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Séniores: emprendedores ‘amb trellat’

Cerca o sobrepasando la barrera de los 50 hay todo un mundo de emprendedores. Nos acercamos a tres perfiles muy distintos de la denominada silver economy. Suman experiencia y han abrazado la tecnología para adaptarse o cumplir sueños. Aportan sensatez a la burbuja emprendedora y apuestan por la intergeneración en los proyectos. Su desafío, el más común de los mortales: Financiación

27/05/2017 - 

VALÈNCIA.-Hay decisiones vitales que uno no aplaza, circunstancias que te empujan a ser creativo y sueños que cumples. Los 50 tienen ese regustillo a frontera entre demasiado mayor para hacer gilipolleces y demasiado joven para jubilarse. El coco está en un momento dulce y piensas que ha llegado la hora de disfrutar. Todo eso, y mucho más, ha entrado a convivir dentro de una burbuja emprendedora promovida por la crisis y por el deseo de hacer lo que uno quiere. 

Dice Prudencio López, mentor y coordinador de la red Seniors Vida Sostenible que «a esta edad nadie quiere socios. Se trabaja por proyectos». Pero la vida para la que fueron educados los nacidos en la década de los 60 es la que realmente ha dado un vuelco. La idea de prosperidad profesional, la que venía anclada al hecho de trabajar en un mismo sitio hasta tu jubilación se fue al garete o  por el váter, depende de cómo y dónde te pillara el 2008. 

Así que la efervescencia emprendedora tocó con su varita a todas las edades. Hoy el grupo de los seniors va ganando posiciones. El último estudio de GEM (Global Entreneurship Monitor) sobre emprendimiento ha revelado que el número de adultos mayores de 50 que trabaja por cuenta propia supera al de los jóvenes de entre 18 y 29 años. 

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Las iniciativas de Teresa Más, Rafa Bernabeu y Mayte Botella son tan dispares como sus motivaciones para poner en marcha sus proyectos. Las diferencias que viven como profesionales en sus distintos sectores —moda, audiovisual y agroecología— no esconden problemas comunes y situaciones muy parecidas a las que se enfrentan cada día. Entre los denominadores comunes está el sentido común, el trellat que imprimen a sus empresas a las cuales les dan una mayor continuidad, según las estadísticas, respecto a sus colegas noveles.  

Entre los sueños y la necesidad

Teresa Mas vive en Elche y trabaja en un despacho por las mañanas. Hace ahora justo un año puso en marcha Lasseda. Bajo esta marca crea y comercializa bañadores y bikinis para mujeres mastectomizadas. Su motivación viene de su propia experiencia, la financiación son sus propios recursos y su pasión camina con una clara vocación social. «Todo lo que había era muy clásico. Siempre me ha gustado la moda y empecé a hacerme mis propios bañadores», explica esta emprendedora de 56 años.

Sus ventas son pequeñas. «En breve sacaré la nueva colección. Ahora tengo unos veinte modelos», indica de manera autodescriptiva. Y aunque la venta online es uno de sus canales de comercialización, Lasseda S.L. va unida irremediablemente a una historia personal. «He ido a hablar con asociaciones y en abril estuve en Tenerife participando en un desfile. Esto me ha dado energías nuevas», apunta en clara alusión a los sinsabores con los que se topa cada vez que toca una puerta. 

Los tres emprendedores tienen motivaciones muy distintas, pero todos han sobrevivido a su primera año

Además de colores vivos y líneas divertidas, el valor que aporta Teresa a este tipo de prendas es que cuentan con un bolsillo en la parte superior que permite que la prótesis mamaria quede sujeta y da opciones casi personalizadas. Sus colaboradores principales los tiene en su familia —su hija—, aunque profesionalmente está contando con profesionales para web, patrones y materiales. Su inversión ronda los 25.000 euros en un año. En el haber, pasar la barrera del año de vida.

Rafa Bernabeu responde a otro perfil, quizás el más habitual. «Siempre he sido una persona creativa. Estaba en Canal 9 y me la cortaron. Tuve que buscarla en el marketing online», comenta. El resultado es Brantube, una plataforma para youtubers y empresas que buscan a este tipo de influencers que opera desde junio de 2015. Reconocida como mejor web ese año por el desaparecido diario La Verdad, este excámara de la televisión autonómica es un ejemplo de transformación digital. 

Su facturación va por meses y su financiación es exclusivamente propia. «Yo no valgo para reponedor de Mercadona. Después del cierre, me salió hacer un vídeo para un banco y vi que había hueco en el videomarketing», cuenta Bernabeu. En la actualidad, trabaja bajo la forma jurídica de autónomo desde Alicante. 

Por otra parte, está Mayte Botella como promotora de Tolomó Bio S.L. Durante toda su primera fase profesional se dedicó al marketing de ventas y a formar a personal de bancos. Los aeropuertos eran su segunda casa y decidió parar. La motivación vital es básica en este perfil emprendedor. Con 47 años, esta aspense se ha metido de lleno en un sector con escasa presencia femenina. Pero a Mayte no le molesta nadar contracorriente, sino contra la discriminación. «Soy hija de agricultores y tras años viajando, pensé que era el momento de aterrizar. Me tomé seis meses sabáticos y decidí volver a mis raíces», expone. Tolomó Bio cuenta con 45 hectáreas de cultivos entre Alicante y Murcia; factura 200.000 euros por año, pero como dice Mayte: «Luego con 10.000 te paralizas y hay meses buenos y meses no tan buenos». 

