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dibujos de ultramar

Los ilustradores valencianos hacen las Américas

27/06/2017 - 

VALÈNCIA. The New Yorker, The Washington Post o WWD no son ajenos a una cantera de ilustradores ‘made in València’ que desde hace años viene labrando pico y pala un espacio en el olimpo de los creadores que, en gran medida, se pelea en las grandes cabeceras internacionales. Aunque, a fin de cuentas, “un cliente es un cliente”, explica Paula Sanz, lo cierto es que el ‘caché’ que reporta formar parte de la lista de creadores que ha dibujado para las grandes firmas en innegable. La última incorporación es el proyecto que ha firmado Laura Pérez para The Washington Post, una portada y dos ilustraciones con las que dar forma al extra ‘Solo Travel Issue’: una guía para viajar sin más compañía que unos mismo. Aunque no es la primera vez que firma un proyecto en prensa sí es cierto que nunca lo ha hecho en el ámbito nacional, un mercado que se mueve a escala global y que obliga a los profesionales del sector a viajar –bien en persona, bien vía correo electrónico- para llegar a sus proyectos de destino.

“No he trabajado para prensa nacional, pero sí veo que cada vez más habitualmente se usa la ilustración. En el mercado americano es normal ver ríos de ilustraciones que acompañan revistas, periódicos, suplementos, webs, aplicaciones… El ilustrador está solicitado, más que aquí, o esa sensación tengo. Me da la impresión de ver muchos más trabajos editoriales en los medios americanos, por ejemplo. Pero parece que aquí va cambiando y piden más ilustraciones que hace un tiempo”, explica Pérez. Con una tirada aproximada de medio millón de ejemplares diarios, los dibujos de la valenciana forman parte del imaginario del periódico con una portada que eligieron de entre cuatro bocetos, una imagen principal al que le acompañaban una serie de viñetas que servían para ilustrar las historias del interior de la publicación. “En todas [las opciones] se trata de una mujer que viaja. En los relatos eran todas mujeres y, además, quería que fuese así desde el principio […] En todos los ejemplos traté de mostrar seguridad ante las elecciones por tomar o tomadas de nuestro personaje. Que apetezca leer el contenido, de eso se trata”.

Con la maquinaría “a toda velocidad” del periódico, Laura Pérez –que recientemente ha publicado la novela gráfica Náufragos, premio Fnac Salamandra Graphic- confiesa la “presión especial” que supone firmar para algunos de los diarios de mayor tirada en Estados Unidos, ejemplares “de consumo rápido, pero significativo”. Si la grandes cabeceras dan visibilidad, lo cierto es que también suponen la entrada a una nueva forma de trabajar y relacionarse. “Un punto importante es saber poner límites o condiciones antes de iniciar un proyecto si hay cualquier duda, para disfrutarlo más que para llevarse sorpresas”. Si la relación entre directores artísticos y su criterio es una de las cuestiones que recalca Pérez a este respecto, la importancia de una figura también es un punto importante para la ilustradora Paula Sanz Caballero, que a finales de la década de los 90 causó un gran impacto con su trabajo en el que introducía material textil y bordado.

“Los clientes grandes pueden ser los mejores, cada vez hay menos gurús de la creación, no tienen el mismo ojo o criterio […] Las grandes marcas tienen equipos equipos formados y con experiencia”, explica Sanz, que ha trabajado para firmas como Bloomingdales o Neiman Marcos  y publicaciones como The New Yorker, WWD, The Wall Street Journal o Nylon. Precisamente destaca de su generosa producción una ilustración de Gus Van Sant que realizó para esta última revista. Antes de la crisis en Estados Unidos, la cartera de clientes americanos suponía para Sanz prácticamente el 90% del total, mientras que ahora se reparte con otros países como Australia o Alemania. “Al final es un cliente, da más prestigio visto desde España. Más que a desarrollar un lado más artísticos me ha enseñado el punto de vista el negocio, empezamos todos muy pez […] Son precisos y concretos. Crees que tienes que explicar mucho pero tienen apenas diez minutos para ti, hay que tener todo muy claro”, recalca la autora, que ha exhibido varias de sus piezas originales en galerías de arte de Europa y América.

