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PRESENTACIÓN DEL LIBRO 'POSADAS, FONDAS Y HOTELES'

Alicante, 200 años en busca de su identidad turística

Cuando estamos a punto de terminar la segunda década del siglo XXI, la ciudad de Alicante, sus agentes turísticos, hosteleros y políticos siguen dándole vueltas al modelo de ciudad, al modelo de turismo y al tipo de viajeros que quieren en sus, hoteles, calles y playas. Algo que no es nuevo, y que ya ocurría hace unos 200 años. Fue cuando la ciudad comenzó a atraer visitantes de otras partes del país. La línea férrea Madrid-Alicante inaugurada en 1858 le dio el impulso definitivo a este sector. El libro “Posadas, fondas y Hoteles” de Caridad Valdés,  recorre la vida de los hospedajes alicantinos desde comienzos del XIX hasta mediados del sigo XX. Un libro que,  centrado en los personajes que se convirtieron en los primeros empresarios del sector (posaderos, fondistas  y primeros hoteleros) y que pusieron los cimientos del tejido hostelero de la capital

10/02/2017 - 

ALICANTE. La ciudad de Alicante comenzó a atraer a viajeros de manera continuada tras la definición de la provincia como tal allá por 1822 y que posteriormente la convertiría en capital de la misma. Pero fue tras la finalización de la línea férrea que unía la capital de España, Madrid, con Alicante, cuando se produce la primera llegada en masa de madrileños, sobre todo viajantes y nobles, a la playa. Ya que dicha línea férrea fue la primera que unió la capital del país con la costa mediterránea. Décadas antes los alojamientos de la capital habían comenzado a proliferar, serán las primeras posadas y fondas. Según las investigaciones realizadas durante cuatro años por Caridad Valdés, Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Alicante, apenas hay datos de estos establecimientos hasta comienzos del siglo XIX. Valdés denomina estás primeras posadas que databan de muchos años antes como posadas legendarias.  Estas posadas legendarias pertenecían a familias de nobles y a la primera alta burguesía alicantina, establecimientos como la posada de José Senabre, la del Sol, la de Pascual de Bonanza, o la de Balseta y que existían desde el siglo XVII y comienzos del  XVIII. “Establecimientos que regentaban o se alquilaban ya a   profesionales. Algunas de ellas ya existían en el siglo XVII, y siguieron funcionando hasta el siglo XIX, y sobre todo estaban ubicadas en la acera oeste de la Rambla, en los aledaños del teatro y calles adyacentes como la calle Bailén, también alrededor del ayuntamiento, en la plaza de la Santa Faz.”  

Mientras que en las entradas de la ciudad, arrabal Roig, barrio de San Francisco, barrio de San Antón, los establecimientos de hospedaje eran algo diferentes ya que tenían amplias caballerizas. La autora recoge en su libro como la condesa d'Aulnoy definía uno de estos establecimientos a finales del siglo XVII: “Cuando se llega abrasada por el sol (…) ni se haya puchero en la lumbre, ni un plato fregado,  se accede a un patio y se sube por una escalera tan estrecha y difícil como una escalerilla de mano, el patio está lleno de mulas y aperos, el huésped es guiado a su aposento. Las camas no tienen colgadura (…)  las sábanas del tamaño de una toalla, las toallas poco mayores que un pañuelo de sonar...” Lo que nos hace entender como fueron cambiando las cosas a partir del siglo XIX.

Estos establecimientos se fueron profesionalizando al atraer Alicante cada vez a más a viajeros, a los primeros turistas que venían a la ciudad a disfrutar de las playas y del sol, gracias, como hemos apuntado antes, a la llegada del ferrocarril, esto sería ya en la segunda mitad del siglo XIX. Y ya entonces algunos periodistas y viajeros recogían en sus diarios y escritos que la ciudad era poco atractiva más allá de la Iglesia de San Nicolás. Según la autora fue en estas últimas décadas del siglo XIX cuando va cambiando la orientación de los establecimientos de hospedaje de la capital.  “Comenzaron los baños de mar, y comenzaron a llegar los viajeros para quedarse en la ciudad con la llegada del tren. La gente ya no venía a Alicante de paso, sino a disfrutar de sus playas y de la ciudad. Así que comenzaron a proliferar las casas de huéspedes que se convertirían finalmente en fondas. Las casas de huéspedes solían ocupar una planta de los edificios, pero a finales del XIX se fueron ampliando. Eran famosas la fonda de Bossio, la del Vapor (que se convertiría posteriormente en el hotel Palace) y la del Ferrocarril. Estos lugares comenzaban a cuidar la comida, el servicio de habitaciones y la atención al cliente. Se ubicaban en la fachada marítima y los alrededores del Teatro Principal”.

