La nave de los locos  / OPINIÓN

Algunas verdades incómodas

La verdad o lo otro. Estamos acostumbrados a lo otro, a las mentiras. A convivir con el autoengaño. Así la vida se hace más soportable. Pero necesitamos que políticos honrados nos cuenten las verdades del barquero, esas verdades que nadie quiere escuchar por dolorosas

19/08/2019 - 

VALÈNCIA. El añorado y ensalzado Alfredo Pérez Rubalcaba, el Fouché español, dijo, tras los atentados del 11-M, que los españoles se merecían un Gobierno que no les mintiese. El dardo iba dirigido contra el adusto Aznar, que actuó como un patán después de aquella carnicería perpetrada por islamistas. Aznar nos mintió y el infame Zapatero, el jefe de Rubalcaba, también nos engañó negando la crisis que se avecinaba. Está en el alma de todos los gobiernos el desprecio hacia la verdad. El poder siempre miente, venga de donde venga. Miente el aventurero Sánchez, miente Jorge Bergoglio y miente Ana Patricia. Todos los poderosos son unos falsarios.  

Nos merecemos un hombre con plenos poderes (con mayoría absoluta, según el lenguaje parlamentario) que nos diga la verdad, por dolorosa que sea. La verdad está tirada en la calle, abierta de piernas, a la espera de que un hombre honrado la recoja y la pregone a los cuatro vientos. No importa quién anuncie la buena nueva. Da lo mismo que sea un primer ministro o el último de la fila como yo. Como decía nuestro querido Antonio Machado, la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. 

Hay verdades desagradables, incómodas, verdades hirientes a las que nadie quiere ponerles el cascabel para no aparecer señalado. Como un trapero que recoge cartones por la calle, yo he ido apilando verdades que no renuncio a contarlas. Y allá voy. 

La primera, y acaso la más dolorosa de todas ellas, es que España es un país sin futuro. Cuestionada como nación, no hay un Estado que la defienda en una cuarta parte del territorio: Cataluña, País Vasco, Navarra y Baleares. ¿Quién puede tomarse en serio un país en que sus símbolos —su nombre, su bandera y su himno— y su lengua común son despreciados o perseguidos? Nos merecemos ser una colonia de Francia. 

La descomposición del régimen del 78

El régimen político nacido del pacto inteligente del 78 avanza hacia su descomposición inexorable. Lo siento por el rey Felipe VI, al que presento mis respetos, pero no hay nada que hacer. Se le ha puesto cara de su bisabuelo Alfonso XIII, y en Cartagena lo están esperando para que tome el barco hacia el exilio.   

En España hay menos libertad que hace cuarenta años. Libertad de costumbres, de pensamiento y de expresión. Ojo con lo que dices o escribes porque los nuevos clérigos (o clérigas) te aplicarán el catecismo de lo políticamente correcto. Si no esto no fuera suficiente, azuzarán a la chusma para que esta, a través de las redes fecales, te queme en la hoguera. La nueva Inquisición forzó, por ejemplo, que C. Tangana fuese censurado en Bilbao, y que Woody Allen tuviese que soportar insultos en el rodaje de su última película en San Sebastián. 

 

Yo me río de las izquierdas que presumen de serlo. Porque otra verdad incómoda es que no hay izquierdas, o si las hay, no tienen la más mínima posibilidad de alcanzar el poder. Todo es derecha: derecha centrada, derecha clásica, derecha radical y extrema derecha. Más allá de la retórica para contentar a sus bases, ningún partido cuestiona el sistema. Las fuerzas nominalmente de izquierdas son lacayos de quienes dicen combatir.

Mientras tanto, el verano arroja unas cifras dramáticas de mujeres asesinadas por hombres. La Ley contra la Violencia de Género, aprobada en 2004, tan necesaria por diferentes razones, ha sido un fracaso en su loable propósito de frenar la violencia contra las mujeres. Cualquier persona de bien lo lamenta. Este fracaso deja en evidencia al feminismo agresivo que forzó leyes hasta violentar el principio de igualdad, y ha recibido cuantiosas subvenciones. El resultado ha sido un fiasco. 

Los crímenes contra las mujeres se suceden sin que se abra un debate profundo y desacomplejado sobre sus causas. La principal es el machismo pero hay otras como las drogas, el alcohol, las enfermedades mentales, la cultura y el origen de los agresores. Comprender la complejidad del problema contribuiría a solucionarlo. Pero no se hace. 

El colosal engaño de la enseñanza

Dolorosa verdad es también que la enseñanza, en sus actuales términos, es un colosal engaño. Los pedagogos han matado el porvenir de la educación en España. Si todavía alguien cree que la enseñanza pública contribuye a reducir las desigualdades, se lo debería hacer mirar. El alumno pobre seguirá siendo pobre. No le dan armas (conocimientos) para defenderse en la sociedad. Esta es la regla que impera, con las excepciones que se quieran.

Y, por último, si nacisteis en los años del baby boom, los sesenta y los setenta, haceos a la idea de que el sistema de pensiones quebrará o quedará mutilado. En el mejor de los casos cobraréis la mitad de la jubilación a la que hoy tenéis derecho. Mienten quienes sostienen que esto se arregla con la inmigración. Ayudará pero será insuficiente. España no puede sostener al tiempo un Estado autonómico y otro del bienestar. Los políticos han elegido mantener el primero a costa del segundo. Les va la vida en ello. Esto significa que tu pensión está en peligro. 

Te lo digo yo, que soy un joven temerario. Y te lo diría un hombre fuerte, refrendado en las urnas, con las manos libres para aplicar la cirugía necesaria y dolorosa para sanear el cuerpo de nación. Pero a este hombre ni está ni se le espera. España es un ir tirando, un país en permanente bloqueo, en el que los chapucillas de la cosa pública no dan con la solución y se entretienen mareando la perdiz de su soberbia mientras todo se sigue pudriendo. 

La Ley contra la Violencia de Género, aprobada en 2004, tan necesaria por diferentes razones, ha sido un fracaso en su propósito de frenar la violencia contra las mujeres