Arquitectura y patrimonio

VALÈNCIA A TOTA VIROLLA

Por una València vertical… y literal: en qué edificio transcurriría tu próxima novela

Ficción sobre la ficción. Los espacios de la ciudad donde algunos de nuestros mejores escritores situarían su próxima historia

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VALÈNCIA. No hay nada como las columnas de opinión que miran una ciudad sin condescendencia ni complacencia. Es así como se agita el tablero. Jesús Civera escribía, hace unos días, en su espacio habitual en Las Provincias, un alegato por la València vertical que creció alrededor de nosotros y que apenas tiene quien le escriba. “El abismo entre la acalorada exaltación de los amores patrios y el aliento decidido hacia la protección de los edificios que levantan acta de su memoria resulta insalvable”, dice Civera, quien observa que los personajes de nuestros principales novelistas apenas elevan la vista en su transcurrir por el plano de la ciudad.

Hagámoslo posible. Aquí un ejercicio de ficción sobre la propia ficción. Una invitación a algunas de las firmas que mejor nos representan. Una petición: al tuvieras que escribir una (otra) novela en València, concentrada esencialmente en un solo edificio, cuál sería. Coordenadas   para una verticalidad. 

Bárbara Blasco, Edificio Rialto

“Me encantaría que apareciera el Rialto en alguna de mis historias porque he pasado allí grandes momentos, en la Filmoteca (qué ciclos matutinos que nos hacían sentir como en la nouvelle vague), en el teatro, en la cafetería. Me produce mucha alegría el art déco, me parece que une sofisticación, divertimento y modernidad. No creo que pueda ocurrir nada malo en un lugar así. En ese edificio de formas ondulantes y techos abovedados situaría una escena surrealista y juguetona.

Un motivo añadido es que mi tía Cristina se encargó de la remodelación integral del edificio en los años 80 y eso hace que sienta una mayor cercanía y un orgullo infundado cada vez que entro en el Rialto”.

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Paco Cerdà, Hospital de Folls e Innocents

“En 1409. Un monólogo del pobre loco al que golpearon en medio de la calle y al que el padre Jofré vio un viernes, lo recogió y le dio cobijo. Cómo ve la vida y cómo ve a sus compañeros de hospital. Sobre todo, cómo ve a los supuestamente normales de aquella València irrepetible.

Igual lo escribo, en valenciano, allá por 2059: sería el 650 aniversario y ya estaría completamente foll a esa edad”.

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Rafa Lahuerta, Gran Vía Ferran el Catòlic 31

“He pasado 25 años trabajando justo enfrente. Me lo sé de memoria. Bajo la luz de verano, bajo la lluvia, al atardecer, por la mañana, incluso durante los meses de confinamiento por la Covid-19, cuando la ausencia de tráfico generaba una mirada diferente sobre las fachadas. Fue un edificio proyectado por Francisco Mora, el más wagneriano de los arquitectos valencianos del siglo XX. Lo conozco por dentro, así como a muchos de sus inquilinos, actuales y del pasado, muchos en alquiler de renta antigua. De hecho, las nietas y algunas de las bisnietas de Francisco Mora continúan viviendo allí. He llegado a bromear con alguna de ellas sobre la posibilidad de escribir una novela en torno a la finca, cosa que obviamente no descarto, porque nunca se sabe. En otro orden de cosas, fue el hogar familiar del actual ministro Planas durante su infancia y adolescencia. Y por si fuera poco, hay un motivo añadido: en los años treinta, antes de construirse el edificio, había un campo de fútbol en su solar: el campo de Arrancapins. A título anecdótico y personal, en el bajo comercial del edificio, en la Pastelería Durá, antes Maicas, es donde más cafés he tomado en mi vida. Sería, en conjunto, un personaje principal de esa hipotética novela”.

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Puri Mascarell, Palau del Marqués de Campo

“Pues situaría la historia en el edificio que ahora es el Museo de la Ciutat de València, en el Palau del Marqués de Campo, en la plaza de l’Arquebisbe, 3. En 1937 fue confiscado por el gobierno republicano y utilizado como sede del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, con la ministra Federica Montseny al frente, viviendo en València (en la calle Colón) y trabajando desde sus principios anarcofeministas por las mujeres y los más vulnerables. Contaría su vivencia de los meses en plena guerra en nuestra ciudad, proyectando comedores sociales para niños y mujeres embarazadas, el borrador de la primera ley del aborto en el Estado español y su deseo de acabar con la prostitución poniendo el foco en los hombres que la utilizan; es decir, temas de muchísima actualidad hoy que conectan con las luchas, todavía, de nuestro presente. Me emociona imaginar a Federica con el sueño de poner en marcha estas medidas y paseando por las calles de nuestra ciudad en plena guerra. El idealismo frente a la brutalidad. Tremendo”.

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Carles Fenollosa, edificio al final de la calle Escoles del Temple 

“Porque es un fósil estrecho con una pequeña placita mínima —otro callejón sin salida, en el fondo— antes de llegar a la derecha, claustrofóbico pero medido, y son piedras que quedan de vidas que ya no están, historias que ya solo se pueden escribir; y porque la última novela la situé en otro callejón sin salida que desapareció hace unos días, el de la calle de San Antonio; y porque, en el fondo, lo que me desgarra por dentro no es la modernidad, sino que València no haya sabido modernizarse sin malvender su alma a precio de saldo a los profetas de la globalización, y todo para convertirse meramente en un decorado, un pastiche vacío y absurdo de guías de turismo. Perdón por contar siempre la misma historia”.

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