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EN VALÈNCIA

Arte, magia y sueños alcanzados, así es ‘Kooza’ por dentro

El espectáculo del Cirque Du Soleil esta hasta el 14 de julio en València

9/06/2019 - 

VALÈNCIA. El espíritu de Kooza no solo emerge de esa caja roja que da inicio al espectáculo del Cirque Du Soleil que está en València hasta el 14 de julio. Ni la magia de ese mundo que navega entre fantasía y realidad e ilumina las sonrisas de los espectadores que ven posible lo inimaginable y encoge el corazón hasta de los más atrevidos: artistas realizando acrobacias girando en el aire una maquinaria de 725 kilos; caminando por dos alambres a casi siete metros de altura o malabares imposibles —hasta ahora—. 

No, el espíritu de Kooza también está presente en la piel de los artistas que intervienen en el show. Se palpa nada más entrar a su carpa, donde cada uno sigue su rutina: algunos levantan pesas, otros estiran mientras las contorsionistas hacen posturas inimaginables y el diábolo vuela sobre ellos. Otros se relajan en el sofá mientras ven en la tele el ensayo de sus compañeros o miran de reojo como juegan unos niños. Y en todos el mismo denominador común: Su sonrisa. 

Una felicidad que demuestra que cada uno de los 50 artistas que integra Kooza trabaja de lo que le apasiona y en un ambiente amigable. En otras palabras: una gran familia que se mueve a la par, preocupándose de los demás y cuidándose los unos a los otros, tanto en el escenario como fuera de él. Y en ese pequeño mundo en el que conviven 26 nacionalidades está uno de los tres españoles del espectáculo, Roberto Quirós, que se “juega el tipo” cada noche en un espectáculo de funambulismo a casi siete metros de altura. “Estar aquí es lo máximo, es el sueño de cualquier persona que se dedique a este mundo, es nuestro Hollywood”, sostiene con una felicidad que embriaga. 

Ser parte del Cirque du Soleil

Foto: KIKE TABERNER.

El número de Kooza lo hace conjuntamente con su hermano Vicente y sus dos primos hermanos. Él es la sexta generación de artistas de circo —la primera de ‘alambristas’— y bromea que “estoy más tiempo caminando sobre un alambre que sobre el suelo”. Podría ser porque desde los siete años lleva practicando y a los nueve ya hacía el número en altura con sus hermanos. Se esforzaba, comenta, con el sueño de llegar a lo más alto porque “sin ese sueño de aspirar a lo máximo no se puede llegar a nada”. Y así fue cómo en 2002 unos ‘ojeadores’ del Cirque Du Soleil vieron su número en Montecarlo —son los únicos españoles ganadores del gran premio de Montecarlo— y contactaron con ellos para formar parte de Kooza. Desde entonces se suben en un doble alambre en el que encogen el corazón del público con sus difíciles acrobacias, que realizan sin red durante la primera parte. “Realizamos el número con red pero podríamos hacerla perfectamente sin ella”, comenta Roberto con una confianza que hace eliminar cualquier atisbo de miedo: “No hay que tener miedo porque, entonces, es cuando te caes. Hay que tener respeto por lo que haces y confianza, que se gana a base de practicar”.  

Las ‘locuras’ de los Quirós se integran dentro de la gran aventura que es Kooza y en medio de una maravillosa secuencia de actuaciones repletas de energía e imaginación gracias al juego de luces y su envolvente música —en directo—. Una fusión de soul, jazz, funk y ritmos de Bollywood en perfecta sintonía con los números, pues logran clavar con un golpe sonoro los momentos cruciales de sus números. Todo ello para rendir homenaje a los orígenes en estado puro, vertiginoso, eléctrico y ecléctico. 

