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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

Adiós censuras: Sexo y drogas en las series adolescentes actuales comparado con las de los 90

Eliminada la publicidad en las plataformas digitales, lo siguiente que ha ocurrido es una explosión de libertad de expresión. En series como I may destroy you, habría habido retirada masiva de anunciantes en el episodio del sexo con menstruación, igual que cuando los personajes principales hacen tríos, o como cuando consumen drogas, a veces por adicción, como en Euphoria, otras porque les gustan y se lo pasan bien. Si se comparan los argumentos con los 90, la ruptura de tabús no tiene precedentes

5/06/2021 - 

VALÈNCIA. Episodio de El Príncipe de Bel Air titulado Just say no. Will tenía exámenes y entre unas cosas y otras estaba muy estresado. Un amigo le daba unas píldoras "para mantenerse despierto" y las guardaba en su taquilla. Al mismo tiempo, a Carlton le salía un grano, buscaba vitaminas para que se le quitara, abría la taquilla de su primo y se tomaba las píldoras que encontraba. El resultado era este ciego en el que Carlton se convertía en el rey de la fiesta hasta que colapsaba y acababa en urgencias. Al conocerse el equívoco, tío Phil obliga a Will a pedir perdón a toda la familia. Pese a lo artificial del argumento, el elenco sabía lo que se traía entre manos. La serie estaba inspirada en la vida del productor, Benny Medina, que de niño había vivido en hogares de acogida y había traficado con drogas. 

En Sensación de Vivir las drogas todavía tuvieron más presencia. Kelly se enganchó a la coca en cuestión de segundos después de que su novio artista se olvidara un par de gramos en casa. Solo consigue dejarlo, después de coger el hábito de ponerse durante el día para hacer sus cosas, cuando el camello intenta violarla. Si no te mata la droga, lo hará su entorno, venían a decir. Su amiga Donna, después de un accidente de coche, se engancha a los analgésicos y, por consiguiente, a las anfetaminas para funcionar cuando no está sedada. Sufrió una sobredosis y entró en coma. Ahí escarmienta y en un primer plano recuerda a los espectadores que la droga es mala. Aunque el caso más sonado fue el de David, que se enganchó a las pastillas y fue Dylan, que tenía un pasado alcohólico, a tirárselas por el váter. A Brandon, como no quería meterse nada, su novia Emily le introduce ¿éxtasis? un polvo blanco en la Fanta. La droga les acechaba en cada esquina, había que estar alerta. 

Heartbreak High (en España, Los Rompecorazones) ha sido descrita como una Euphoria menos intensa. Su personaje estrella, Drazic, que mucho cuidado, llevaba un pendiente en la ceja, tuvo que salvar a Ryan de las drogas, ya que, como se sentía marginado en la escuela, le había dado por el speed y, como no tenía dinero para pagarse el vicio, había empezado a robar. Eso es lo que le llevó al tráfico de drogas Y esta era la serie más seria, válgame la cacofonía, que podías ver en aquella época. 

En aquellos tiempos no eran más ingenuos con las drogas. Dijo la propia Jennie Garth (Kelly) en sus memorias Deep Thoughts From a Hollywood Blonde que el equipo de producción de la serie les facilitaba todo lo que quisieran. Por las mañanas, recordaba "podría haber pedido un bagel y un poco de cocaína y no se habrían inmutado". Después de rodar, seguía, salían a beber y podían jugar al strip poker. Mientras esto sucedía, se podían emitir capítulos como Spring Dance en el que Brenda perdía su virginidad con Dylan en la noche del baile de graduación. Ojo al antes y al después, porque no hubo durante en el famoso polvo. Entre los chavales, aquel capítulo tuvo más expectación que un especial de Nochevieja de Martes y Trece. 

Son solo algunos ejemplos de algunas de las series más populares de los 90 dedicadas al público joven. Si comparamos con las actuales la diferencia es abismal. Una de las últimas y más exitosas, la creación de HBO I may destroy you, no ha dado tregua. En esta maravilla de serie se muestra, en un capítulo excepcional, cómo se las tienen que arreglar las protagonistas en un viaje por Italia para conseguir drogas. Les ofrecen ketamina, cocaína y éxtasis y parece que dicen sí a todo. De marcha, una de ellas se lía demasiado en los baños, le terminan ofreciendo unas buenas samaritanas las pastillas que llevan ellas y se pilla un ciego de los que hacen época. Mientras tanto, su amiga, a la que ya se le ha medio bajado el éxtasis que se ha comido, conoce a dos amables lugareños y se acuesta con ambos en un trío. 

