro no es delito y las responsabilidades de los exdirectivos de Feria Valencia pueden ser administrativas pero no penales. Eso no oculta el escándalo, otro más de cuando la ciudad vivía días de vino y rosas

24/03/2017 - 

VALÈNCIA.- Nada menos que 1.512 euros en taxis, 1.617 con el IVA correspondiente. Y todo en una única factura. Lo más curioso es el concepto: V Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Valencia en 2006. ¿Qué relación tenían los directivos de Feria Valencia con el acontecimiento, más allá de que tanto Alberto Catalá —presidente de la institución— como Enrique Calomarde —secretario general— tenían fama de ser personas de profundas convicciones religiosas? Otro dato curioso es que la factura cubre del 1 al 9 de junio, pero el encuentro se celebró el 8 y el 9. Es como si Benedicto XVI hubiera venido desde el Vaticano utilizando este servicio público. Una factura y muchas incógnitas... No es la única. Hay miles de ellas que saldrán a relucir en la comisión de investigación que se ha formado en Les Corts, que comenzó a funcionar el pasado 2 de marzo. 

Los exdirectivos de Feria Valencia gastaron a manos llenas. Durante los doce años en los que Alberto Catalá ocupó la presidencia, él y los demás ‘jefes’ de la institución ferial no repararon en cargar al recinto millones de euros en vuelos en primera, alojamiento en suites, regalos de lujo para políticos o entradas para la Fórmula Uno y los toros. El desenfreno no se detuvo ni siquiera cuando el desplome de los ingresos del recinto ferial por la crisis era ya más que evidente, con el consiguiente perjuicio para sus cuentas. Durante los próximos meses, decenas de políticos, empresarios y ex altos cargos relacionados con la gestión del recinto en la pasada década desfilarán por Les Corts en el intento de aclarar las causas de un hundimiento que se fraguó con la llegada de Catalá a la presidencia y de Belén Juste a la dirección general.

Alberto Catalá no era un empresario particularmente destacado en València. Su mayor logro fue heredar la firma familiar textil Rafael Catalá SA, fundada a finales del siglo XVIII y que entró en concurso de acreedores casi al mismo tiempo que Catalá tuvo que salir de Feria Valencia por la puerta de atrás. En círculos empresariales valencianos siempre se comentó que si llegó a presidir la institución ferial fue gracias a su mujer, una Luca de Tena, y a la amistad de la familia de esta con José María Aznar. El entonces presidente del Gobierno fue quien intercedió ante la alcaldesa Rita Barberá (amiga personal de los Catalá) para que lo colocara al frente de Feria Valencia.

En 2000, su primer año completo al frente, el recinto facturó 34 millones de euros y ganó 3,7. Solo la todopoderosa Feria del Mueble aportaba por entonces nueve millones de euros en ingresos, nueve veces más que en la actualidad. Durante los ejercicios siguientes, el negocio creció con solidez tanto en metros facturados como en ganancias hasta tocar techo en 2006 con 60 millones de euros facturados y 1,6 de beneficios. La Feria iba como un tiro y lo aguantaba todo. Incluso el desbocado tren de vida de sus jefes, que se emplearon a fondo en exprimir las tarjetas de crédito del recinto.

(Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza)

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