X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

Un barco escuela a la deriva

Pascual Flores: Un delirio flotante de 4,7 millones

Desde 2009 el  pailebote Pascual Flores permanece anclado en el puerto de Torrevieja. Solo ha zarpado una vez, para hacer una revisión que concluyó que no es apto para navegar 

21/06/2017 - 

VALÈNCIA.- Torrevieja ha gastado 4,7 millones de euros en rehabilitar el pailebote Pascual Flores, una nave insignia del transporte comercial a vela que recorrió los puertos del Mediterráneo desde principios del siglo XX hasta que se convirtió en una pieza de coleccionismo. Años después de su regreso, el que iba a ser el buque escuela de la Generalitat Valenciana, y siguiendo el ejemplo de la goleta Tirant I impulsada por el Gobierno de Joan Lerma, la nave sigue varada en el puerto, sin uso, sin futuro y con un deterioro evidente: sus mástiles están carcomidos, presenta agujeros en la cubierta y su interior es un retrato abandonado de lo que iba a ser una experiencia para futuros tripulantes. Ahora, nuevos documentos demuestran que los trabajos de restauración se pudieron hacer por la mitad. ¿Por qué fue una empresa de jardinería la principal contratista? Y ¿por qué finalmente lo ejecutó un astillero de Águilas, cuando otra empresa del País Vasco estaba dispuesta  a ejecutar la reforma por la mitad?

El tráfico en los puertos medianos ha ido mutando: de la pesca y el transporte al recreo. Y Torrevieja no es menos. Solo hay que acercarse una mañana por la dársena pesquera y comprobar el trajín que todavía mueve. Entre las pocas embarcaciones que quedan de ese pasado efervescente de tráfico naval entre puertos, se vislumbra, por su singularidad, el pailebote Pascual Flores, un velero de 34 metros (8 metros de manga, 3 metros de calado y un total de superficie de 415 metros cuadrados), que fue todo un símbolo de la floreciente actividad astillera del sur de la Comunitat,  todavía hoy en el imaginario de muchos de sus nativos, entre ellos, el del entonces alcalde, Pedro Hernández Mateo, que se empeñó en recuperarlo una vez supo de su existencia.

Lea Plaza al completo en su dispositivo iOS o Android con nuestra app

Todo ese esplendor de la industria naval de Torrevieja está recogido en el libro Los últimos veleros del Mediterráneo, de José Huertas Morión. Además de recopilar toda la historia, el autor narraba su propia experiencia, pues había navegado en ese tipo de embarcaciones, como el pailebote Pascual Flores.

Según su testimonio, entre los años 1915 y 1925, Torrevieja poseía uno de los puertos con más actividad del Mediterráneo, con doscientos barcos matriculados, 64 de ellos pailebotes, con una población de apenas 6.000 habitantes. Su objetivo, claro está, era dar salida a los productos de la huerta de la Vega Baja y la producción de las Salinas, no solo por el Mediterráneo, sino también con viajes transoceánicos hasta Cuba.

* Lea el artículo completo en el número de junio de la revista Plaza

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email