Fue entonces cuando el incipiente sector turístico comienza a demandar a las autoridades que la ciudad tuviese atractivos que hiciesen al visitante quedarse en la ciudad en otras épocas del año, no solo en verano aprovechando la buena temperatura. “Ya por entonces se promueve que la imagen de la ciudad cambie, que sea atractiva para el viajero, que el visitante  tenga cosas que hacer en la ciudad, como por ejemplo visitar museos, que no solo sean los baños de mar el atractivo de la ciudad. Así que surgieron diferentes ideas como  establecer excursiones hacia la marina de Elche, el uso del Castillo de Santa Bárbara, y las fiestas, que también fueron un elemento de atractivo turístico.” Incluso se proyectó un funicular que uniría la explanada y el castillo de Santa Bárbara. Pero el salto definitivo en cuanto a la promoción turística de la ciudad se dará con el inicio de las hogueras a partir de 1928, el golpe definitivo de cara a la atracción estacional de turistas a la ciudad. Fue durante las primeras décadas del siglo XX cuando tienen su apogeo  hoteles como el Reina Victoria (antigua fonda de la Marina), el Palace, el Gran Hotel Iborra... 

Durante estos años se pensó construir un palacete para que viniese aquí el rey a pasar el verano, así se pretendía atraer a parte de la nobleza durante la época estival a la ciudad, pero se desechó por falta de financiación. La idea principal durante las décadas previas a la guerra civil fue la construcción de un gran hotel al lado del mar: el hotel balneario. Se intentó en tres ocasiones y se levantaron planos, pero las tres ideas fracasaron. No será hasta 1965 que se construya el hotel Carlton cuando la ciudad tuvo su primer gran hotel frente a la playa. Y es en este momento cuando termina el recorrido de la autora por las posadas, las fondas y los hoteles de la capital de la provincia.

El libro de Caridad Valdés fue presentado en la sede del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, de la capital, que se ha encargado de la edición de la obra. Al acto asistió el director del Patronato Provincial de Turismo Costa Blanca, José Francisco Mancebo quien destacó que “el retrato que nos hace Caridad, no es un retrato solo de la oferta de hospedaje de la ciudad sino que lo vincula directamente a las personas, a quienes regentaban los establecimientos. Detrás de los datos están las personas que soportan o han soportado esos negocios. La visión humanitaria que hay detrás de aquellos que regentaban las fondas, las posadas o los hoteles, es lo que define este libro. El turismo es el negocio del ocio, es un negocio del cual participan personas para posibilitar experiencias de otras personas”. Entre los asistentes había familiares de los primeros propietarios y regentes de las fondas y posadas, y que han aportado algo de documentación a la autora para la realización de este libro que es el resultado de un trabajo de cuatro años.

A través de los datos biográficos de posaderos, regentes de fondas y casas de huéspedes;  de los escritos de viajeros y periodistas del siglo XIX recogidos por la autora;  a través de ese tira y afloja que a comienzos del siglo XX inicia el sector empresarial turístico de la ciudad con las autoridades para generar en Alicante un atractivo más allá del sol y la playa; con todo ello queda de manifiesto que los problemas del sector en la capital, bien entrado el siglo XXI, se arrastran desde el nacimiento del turismo en la ciudad. Alicante lleva casi 200 años en busca de una identidad turística más allá del sol y de la playa, y es que hay algunas cosas que ni siquiera el paso del tiempo, el cambio de modelo empresarial y los sucesivos gobiernos han podido cambiar.

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