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autor ganador del II Premio Valéncia de novela gráfica

La Era de Acuario: un viaje fascinante en el Transiberiano de la mano del alcoyano Jordi Peidró

2/11/2020 - 

ALCOY. En toda crisis existencial la vida comienza a necesitar de un sentido extra, sobre todo cuando se llega a un punto, el que sea, y echas la vista atrás. Sueños, expectativas, ilusiones, éxitos y fracasos. Ese análisis puede conllevar una revolución personal. Álex, el protagonista de La Era de Acuario (Ed. Andana Gràfica), toma esa decisión trascendental: embarcarse en el Transiberiano, quizás el tren con más historias junto al Expreso de Oriente.

Jordi Peidró nos sumerge dentro de sus vagones, asientos y decoración soviética, en un viaje fascinante, un viaje que él conoce muy bien. "Es 2011. Al finalizar el mítico transiberiano -que he hecho con dos amigos- quiero plasmar en un tebeo algunas experiencias del que es el viaje entre los viajes", señala el alcoyano. "Al mismo tiempo, y a pesar de que profesionalmente las cosas me marchan bien, ando algo desencantado con el mundo del tebeo, pues no acabo de encontrar en él encaje a mis proyectos", explica el autor.

Pese a que Peidró viaja en el Transiberiano tiene la historia, la novela se mete en un cajón. "Así que preparo esta historia que combina un viaje físico con un viaje espiritual y en la que hago mi particular ajuste de cuentas con mi pasión de siempre. Finalmente la historia no pasa de una sinopsis y las primeras dieciséis páginas, y queda en una de esas carpetas del ordenador que muchos bautizamos como "proyectos truncados", recuerda.

Peidró gana el II Premio Valéncia de novela gráfica, y aquello es un punto de inflexión. "Retomo la idea el pasado año y la presento tal y como estaba al concurso que organiza la Institució Alfons el Magnànim de Valencia. Cuando me comunican que ha resultado el proyecto elegido me cuesta creerlo”, reconoce. “Además de la cuestión monetaria, el premio lleva aparejado la publicación, tanto en castellano como en valenciano por parte de Andana Gràfica, del libro”.

Saber de antemano que la historia se va a publicar, y que además tendrá más eco merced al premio, algo que sirve de sonoro altavoz, es todo un bálsamo para trabajar. "Esto me permite por un lado, trabajar con total libertad ya que no debo vender el proyecto a ningún editor -ya está hecho-, y por otro, cambiar buena parte de la propuesta inicial ajustándola a mi momento actual", comenta. "En estos años de mi vida, ha habido numerosos sucesos que de algún modo encajan en lo que quiero contar y decido añadirlos. Además, tener que entregar la obra acabada, seis o siete meses después, es un acicate para que se mantenga viva e ir modificando el guión incluso mientras voy avanzando con el dibujo".


El dibujante también fue parte de la maquetación de La Era de Acuario, una parte más del conjunto de la obra. "Bueno, la maquetación es un trabajo conjunto con el editor de Andana Gràfica, Miguel Àngel Giner Bou, y participo de ella porque he maquetado otros de mis libros y, sobre todo, porque voy muy apurado de tiempo por otros proyectos que ejecuto en paralelo, y esto me permite entregar casi un mes más tarde", explica.

Por desgracia, y como le ha pasado a otros muchos creadores, su obra se ha visto afectada, directa o indirectamente, por la pandemia y su crisis asociada. Y La Era de Acuario también sufrió el envite. "Como a casi todo en el mundo desde que estamos sufriendo esta plaga; mal. A pesar de estar listo a finales de febrero no se pone a la venta hasta junio, la promoción no está siendo la mejor, las presentaciones se aplazaron en su momento -ahora comenzamos a retomarlas pero con todas las precauciones y limitaciones que la pandemia conlleva...- ¿Qué puedo contar que la gente no sepa?". Y el sector, ¿cómo terminará después de todo esto? "¿La industria? Pues me parece que como la mayoría de los sectores saldrá tocada, y más la del tebeo que ya venía siendo bastante escuálida".

