EL TINTERO / OPINIÓN

23-F, la política (como España) es berlanguiana

La Gala de los Goya se celebró en Valencia, sí, pero como denunció el hijo del gran Berlanga, apenas un par de detalles nos recordaron que en Valencia y en España, la fiesta del cine debería llevar el sello y el nombre de Luis García Berlanga. Pero tranquilos, la política le rinde un recuerdo y homenaje constante.

23/02/2022 - 

El terremoto político en la dirección nacional del PP y en la estructura del partido ha copado de manera total (y quizá excesiva) las noticias en todos los medios. Vaya por delante, querido lector, que cuando esté disfrutando de esta columna tal vez Casado ya no sea el presidente del PP pero en cualquier caso los hechos que estamos viviendo estos días forman parte de nuestra particular manera de ver, entender y contar las cosas. La crisis del PP parece que sea el fin de los tiempos y que refleje un partido débil, podrido y sin capacidad para alcanzar el poder y gobernar España. Y esto se repite unas cuantas veces no sólo desde la oposición política sino desde la mayoría de medios de “información” y así todo está en orden. Podemos añadir a la receta algo de Aznar, la guerra y si quiere que sea muy sabroso que Franco se de una vuelta por si acaso.

El suceso que ha desencadenado esta situación parece ser que es una maniobra de espionaje interno para dañar y laminar a la verdadera líder popular en los dos sentidos, del partido y del pueblo de Madrid, al menos, que es Díaz Ayuso. Es algo que además de feo parece surrealista y suicida puesto que la tendencia de una familia y también de un grupo que tiene un proyecto común y compartido es protegerse y como dicta la sabiduría popular y tantas veces repiten los mayores, “los trapos sucios se lavan en casa”. Pero la maldad y la ambición de poder no están parejas a la inteligencia y a la humildad esperables de un buen líder y sobre todo una buena persona, de ahí que los hechos son los que todos conocen y a estas alturas de este 23F particular para el PP puede que el partido esté más roto si cabe.

La cantidad de información que vemos y escuchamos en estos tiempos, junto a la falta de reflexión y estudio de la historia, nos suele hacer perder la perspectiva real de los hechos. Esto no es la primera vez que ocurre, pero no sólo en el PP sino en otros partidos, y no hace falta echar la vista atrás en demasía. Nadie se acuerda que al actual presidente del gobierno y secretario general de los socialistas salió del PSOE allá por octubre de 2016 de la peor manera y tomó el mando una gestora, el partido estaba roto y la iniciativa personal de Sánchez con la ayuda de Redondo y el surrealismo de la sociedad española, hicieron la magia y ahí tenemos a nuestro modelo paseando con esa mezcla de soberbia y chulería y encima viendo como se queda sin enemigos.

La lucha fratricida en los partidos políticos es algo que viene de antiguo, siempre ha ocurrido y por desgracia ocurrirá. Ahora suena casi anecdótico, pero UPYD que en un momento pareció una alternativa a ser el tercer partido nacional acabó unos meses antes que la crisis del PSOE con una Rosa Díez que abandonó y pidió que se disolviera el partido que ella había liderado. Lo de Ciudadanos y Rivera nos queda más cercano, pero tampoco fue un final feliz, a finales de 2019 dimitió el que en un momento parecía llamado a ser el presidente del gobierno, liderando una fuerza de centro, emulando la figura del joven Adolfo Suárez en la transición y ahora ha salido con relativo escándalo del despacho de abogados donde recaló al dejar la política. Hay muchos ejemplos de caídas en picado, de luchas intestinas y de situaciones calamitosas que trasladan como los representantes públicos adolecen de la virtud que desearíamos que tuvieran y van sobrados de vicios muy humanos.

El calendario hace que quizá el día en que abandone la política o de un paso más hacia su salida, el presidente del PP coincida con el aniversario del fallido golpe de Estado en un lejano 23 de febrero de 1981, un día en que por unas horas la democracia pareció peligrar en España. Más de cuarenta años después no estamos en la misma situación pero tampoco hemos logrado una nación con las instituciones suficientemente fuerte e independientes del poder político, la ley electoral otorga un exceso de representación (y poder) a los nacionalistas que pretenden romper la unidad nacional y la injerencia del poder ejecutivo en los otros dos poderes del Estado es excesiva, ojalá estas crisis sirvan para revitalizar los partidos que actualmente están en la oposición, para encontrar liderazgos claros y fuertes y para recuperar la necesaria estabilidad política e institucional. Mientras, recordamos las geniales películas de Berlanga y me imagino que desde el cielo disfrutará viendo a sus actores haciendo tan buen papel.