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grand place / OPINIÓN

¿Y qué hay de los autogolpes…? (Maduro III)

15/08/2017 - 

VALÈNCIA. Sigo negándome a hablar de Maduro y de lo que pasa en Venezuela, porque de eso ya se encarga el resto del mundo. Así que seguiré con mi lista de amigos y vecinos. Esta vez le toca a Turquía, de rabiosa actualidad tras la detención en Barcelona por la Interpol de un “peligroso” periodista turco-sueco. A las ordenes de Erdogan, la policía española le arrestó hace unos días y permanece en prisión a la espera de ser extraditado a un país que se llama democrático porque celebran elecciones. Éstas sí que valen; las de Venezuela, no.

El presidente turco Tayyip Erdogan es sospechoso de auto declararse un golpe de Estado. Esta frase, que parece un sinsentido, obedece a lo que en ese país está ocurriendo desde que comenzó su deriva islamista. Con el ejército dividido y presto a rebelarse en cualquier momento, el Gobierno turco no desaprovechó la ocasión de oro que le brindaba la pequeña revuelta del 15 de julio de 2016 para rematar la purga de militares, funcionarios y periodistas que necesitaba para seguir reinando a placer.

Esta vez ha sido más sonado porque le ha tocado a un ciudadano europeo. El escritor sueco-turco Hamza Talçin escribe desde Suecia en una revista mensual de orientación socialista llamada Odak Dergisi (Focus), que se publica en Estambul. Vive en Suecia desde 1984 y no ha pisado su país desde 1998. Su delito: insultar a Erdogan. ¿A esto se llama libertad de prensa? En un país democrático, cuando alguien insulta a otro en un medio de publicación o en la calle, se le lleva a los tribunales. No se le detiene y se le mete en prisión. Pero esto no ha pasado en Turquía. Lo más grave es que ha pasado en España, donde debería haber gozado de la presunción de inocencia o de la protección de un ciudadano europeo, ya que el periodista tiene la doble nacionalidad.

Para curarse en salud, Erdogan también le acusa de “tener vínculos terroristas” con el grupo ilegal de extrema izquierda Partido-Frente Revolucionario de Liberación Popular (DHKP-C). A este profesor y escritor, amigo del fallecido Stig Larsson, autor de la trilogía “Millenium”, se le acusa de organizar actos terroristas y de liderar desde el exilio a un grupo marxista-leninista turco.

Ante lo absurdo de la situación, ya que ha sido la Audiencia Nacional la que decretó prisión para el periodista, el Defensor del Pueblo español ha actuado de oficio expresando su “preocupación” al Ministerio de Justicia. Nuestro Defensor, Francisco Fernández Marugán, lo hace público a través de un comunicado de prensa: “Son de público conocimiento las detenciones masivas de miles de personas en los últimos meses y, específicamente, las medidas represivas adoptadas contra periodistas”, refiriéndose al régimen de Erdogan. También recuerda que, según sentencia del 6 de septiembre de 2016 de la Gran Sala del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, España no podrá extraditar al periodista a Turquía sin el acuerdo de Suecia, país cuya nacionalidad también ostenta Hamza Yalçin.

Vamos a recapitular, pero sin hacer sangre. Tras el golpe-autogolpe de hace un año, Erdogan decretó el estado de emergencia en Turquía y suspendió la Convención Europea de Derechos Humanos. Desde entonces, se han cerrado 170 medios de comunicación y, en la actualidad, hay 164 periodistas detenidos. Durante estos días, la policía de Estambul ha iniciado una operación en la que ya hay detenidos otro 35 periodistas acusados de golpismo. Y no hablemos de los miles de funcionarios y de militares detenidos, en prisión o expulsados de sus puestos, entre ellos, muchísimos profesores.

La actuación de Fernández Marugán nos hace recuperar la fe en nuestras instituciones democráticas. Lo extraño es que la “preocupación” no haya partido del Defensor del Pueblo turco, que tuvo como modelo al español. Se trata de un proyecto de hermanamiento llamado Twinning y financiado por la Comisión Europea, en el que funcionarios públicos españoles viajaron a Ankara entre 2014 y 2016 para enseñarles modales y democracia al Ombudsman turco. No parece que con mucho éxito. Pero esto aquí no importa mucho, mientras Maduro siga convocando elecciones en Venezuela… Y Trump, nuestro viejo amigo, ¡declarándole la guerra!

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