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TRIBUNA LIBRE / OPINIÓN

La extraña pareja busca trío

26/08/2016 - 

VALENCIA. Walter Matthau y Jack Lemmon encarnan un peculiar duo formado tras sus respectivas separaciones que les lleva a compartir piso. Esa es la situación desencadenante de La Extraña Pareja, comedia llevada al cine en 1968 por Gene Saks. Matthau encarna a Oscar, que reúne todos los tópicos del divorciado americano con una cocina asediada por montañas de platos sucios, botellas vacías de bebidas espirituosas esparcidas por todas las habitaciones de la casa y el salón ocupado por constantes timbas de póker. Lemmon -Felix- es el alter ego de la pareja; ordenado, sabe cocinar y limpiar hasta extremos enfermizos. De los comportamientos antagónicos de los dos personajes nacen los momentos más hilarantes de este pequeño clásico del humor de género. Ahora la política española, salvando las distancias cinematográficas, tiene entre sus intérpretes una extraña pareja formada por Mariano Rajoy y Albert Rivera.

Con su destartalada manera de hacer política, basada más en no hacer y no decir que la acción directa, Rajoy recuerda algunos modos del personaje de Matthau. “El Gran Caminante” está en su ambiente instalado en la comodidad de una inercia que le permite gobernar en funciones, batiendo records de permanencia en el poder entre votaciones desde la recuperación de la democracia en eterna transición que nos sirve de régimen. La función de Rivera es claramente la de encargarse de las tareas de limpieza, escondiendo debajo de la alfombra todos los sucios trapos de la corrupción que supuestamente acorralan al PP (en funciones o no) y que todo el mundo parece ya no recordar, mientras desde las filas populares se atribuyen a una herencia del pasado cuando en la realidad la mayor parte de las causas judiciales continúan abiertas. Antiguos compañeros de partida como Bárcenas o Fabra ya no son invitados a jugar en las timbas que se organizan en la mesa del salón y sus nombres han dejado de pronunciarse en la casa que ahora cohabita la extraña pareja, que no acaba de pronunciarse sobre la situación de otras grandes amistades de otros tiempos como Rita Barberá. La memoria es una característica muy poco ejercitada en la política española que vive instaurada permanentemente en el presente, sin pensar en el pasado o en el futuro.

"Parece claro que a nadie le gusta mucho acercarse a Rajoy, pero aun así las partes en conflicto reconocen que es él quien debe buscar a sus compañeros de viaje"

En su papel de impoluto paladín de la honestidad y la regeneración Rivera-Lemmon contribuye a lavar la imagen del siempre aparentemente descuidado Rajoy. A pesar de sus divergencias en temas sutiles de puertas hacia afuera, la extraña pareja coincide en la necesidad de convertirse en un trío para poder dejar de gobernar en funciones. Para ello reclaman la colaboración de Pedro Sánchez “El Deseado”, que aparentemente no da su brazo a torcer. España es el país del “no”, porque sabemos lo que no nos gusta pero no tenemos claro cuáles son nuestras preferencias. Parece claro que a nadie le gusta mucho acercarse a Rajoy, pero aun así las partes en conflicto reconocen que es él quien debe buscar a sus compañeros de viaje y no hacer dejación de sus responsabilidades, instaurado en su prosaico paraíso gallego de verdades sin contexto y silencios eternos que solo rompe con sus célebres frases telúricas que parecen recogidas de los diálogos de relleno de alguna comedia del absurdo. “Un plato es un plato y un vaso es un vaso”, la misma lógica aplastante deberían hacer pensar al sempiterno Rajoy y al resto de los grupos de la cámara en las matemáticas, la gran diosa de la democracia.

Saber contar, una habilidad que se presupone a todas sus electas señorías, debería haber hecho meditar sobre distintas fórmulas posibles para conformar otras “extrañas parejas en busca trío”. Parece que los tiempos de acercamiento de Podemos-Compromís al PSOE ya pasaron y nadie quiere dar un nuevo paso en esa dirección, aunque los números hablan de otra vía factible si resurge el interés negociador hacia la izquierda. Además en todas estas idas y venidas parece que hay parejas incompatibles como el Partido Demócrata Catalán con Ciudadanos, a pesar de que los primeros sí se entendieron con el PP para formar la mesa del Congreso, una extraña pareja de etérea convivencia sin aclarar qué contraprestaciones quedaron en el camino.

La tercera opción que se presenta en el horizonte también está numéricamente relacionada con un trío, en este caso de elecciones. ¿Qué mejor regalo navideño podríamos tener que acercarnos todos juntos, una vez más, al gran portal de la democracia?. Compartir la festividad de la Navidad con la gran ceremonia del voto es una nueva muestra de ingenio de la legislación vigente que depende, una vez más, de los números. Es evidente que el legislador no confió en las personas, las parejas o los tríos a la hora de redactar las leyes que nos rigen, que entregan todo el poder a la numerología y una ley electoral con una interpretación cabalística que favorece siempre a los más grandes. El desenlace del drama contendría argumento suficiente para una secuela de la cinta que inmortalizaron Lemmon y Matthau pero, sin duda, con un final mucho más abierto y evidentemente con actores de mucha menor calidad interpretativa.

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