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chapuzas de la historia

La Seu de València: colores y misterios

La Catedral de València esconde múltiples enigmas que reformulan su propia identidad. La arquitectura superpuesta ha eclipsado su particular historia y ha desatado leyendas que solo el tiempo podrá aclarar

18/03/2018 - 

VALÈNCIA.- Cierre los ojos. Visualice nuestra Catedral. Imagine los surcos en su piedra. Su historia y ajetreo. Ahora, observe el escudo de David en sus  distintos elementos. Percátese de la señal de esos arcos que ya no existen. Imagine los pasadizos secretos que recorren su interior. Están. Mire las cabezas esculpidas de origen incierto. Sin olvidar sus portadas, cada una de un color y estilo diferente: la puerta de la Almoina (románica y blanca), la puerta de Los Apóstoles (gótica y de color rojizo) o la puerta de Los Hierros (barroca y beige). ¿A qué se debe? ¿Sabía que una de las puertas no está en su ubicación originaria? ¿Se ha dado cuenta de los dibujos en sus muros? Una vez vistos, nada puede ser real a su imaginación.

La Catedral de València es una de las más fascinantes de Europa por la variedad de estilos que acumula pero de la que, quizá, no hemos reparado en torno a todos los elementos superpuestos y añadidos que han eclipsado su originalidad, aunque nos maravillen. Constituye un manual de Historia del Arte repleto de incógnitas y sorpresas, muchas de las cuales han aparecido en la última década gracias a los trabajos de recuperación y reversión efectuados en el templo. Y los que todavía están previstos que se sucedan con el objetivo de devolverla a su más auténtica fisionomía. Su propia verdad.

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Mire ahora la Catedral y confiese si la recuerda así hace quince o veinte años. O descúbrala por primera vez en toda su extensión. Es fácil ser turista cuando viajamos al extranjero, pero no tanto cuando se recorre la propia ciudad. Piense si alguna vez se ha planteado pasear por València con ojos de guiri para, simplemente, descubrir aspectos que por las prisas pasan inadvertidos a la mirada. Hablamos de rostros, rincones o espacios arquitectónicos en los que no nos fijamos. Pero están ahí, esperando.

(Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza)

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