“En el briefing de la cultura anglosajona es todo claro y conciso. No se pierde tiempo ni se presta a la confusión”. Es esa “mentalidad anglosajona” una de las grandes diferencias que destaca a la hora de enfrentarse a un mercado internacional que se ha convertido en el pan de cada día para ella y tantos otros ilustradores. “Somos artistas globales”, asevera. De los periódicos que la llaman a medianoche para ofrecerle que haga una ilustración que pocas horas después se estará imprimiendo a las revistas que dan un “plazo razonable” de aproximadamente una semana. “Somos artistas comerciales, estamos acostumbrados a trabajar con presión”, explica Paula Sanz que, frente a quien pueda pensar lo contrario, defiende que “no siempre funciona la fórmula de que con más tiempo el trabajo tiene más calidad”. Si Sanz siempre ha entendido su negocio como global, lo cierto es que el papel de las redes sociales en él es innegable, para lo bueno y para lo malo.

La autora defiende de la figura del director artístico un filtro frente a los contratos por volumen de ‘likes’ que se dan en distintos ámbitos. “Vivía feliz pensando que éramos diez ilustradores en el mundo y somos 100.000, ¡muchos buenos! [ríe]”. Profeta de su tierra, la creadora, a la que el mundo de la moda le ha abierto los brazos desde que firmara para Vogue España, protagonizó la exposición retrospectiva Hombres, Mujeres, Hombres y Fábricas, que acogió en 2012 Las Naves mostrando desde su destreza con el lápiz a su capacidad de mezclarlo con el hilo. Otro de los nombres que sin duda ocupan un lugar destacado en el listado breve de valencianos que han vivido su versión del sueño americano es el de Ana Juan. La ilustradora, cuyo proyecto de exposición interactiva junto a Unit Experimental (Universitat Politècnica de València) le ha valido dos premios ADCV recientemente, es una de las firmas más destacadas que ha exportado València. 

Premio Nacional de Ilustración en 2010, concedido por el Ministerio de Cultura, fue en 1995 cuando dibujó su primera portada para la prestigiosa The New Yorker, una de las mecas para ilustrador, tanto es así que la propia Asociación Profesional de Ilustradores Valencianos (APIV) ha generado una versión online local. De entre las numerosas colaboraciones que ha realizado por la cabecera americana lo cierto es que, por su impacto social, dos de ellas han supuesto un antes y un después en su extensa trayectoria. La primera de ellas, la portada que conmemoraba el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre en el que se reflejaban unas Torres Gemelas que ya no reinaban el skyline de Nueva York. La segunda de las portadas de Ana Juan que dio la vuelta al mundo fue precisamente la que firmó justo después del atentado en la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo, un duelo que reflejaba con una sencilla pero impactante imagen: una Tour Eiffel acabada en punta de lápiz y cuya base estaba envuelta por una bruma de color rojo.

Otro de los autores históricos que ha picoteado el mercado anglosajón es Daniel Torres que pasó de estrenarse en la década de los 80 en las páginas de El Víbora a firmar para publicaciones americanas como Playboy o Rolling Stone. El autor fue protagonista hasta hace apenas tres semanas de una exposición individual que le dedicó el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), una muestra con la que el museo sigue acercándose el mundo de la ilustración y al cómic a través de una apuesta regular en su programación anual. En este caso se trata de un proyecto que reúne una selección de alrededor de cien dibujos originales y bocetos que el autor produjo para la publicación La Casa. Crónica de una conquista, editada por Norma editorial en 2015. En concreto, se presentaron completos el capítulo 19, Tres Motores, Chicago, 1918 (El Rascacielos) y el capítulo 21, La máquina de habitar (Periodo de entreguerras), además de originales del resto de los capítulos del libro.

Imposible hablar de ilustradores valencianos que hacen las Américas sin mencionar al todoterreno Paco Roca, que este año presentará la adaptación cinematográfica de Memorias de un hombre en pijama, cuyas primeras escenas se pudieron ver hace unos días en Cinema Jove de la mano de su director Carlos Fernández de Vigo y su directora de animación Lorena Ares. El Premio Nacional de Cómic ha irrumpido en el mercado de ultramar no a través de la prensa sino con doblete: cómic y película. Las alegrías que le ha dado Arrugas parecen no acabar pues Roca ha sido nominado en los prestigiosos Premios Eisner, considerados como los 'Oscar' del mundo del cómic, por la edición americana del cómic. La obra reivindica la belleza que puede tener la ancianidad y aborda, con un tono intimista y sensible, temas delicados como el Alzheimer y la demencia senil, una historia que se alzó con los Goyas a la mejor película de animación y al mejor guión adaptado con la versión fílmica firmada por Ignacio Ferreras.

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