Esa sincronía es fruto de las horas de trabajo que hay detrás de cada grupo de atletas. En la visita por el backstage coincidimos con los artífices del número del trampolín. A diferencia del directo, aquí lo hacen con las cuerdas de seguridad y bajo la atenta mirada de sus entrenadores. “Los artistas siempre buscan sorprender al público y por eso buscan nuevos trucos”, explican al ver la estratagema que están llevando a cabo. Están en lo cierto porque durante el espectáculo añaden tensión a escenas que de por sí ya quitan la respiración. De hecho, es en esos momentos cuando el espíritu de Kooza vuelve a resurgir con fuerza y se pone en sintonía con la idea del creador de Kooza, David Shiner: emocionar al público con números escalofriantes combinados con juegos clásicos y payasos que hacen soltar más de una carcajada.

Vestuario, maquillaje y música, parte esencial

Foto: KIKE TABERNER.
No hay horas restringidas de ensayo y cada grupo de atletas ensaya las veces que considere oportuno, pero si alguien se acaba de integrar requerirá de más horas. En el caso de Roberto ensayan cada día tres horas: dos horas en alambre bajo y una en alambre alto. “Solo descansamos el lunes, que es cuando el Cirque du Soleil no tiene espectáculo”. Ese día es cuando las 153 personas que forman Kooza aprovechan para hacer lo que les gusta: “a veces organizamos un partido de fútbol, nos vamos a la playa, visitamos la ciudad… y aprovecho para tomar horchata porque está buenísima”, ríe. 

Los ensayos los realizan sin los atuendos que llevan el día de la función. Un vestuario que ha sido diseñado por Marie-Chantale Vaillancourt para el espectáculo en la sede del Cirque du Soleil en Montreal y que al margen de impactar debe deja libertad de movimientos. Más de tres mil piezas (entre trajes, pelucas —hechas a mano—, zapatos y accesorios) que celosamente se guardan en uno de los espacios de la carpa y en los que sobresale los trajes de esqueletos, la capa de plumas de colores o esa corona que va dando vueltas a lo largo del espectáculo. Allí está Alex, que junto a su equipo se encarga de todo el mantenimiento —restauración, rotación y renovación del material—. De hecho, dos personas terminan de coser unos trajes que por el uso diario se han desgastado. “Es fundamental que todo esté perfecto no solo por la estética sino también por la propia seguridad de los artistas porque si, por ejemplo, una suela está desgastada puede hacer que resbale y caiga”, explican mientras revisan las botas de un blanco resplandeciente. “Cada prenda que toca la piel del artista se lava a diario, se seca, y se plancha”, explican.

Sin embargo, lo que termina de crear el personaje es el maquillaje así que el medio centenar de artistas aprenden a pintarse ellos mismos, con ayuda de los profesionales. Al respecto, Quirós bromea que “antes tardaba horas en maquillarme, ahora lo hago en un santiamén”. Esa minuciosidad es alabada por los artistas porque “todo el equipo del Cirque du Soleil nos cuida mucho, los técnicos revisan cada pequeño detalle para que no ocurra nada, tenemos masajistas…”. De hecho, Roberto tiene sesión con el fisioterapeuta ahora. 

Energía, color e imaginación

Foto: KIKE TABERNER

El espíritu de Kooza retumba en todos sus corazones antes del espectáculo, cuando todos los artistas se concentran en la carpa para realizar los ejercicios pertinentes para calentar. Es en ese momento cuando la gran carpa cobra vida con el público asistente. Las expectativas son altas y aunque los payasos llaman la atención —más de una palomita cae sobre el pelo—el murmullo general se detiene de golpe cuando el espectáculo da comienzo con ese cofre del tesoro rojo donde la inocencia de un niño se abre a una explosión de energía, color, fantasía e imaginación.

Y es entonces donde ese espíritu de Kooza corre por las venas del público, que casi al unísono corea los “aaah” y los “oooh” por la dificultad de los números y porque, inconscientemente, sufre por la integridad física de los siempre sonrientes atletas. Dos horas de espectáculo en los que es imposible parpadear para no perder detalle y que, realmente, pasan volando. Al terminar, tienes la sensación de que todo es posible, que si lo sueñas lo conviertes en realidad. Quizá no es cierto, pero Kooza también está ahora en ti y de todos aquellos que asistan al espectáculo que estará hasta el 14 de julio en Valencia. Será entonces cuando los 95 trailers viajarán a Gijón, Málaga, Madrid y Sevilla. 

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