La otra no llega tan lejos, la tiene que llevar a casa un chico, que es el que le ha pasado la droga, porque va como en la canción de los ilustres valencianos Wau & Los Arrrghs, Copa, raya, paliza. Al final se acuestan, pero ella tiene la regla. Cuando le quita el tampón, se le sale un coágulo, él lo toca con los dedos. Le dice que es muy suave. La serie es extraordinaria y ese capítulo, les suele como les suene, una obra de arte. Equiparable al segundo de Small AxeSon solo episodios de series, pero han sido mucho más excitantes que cualquiera de las películas que ha ido a los Oscar. 

¿Hace falta que hablemos de Euphoria? Una de las protagonistas se pone de todo lo que pilla, es adicta. Se mete en clase, en casa. Vemos cuando va a pillar. Acaba probando el Fentanilo, un opioide sintético más potente que la heroína, la droga más temida en Estados Unidos, que ha arruinado vidas a manta. Su mejor amiga es trans, como tantas personas hoy liga con apps de móvil y, precisamente, la serie empieza con ella yendo a casa de un señor mayor, que luego resulta ser el padre de un compañero de clase, que le hace sexo anal es una escena clara y explícita. Esto no salía en Friends.

Podríamos mencionar también del protagonista de We are who we are, menor de edad que cuando se siente deprimido por lo que sea se baja las botellas de whisky en posición perpendicular a la línea de tierra, pero ya debería haber quedado suficientemente claro. Ya en 2012, hubo un estudio, Sex and Spectacle, publicado en el Journal of Children and Media que aseguraba que la tendencia general en las series era a mostrar el sexo como "una diversión", algo que rompía la pauta hasta entonces que seguía dándole un carácter casi sagrado, un momento sublime, pero no lúdico. Dejaba frases como "la sexualidad femenina ya no se considera pasiva y restringida en las series adolescentes, al contrario, se ha vuelto más activa y empoderada (...) las niñas discuten confianza sobre la sexualidad, expresando deseos sexuales". 

En cuanto a las sustancias, organizaciones dedicadas a la rehabilitación de toxicómanos han advertido de que las series son más "peligrosas" que las películas a la hora de mostrar las drogas como algo atractivo o glamuroso. Sobre Euphoria, el Parents Television Council  emitió una nota protestando por el contenido de la serie, remake de una israelí, con pocos resultados. También lo hicieron, con escaso éxito, cuando en Gossip Girl hubo en 2009 un trío entre sus personajes principales. La PTC dijo que esas escenas "podrían influir a un público joven muy impresionable". Lo que tiene que hacer Olivia (Hilary Duff) procede una lista de 15 cosas que hay que hacer antes de graduarse. La escena en cuestión es tan inocente, comparada con lo que hay hoy, una década después, que en 2021 a duras penas llamaría la atención si se usase para vender desodorantes en un anuncio. 

La respuesta hay que buscarla en el vil metal, como de costumbre. Las nuevas plataformas no tienen publicidad. Les importa poco que si una protagonista se castiga la vena o reconoce abiertamente que le gusta dar sexo oral, no van a perder anunciantes. El efecto que se ha producido es el contrario del que se quería impedir con décadas de autocensura, la competencia está en la provocación, pero también en dirigirse a un público con sus mismos códigos, que no tienen por qué ser necesariamente moralizantes o impuestos desde cierta orientación. Crecer sin tabús en la adolescencia no puede ser muy negativo. Es la época en la que una persona tiene que aprender y averiguar qué es lo que le gusta y qué es lo que no, algo a lo que solo se puede llegar probando y experimentando. Nada hay más patético que quien lo descubre con 45 años. La Generación Z se enfrentará a muchos problemas nuevos, pero el de las crisis de la mediana edad no será como hasta ahora han sido.   

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