Arte y fotografía

EN MONTEOLIVETE

Abre sus puertas Espai Blec, el refugio de los "huecos" creativos

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VALÈNCIA. En pleno corazón de Monteolivete hay un nuevo espacio creativo. Un lugar en el que cabe la duda y en el que la caída al vacío no da miedo, motiva. Espai Blec sube este 27 de febrero su persiana para presentarse al mundo con una nueva muestra: (Hu)ecos que no llegan a sostenerse, un encuentro creativo entre Talarcos (Tomás Fernández López) y Andrés Urbieta, con Rodrigo J. Pilo en la curaduría. La muestra propone un diálogo en el que ambos artistas se entrelazan para volverse indistinguibles; no por similitud formal, sino por una forma compartida de escuchar lo que las cosas pueden llegar a ser. Espai Blec se coniierte en un territorio donde la materia deja de ser un medio para convertirse en interlocutora. En palabras de sus creadores en la muestra no hay "una voluntad de dominio sobre el material, sino una convivencia con sus impulsos, una atención a su comportamiento, a su posibilidad de transformarse y sostener otras presencias". En (Hu)ecos que no llegan a sostenerse se establece un diálogo único entre Urbieta y Talarcos que se encuentra adentrándose en la grieta, "donde lo inerte se vuelve activo, donde lo físico adquiere un pulso que parece provenir de dentro"

En sus prácticas artísticas, la materia se desborda de su función para actuar, para generar, para pensarse a sí misma en relación. Lo que en uno aparece como injerto, en el otro se manifiesta como equilibrio; lo que en uno es proceso geológico, en el otro se convierte en juego. En ese tránsito, la exposición se articula como un cuerpo vivo que aprende a sostenerse mientras se transforma. Para Urbieta, la materia no es un objeto a moldear sino un proceso continuo que conserva una potencia generativa. En sus piezas, lo industrial, lo geológico y lo corpóreo conviven sin jerarquías y se reconfiguran en tiempo presente. Su trabajo no busca una forma definitiva, sino que mantiene abierto el estado de tránsito: cada estructura parece estar al borde de otro cambio, de otra posibilidad morfológica, de una mutación que interroga lo que entendemos por estabilidad o permanencia. Talarcos, en cambio, se aproxima desde la observación y el juego. Su práctica aborda las cualidades de los materiales cotidianos como si cada uno contuviera su propio lenguaje, un sistema de comportamientos que revela equilibrio, adaptación o vulnerabilidad. El artista no impone una narrativa: acompaña, provoca y escucha lo que la materia tiene para decir. En esa escucha aparece una poética de lo vivo, donde el gesto artístico es apenas un modo de permitir que el material hable.

El encuentro entre ambos no responde a la idea de colaboración, sino a la de coexistencia. Sus obras no se enfrentan ni se mezclan, sino que se reconocen mutuamente, como dos corrientes que comparten cauce sin confundirse. La exposición funciona así como un injerto expandido, un ecosistema donde las fuerzas materiales y las intuiciones humanas conviven, se sostienen y se cuestionan en una misma respiración. En esta muestra nada se presenta como estático. Las piezas se afirman en su inestabilidad, en la evidencia de que lo que sostiene también puede ser sostenido, y que toda estructura, por mínima que sea, contiene un gesto de cuidado, una atención hacia aquello que la atraviesa. Lo que emerge es un paisaje de relaciones más que un conjunto de objetos: un territorio donde la materia se piensa a sí misma, donde el hacer se convierte en una forma de pensamiento sensible. En su fase final (Hu)ecos que no llegan a sostenerse no busca resolver, sino prolongar la pregunta. Busca caerse por un hueco en el que el arte sirve como barrera ante el vacío que nos aterra.

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