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el muro / OPINIÓN

Penurias y miserias

Tres nuevos asuntos nos han devuelto a la realidad de nuestro pasado sinsentido: la dócil sentencia de la CAM, el pufo de la Fórmula 1 y sus millonarias comisiones añadidas o saber que un tercio de nuestra sociedad más próxima vive en riesgo de pobreza. La cara y cruz de nuestra auténtica realidad.

22/10/2017 - 

Durante aquellos años de vino, rosas y juergas a los “fontaneros“ del Reino Palau de la Generalitat les gustaba jugar con los medios de comunicación y filtrar o crear noticias frívolas que acababan convertidas en acontecimiento por “capricho” del destino. No eran necesarias las redes sociales. El mensaje único a través de los medios públicos más que manipulados y manipuladores acababa convertido en verdad universal. Socialmente, esa “verdad" se defendía en bares, gimnasios, mercados, conversaciones familiares de sobremesa o de padres y madres a las puertas de los colegios.

Por poner un ejemplo, recuerdo una muy interesante aunque patética, pero hoy hasta divertida. Se convenció a muchos medios de lo feliz que era en València el magnate de la Fórmula 1, el tal Bernie Ecclestone, por lo bien que se vivía aquí y le trataban. Así que, añadían, nos iba a convertir en un referente de la Formula 1 en todo el mundo, el mejor premio de la Historia del automovilismo, como si lo pagara él o fuera a perdonar el millonario canon correspondiente que le entraba sin problemas en su cuenta bancaria a partir de nuestros impuestos. Al final se nos fueron más de 300 millones. Nos decían que sería gratis total.

El propio y extinto canal autonómico de televisión RTVV, con todos los medios necesarios, le acompañó un día al Mercado Central para ver cómo se gastaba los eurillos sobrantes en gambas de Dènia que más tarde volarían con él rumbo al Reino Unido. Después ya se las mandaban directamente a su casa. Contactaba a través de esos miles de correos que ahora han servido para mostrar el pasteleo presidencial con el gambero y el pufo que nos quedó. Muchos de los del canal autonómico callaban. Cuando se vieron en el atolladero, protestaron. Hoy exigen derechos. A otros les partieron la cara que les quedaba por darla por ellos.

De gambas sabía también mucho el tal Luigi Settembrini, un italiano con fama de vividor y experto en organizar desfiles de moda al que contrataron para que montara aquí una supuesta Bienal de Arte que fue fracaso y ruina. Éramos internacionales. A él lo que le gustaba ya no era ir a comprar al Central o residir en un pisazo en la calle de la Paz con cargo a la Generalitat por su esmerados servicios y ejercicios de amiguismo. No, a él lo que le gustaba era comérselas en un restaurante de postín acompañado de atorrantes que reían sus gracias a cambio de crustáceos y buen vivir público. Había que hablar de arte, claro. Pero con mucha profundidad, aunque no se supiera ya muy bien qué era o no arte. Ni él lo sabía. Daba igual mientras cayera entre los invitados alguna que otra gamba. Hoy afirmaría que hasta su personalidad y currículum era un simple invento, un fake que se dice. Hasta un juzgado le condenó por no pagar los seis mil euros que dejó a deber a su casero por el alquiler de pisito. Por cierto, judicialmente le reclamó a la Generalitat un millón de euros ya que quedó herido en lo más profundo de su corazón cuando lo largaron.

Siempre quedará para la historia la frase de un exdirector de un museo valenciano que vino a decir algo así como que todos querían venir a trabajar a València porque esta ciudad era puntera en todo. Más bien se soltaban los billetes con ligereza. El tipo continúa de parranda institucional. No han pasado muchos años. Más bien muy pocos para tener que escribir nuestra reciente Historia, pero los suficientes para que nos demos cuenta de nuestro meninfotisme.

De momento, y esto aún va para largo, cada día nos asustamos -quien aún tiene capacidad de hacerlo- con una nueva sentencia, una investigación, el levantamiento de un sumario judicial. Forma parte de nuestra pesadilla más cercana, imborrable en la memoria. Forma parte de nuestra idiosincrasia. Como si fuéramos parte de la renovada y trastocada leyenda de Luis Candelas.

Estos últimos días nos han llegado más conclusiones en forma de aluvión. Por un lado, la pasta que recaudó el inglés comegambas quien se los/las llevaba crudos/as -cómo le reían las gracias algunos que recorrían el circuito en un descapotable-; por otro la sentencia aún recurrible de los directivos de la CAM, y más tarde el informe sobre la pobreza en la Comunitat Valenciana.

Ya saben. Del primero, las investigaciones han puesto sobre la mesa los manejes de nuestro entonces Gobierno autonómico para amañar contratos en el tema de la Fórmula 1 y recibir grandes comisiones, según la información recopilada por la UDEF, la Fiscalía Anticorrupción y el Juzgado número 2. En el segundo caso ya existe condena contra algunos exdirectivos de la CAM por maquillar cuentas y efectuar una gestión sin escrúpulos que ha arruinado a muchas familias. Fue políticamente saqueada. 

La Caja de Ahorros que repartía sueldos millonarios, dietas y prebendas entre sus ejecutivos y consejos de Administración presentaba al Banco de España beneficios de hasta 39 millones de euros cuando tenía pérdidas superiores a los mil millones y un ratio de morosidad del 19%, según los tribunales Aún han salido bien parados, y muchos exonerados o escaqueados. Las condenas parecen un premio para estos que, según iban confesando, no se enteraban de nada porque sus cargos eran honoríficos o de representación. Un estilismo diseñado por la exministra Ana Mato o la mujer de Luis Bárcenas, entre otros.

Pero lo más serio ha sido comprobar cómo mientras unos iban a arruinando instituciones, comprando gambas o negociando comisiones, al mismo tiempo hundían poco a poco a una sociedad hoy absolutamente desmoronada, al menos un tercio de ella. Aunque se nos transmitiera como mensaje universal ser los campeones.

Sin embargo, y tras esa política de tierra saqueada que no debemos olvidar, lo preocupante es ser plenamente conscientes de que un millón y medio de personas vive hoy en riesgo de pobreza en la Comunitat Valenciana, aquel paraíso de bonanza y envidia nacional. O también que ya estamos por encima de la tasa media de pobreza de España cuando hace apenas pocos años desde nuestra RTVV nos intentaban convencer de lo importantes que éramos en el contexto europeo.

Asústense, sí. Según el VII informe El Estado de la Pobreza y exclusión social en España 2008-2016 presentado el pasado lunes, la Comunitat supera en 2,6 puntos porcentuales la tasa media de pobreza en España, 27,9%, y es la séptima más alta. También es la octava autonomía donde más ha crecido la pobreza y exclusión en el periodo 2008-2016 al pasar de 1.383.140 personas en riesgo a 1.512.790. Es más, un 24,4% de personas en la Comunitat, 1.210.232 personas, vive bajo el umbral de pobreza -con menos de 684 euros al mes-, frente al 25,3% de 2015 y el 26,2% de 2014. ¿Les parece poco? Ser actualmente entre nuestros jóvenes mileurista temporal es un privilegio.

¿Es o no para sacar conclusiones y no cansarse de exigir responsabilidades políticas y judiciales durante toda la vida? Es fácil comprender por qué nadie quiere dotar de medios a la Justicia para que pueda actuar con mayor profundidad y rapidez. Muy fácil: la culpa era de las mariscadas.

Espero que en la nueva À Punt cunda el ejemplo y nos lo muestre.

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