Hoy comparte sociedad con su hermana, cuenta con seis trabajadores fijos y quince eventuales, más una red de una docena de colaboradores. Ha recibido distintos premios como el de Innova Emprende de la UMH y de su bautismo como emprendedora sénior destaca los problemas derivados de la sobreformación y la magnífica ayuda que le ha proporcionado la «mentorización» de la EOI de Alicante. 

Salto de obstáculos

Ante la pregunta, ¿creéis que la edad es un obstáculo para emprender? La respuesta es rápida, rotunda y coincidente: Sí. «Si fuera hípster, vendería más», asegura Rafa Bernabeu. «Y yo rastas», añade Mayte, «hasta me da rabia el tema de los premios». Todos coinciden en señalar que las ayudas parecen enfocadas a una población de menos de treinta años. 

A los comunes y habituales obstáculos de iniciar una actividad, estos emprendedores seniors coinciden en sufrir discriminación por razones de edad. No solo son los premios en referencia al sector público, es también en las aceleradoras privadas. «A mí, me han dicho que mi proyecto era bueno porque está enfocado a gente muy joven, pero decirme que no les intereso por mi edad», explica el fundador de Brandtube, «da igual que tengas ganas. Eso no te lo valoran». «Ser emprendedor lo marca el carácter, no la edad», puntualiza Teresa Mas, la más veterana del grupo y la que se dirige a un nicho de mercado muy específico. «En mi caso, la gente se guía mucho por las marcas. Luego se quejan de que lo que hay es muy clásico, pero cuando propones algo distinto es complicado hacerte un hueco. Yo no puedo hacer donaciones, que es lo que hacen las grandes compañías en los desfiles».

Para Mayte Botella, «hay muchos tabús que romper todavía». Ella ha chocado varias veces con el muro público. Dentro del desarrollo de agricultura ecológica, su empresa ha apostado por una línea de defensa bio. «Estoy haciendo investigación y eso te lo valoran, pero luego no se traduce en ventajas de infraestructuras o de otro tipo. Al final, me he creado el equipo, porque he visto que nadie me ayuda. Pienso que la agricultura tiene retraso en muchos aspectos y dónde está la gente joven».

Ninguno tiene problemas en trabajar o colaborar con profesionales más jóvenes. «Los youtubers son gente de 14 años en adelante. Algunos utilizan este canal para sacarse un dinero extra y me alegra poder ayudarles a encontrar trabajo», revela Bernabeu. Teresa Mas cuenta con su hija y con otra gente más joven —modelos- para su empresa; sin embargo, los planteamientos emprendedores intergeneracionales son escasos, al menos en opinión de estos tres seniors. Su trayectoria se ha visto a menudo atizada por el rechazo inicial. 

Su experiencia trae frases como «ahora sé lo que quiero, aunque suene egoísta»  de Mayte. Puede que sean emprendedores sérniores, sus proyecto no lo son, al menos cuando ellos lo cuentan. 

Informe GEM: los seniors son los emprendedores con más peso

 VALÈNCIA.- El estudio se hizo sobre una muestra de más de un millón y medio de adultos de entre 18 y 80 años en 104 países, con datos recopilados entre 2009 y 2016. El Informe señala que las cuestiones relacionadas con la actividad emprendedora en edades avanzadas afecta a más de 1.200 millones de personas.

Destaca que el 18% de los adultos de entre 50 y 64 años y el 13% de los que tienen entre 65 y 80 años son trabajadores por cuenta propia en comparación con el 11% de los jóvenes entre 18 y 29 años y el 18% de las personas de mediana edad, de 30 a 49 años.

El emprendimiento sénior es más elevado en África o en América Latina y el Caribe que en Europa, por lo que, según el GEM  «los niveles de actividad emprendedora son normalmente más altos en las economías impulsadas por factores de producción que en las economías impulsadas por eficiencia o innovación, entre las que se encuentra España».

Los mayores de 65 años son un poco más propensos a ser empresarios que los otros tres grupos de edad. Esto sugiere que las personas pueden retirarse del empleo como empleados o como autónomos, pero pueden querer continuar emprendiendo con un objetivo social o comunitario. Este punto es muy interesante, porque el emprendimiento social se relaciona a menudo con los jóvenes por su carácter idealista.

En todos los grupos de edad, la motivación más habitual para emprender es la necesidad para las mujeres, con especial atención a las seniors; mientras que los hombres lo hacen por aprovechar una oportunidad.

Mientras los jóvenes emprendedores apuestan por el autoempleo, los empresarios seniors son ligeramente más propensos a emplear a más de cinco personas.

El úlltimo estudio GEM sobre emprendimiento en la Comunitat Valenciana (2015), indicaba que el perfil de los emprendedores quedó modificado tras la crisis. Así, la edad promedio es similar en la etapa de intención de emprender y en la de actividad emprendedora (39,9 y 37,9 años respectivamente). Además, una vez se alcanza el grupo de consolidados, la edad promedio se sitúa en un tramo superior (47,9 años).

*Este artículo se publicó originalmente en el número 31 de la revista Plaza

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