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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

'Abducted in plain sight', un documental de pederastia que parece surrealista, pero fue real

Un pedófilo de Idaho, en los 70, violó a varias niñas haciéndolas creer con unas cintas grabadas en un magnetofón que eran princesas de civilizaciones extraterrestres. Una de las víctimas se lo creyó durante años y tuvo sexo con el violador por orden de las voces, pues de no hacerlo se llevarían en sus naves a su familia. Además, el pederasta se llegó a acostar con sus padres, por separado, para que no se atrevieran a denunciarle o lo airearía. El documental si algo ha logrado es sembrar la polémica en las redes

2/03/2019 - 

VALÈNCIA. La historia está constada por las versiones de todas las personas implicadas. Es como sigue: un hombre adulto se enamora de la hija de su vecinos. Para introducirse en su familia, el tipo idea un plan infalible. Seduce y se lía con la mujer del vecino, madre de la niña. Y por si acaso quedaba algún cabo suelto, hace lo mismo con el padre. Con el marido. Le seduce y se masturban un día mutuamente en un coche aparcado. Con ese control sobre ambos cónyuges, el tipo consigue el acceso a la cría. El caso fue un escándalo en Estados Unidos cuando la familia publicó un libro con toda la historia. Porque la pesadilla en ese momento no había hecho más que empezar. 

Para conseguir acostarse con la niña, la secuestró y la drogó. La ocultó en una caravana y dejó que, cuando se despertara, se encontrarse solo un altavoz. Ahí había grabado el violador un mensaje. Era de unos extraterrestres. Le explicaban a la niña que, en resumidas cuentas, ella era alienígena y tenía una misión en La Tierra: acostarse con alguien para traer más alienígenas. En caso contrario, no solo moriría su familia. Se acabaría el mundo. El apocalipsis. 

Casualmente, la niña, al acabar el mensaje, se encontraba con su violador, que se fingía aturdido y preguntaba qué había pasado, porque les habían abducido. Fue la niña quien le explicó lo que tenían que hacer. 

Este lavado de cerebro funcionó así hasta que la niña, después de arrastrar múltiples problemas psicológicos y de conducta, a los 14 años empezó a sospechar que los alienígenas no leían su mente, que no pasaba nada si decidía no tener relaciones. El mundo no era atacado, a su familia no le pasaba nada. Hasta que comprendió que era todo un engaño. Se lo dijo a sus padres y empezó a vivir. Había pasado años atemorizada porque todos dependía de ella. 

No era una heroína anónima, sino la actriz Jan Broberg Felt. Cuando consiguieron el dossier de 900 páginas del FBI sobre su caso, madre e hija decidieron ordenarlo con sus recuerdos y publicarlo en un libro Inocencia robada, la historia de Jan  Broberg en 2003. En enero de este año ha aparecido este documental, Abducted in plain sight, de Skye Borgman, que cuenta además todo lo que ocurrió desde la publicación de las memorias hasta ahora, porque un grupo de Hell´s angels contra el abuso de menores se enfrentó a Robert Berchtold, el vecino pederasta, que atropelló a uno. 

A mitad del documental, conforme empiezan a aparecer los extraterrestres y el truco le funciona al violador, uno empieza a pensar que se encuentra ante un mockumentary o falso documental que tiene como fin probar algo sobre los espectadores, provocar a la audiencia, vaya usted a saber. Pero no es así. El libro existe en los catálogos desde 2003 y está disponible en Amazon. En los comentarios inmediatamente después de su publicación hace más de diez años aparecen familiares y un mensaje curioso, el de una persona cuyo padre se suicidó tras una falsa acusación de pederastia que arruinó su carrera como pediatra. Se queja de que las Broberg publican el nombre del acusado en todas y cada una de las páginas del libro. Otros comentaristas le acusan de tratarse del propio Robert, quien por otro lado se suicidaría un año después de la fecha de ese comentario, en 2005, tras el cara a cara que tuvo con Jan en un juzgado. 

Este libro era tan sincero porque fue una especie de terapia para superar el trauma, aunque en un principio, en la primera edición, no se incluyeron las relaciones sexuales del pedófilo con los padres. Pero durante años la cría era esquiva con sus padres por todo lo que tenía metido en la cabeza de los extraterrestres y eso tenían que sacarlo. Fueron años de dolor para la familia. De incomprensión. Un trauma. 

La directora de un documental tan complicado, Skye Borgman, ha anunciado que está reuniendo fondos para una segunda versión. El secreto de que los miembros de la familia reconozcan tan abiertamente y al detalle sus encuentros sexuales personales con el secuestrador y violador pedófilo de su hija no reside en ningún buen hacer entrevistando. Resulta que son miembros de la la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y su capacidad de perdón es obligada. Por eso Borgman quiere grabar una continuación, para analizar ese detalle. El perdón. 

Al principio, Borgman desconfío de los detalles que le dio Jan. No se creía lo de las cintas y los extraterrestres. Sospechaba que podría ser una creación para intentar eludir emocionalmente lo que realmente sucedió, la violación. Pero pronto se encontró con que había otras víctimas de Berchtold. Contactó con otra mujer a la que, mediante el magnetofón, le vendió la historia de que era una princesa de otro planeta. Era un modus operando en plena era de auge de la ciencia ficción popular. 

En una entrevista en el Vanity Fair estadounidense, la directora arrojó más detalles todavía. Por ejemplo, que Jan se quedó tan afectada después del levado de cerebro que eso le afectó en sus relaciones posteriores. No obstante, no de la manera que uno podría imaginarse, sino al revés. Jan no era capaz de mantener relaciones duraderas con otros hombros porque no veía posibilidad alguna de reeditar el amor que había sentido por su violador. Por otro lado, sí que fue capaz de desarrollar una exitosa carrera como actriz, que le llevó a protagonizar la serie Everwood y aparecer en numerosos proyectos, hasta medio centenar, según IMDB. 

Como era de esperar en estos tiempos, las primeras proyecciones del documental en Netflix (es de 2017, pero ha ganado celebridad cuando ha aparecido en la plataforma) han servido para que cientos de tuiteros insultasen a los padres de Jan por haberse acostado con el violador de su hija. La propia Jan tuvo que salir a defenderlos y pidió en E! que el público fuera capaz de ponerse en su piel, que todos ellos fueron manipulados por una mente criminal. 

En definitiva, como ocurre siempre en esta columna, cuando un documental es tan bueno le regalamos la frase: La realidad supera la ficción porque no tiene por qué esforzarse en parecer real. 

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