El protagonista hace un viaje en el Transiberiano, y el autor también, quizás haya algo de autobiográfico, de autorreferencial. "Siempre comento que el personaje no soy yo, que él vive una aventura, por momentos disparatada, por momentos trágica, por momentos emotiva, distinta a la que yo viví", señala. Aun así, Peidró pudo vivir en primera persona lo que era viajar en él, no se documentó con fotos, libros o documentales, algo que lo convierte en más realista. "Realiza un recorrido físico similar al mío, visita lugares que yo visité -y a partir de fotos del viaje los reinterpreto- y conoce gente que se parece, sospechosamente, a gente con la cual me cruce".

Sin embargo el autor admite que, "su viaje interior sí tiene puntos de contacto evidentes con momentos de mi vida, con mi forma de pensar, y sobre todo con ese mensaje último que transpira por todo el libro; ahora y siempre lo importante es vivir el momento y hacerlo de forma intensa".

El lenguaje del cómic le viene como un guante a la historia, te introduce en ella viñeta a viñeta, con sus dibujos tan cartoonianos. "La imagen, como en el cine, sugiere pero con el añadido de que en los huecos entre las viñetas, lo que allí sucede lo coloca el lector”, apunta. “El formato libro ayuda a cierta intimidad entre quien narra y quien lee, pero además permite avanzar a este último con un ritmo propio. Y después, es obvio, todo cabe en la página".

El cómic es un formato donde el único límite es la imaginación del autor, no el presupuesto. "Cualquier cosa que la imaginación te permita. Mis hijos se están iniciando en el mundo del audiovisual y topan con obvios problemas de producción, de casting, de escenarios... Yo bromeo con ellos y les digo que en un tebeo cuesta lo mismo un beso que la batalla de las Ardenas", comenta y remata explicando que, "para mí, por sus posibilidades, es uno de los lenguajes más ricos para narrar cualquier tipo de historia".

El trazo me parece sencillo pero también especial para esa sensación de dibujo animado. "Venía de doscientas páginas de mi anterior libro, "Esperaré siempre tu regreso", donde narraba la estancia en Mauthausen de un ilustre paisano mío; Paco Aura. Estoy enfrascado en otro tebeo sobre la guerra civil y vuelve a ser un grafismo muy similar. Todo esto me agobia un poco pues me siento algo constreñido. Que entre medias y gracias al premio aparezca la opción de "La Era de Acuario", me permite utilizar un estilo más sencillo, más cartoon, más libre. Y ahí voy", comenta.

Las referencias parece encontrarlas fuera de España, en el dibujo de mediado de los 40 en Estados Unidos. "Con el referente del estudio de animación de la UPA -creado por un grupo de artistas que abandonaron Disney cansados del relamido dibujo que se les obligaba a practicar-, comienzo a crear un mundo donde todo tenga coherencia interna. Y lo hago con total libertad, gráfica, narrativa, de color... Ha sido un verdadero placer", remata.

Jordi no para y sigue trabajando en un cómic sobre la Guerra Civil Española, una temática, la guerra y su entorno, que ya había visitado, pero que ahora lo hace desde un prisma más personal. “Como ya he comentado, era el proyecto que tenía en marcha y que quedó aparcado momentáneamente por "La Era de Acuario". Lo he retomado ya y avanzo a buen ritmo en él el tiempo que mis otras actividades me dejan libre”, dice. “Es una visión caleidoscópica de la guerra civil, desde la mirada de distintos miembros de la familia de mi padre donde cada uno interpretó un rol particular durante la contienda. Como siempre, no me interesan los grandes personajes de la historia, prefiero contar lo que le sucede a la gente corriente cuando se ve metida en situaciones extraordinarias”.  

El año próximo tendremos una buena avalancha de novelas gráficas, entre ellas la nueva de Peidró. "Mi idea es que esté listo durante la segunda mitad del próximo año. Siempre que ninguna otra aventura se intercale en su camino".

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