VALÈNCIA. El Ayuntamiento de València ha incorporado a su rico patrimonio histórico el cuadro Sagrada Familia con San Juanito y ángeles músicos, obra del destacado pintor valenciano José Vergara (1726-1799), con motivo de la conmemoración del tercer centenario de su nacimiento. La pintura ha sido adquirida por un precio de remate de 26.000 euros (más comisiones e impuestos) en la subasta celebrada este martes por la casa Segre Subastas (Madrid), tras ejercer el derecho de tanteo el Ministerio de Cultura en beneficio de la Administración municipal, y pasará a integrarse en las colecciones artísticas municipales del Museo de la Ciudad.
“Desde el Gobierno municipal, queremos reivindicar la figura de José Vergara como uno de los grandes artistas valencianos del siglo XVIII y como impulsor de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, mediante la recuperación, la difusión y la puesta en valor de su legado”, ha declarado el Concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno. “Con esta adquisición, enriquecemos nuestros fondos con una pieza de excepcional calidad, importante formato y claramente representativa de la producción artística de Vergara, trayéndola de vuelta a la ciudad en el marco de la citada efeméride”.
El cuadro, fechado en 1788 y procedente de una colección particular de Badajoz, pertenece al periodo final de Vergara, momento en el que el artista alcanzó una extraordinaria síntesis entre la tradición barroca valenciana y los ideales académicos de la Ilustración. De acuerdo con David Gimilio, Director del MuVIM y exresponsable de las colecciones del Museo de Bellas Artes de València, “la composición se organiza con una delicadeza característica de su etapa más madura, en la que aúna gracia y elegancia en cada uno de los gestos de los personajes, y en la que se vuelca en transmitir ese concepto neoclásico del ‘bello ideal’”.
Escena cargada de dulzura y de refinamiento Rococó
La obra, un óleo sobre lienzo de 175 x 120 cm, representa a la Virgen María, entronizada a la manera de una matrona romana, con el Niño Jesús dormido en su regazo y rodeada por las figuras de San José, San Juanito y de dos ángeles músicos, creando una atmósfera de serena intimidad devocional. La suavidad del modelado, la riqueza cromática de los paños y la elegancia de los rostros de los personajes, a los que Vergara integra en una escena cargada de dulzura y de refinamiento Rococó, revelan la plena madurez artística de uno de los grandes nombres de la pintura valenciana de la segunda mitad del siglo XVIII.
La figura mariana, serena y esbelta, se recorta ante un fondo arquitectónico que aporta nobleza al conjunto, parcialmente velado por un ampuloso cortinaje verde que cae en pliegues amplios y teatrales, subrayando el tono escenográfico de la representación. A un lado, San José, con gesto contenido, parece amainar la melodía que interpretan los dos ángeles músicos, uno con una chirimía y otro con una vihuela, para no turbar el descanso del Niño Jesús. A los pies del grupo principal, San Juanito, el primo del Niño, repite el gesto del silencio llevándose el dedo a los labios, implicando al espectador en la atmósfera de recogimiento.
Tal y como señala Gimilio, comisario igualmente de la exposición conmemorativa sobre Vergara del Museo de la Ciudad, “más allá de su evidente encanto formal, la obra admite una lectura iconográfica más profunda. El motivo del Niño dormido no es sólo un recurso de ter-nura, sino que puede interpretarse como una prefiguración de la Pasión: el sueño apacible anticipa simbólicamente la muerte futura. La escena construye así un delicado equilibrio entre lo divino y lo cotidiano: los ángeles músicos evocan la gloria celestial, mientras la actitud doméstica del grupo central acerca el misterio al ámbito íntimo de la contemplación privada”.
Descubrimiento en el mercado del arte por sus similitudes con otra obra de Vergara
La pieza, desconocida hasta la fecha, puede relacionarse estrechamente con otra obra de Vergara ejecutada un año más tarde (1789) y propiedad de un coleccionista privado de Zaragoza con la que comparte dimensiones prácticamente idénticas, la disposición piramidal de las figuras, la presencia de los ángeles músicos y el delicado tratamiento de las formas y las veladuras. Según apunta David Gimilio, “las diferencias entre una y otra son mínimas. Quizá, técnicamente, la de Zaragoza sea más perfilada y dibujística, mientras que, en la que ahora se ofrece, la pincelada sea más fluida y, por tanto, más sugerente y atractiva”.
“Se trata, pues, de dos versiones o réplicas, ambas firmadas por José Vergara en València”, ha proseguido Gimilio. “Así, la primera de ellas constituye la versión inicial, cuya originalidad resulta clave para comprender la ejecución de una segunda obra al año siguiente para un comitente distinto. En consecuencia, el valor de esta pieza no reside únicamente en su calidad pictórica, su composición o en el hecho de estar firmada y fechada, sino también en que representa la primera ocasión en que Vergara afronta una composición de tal envergadura, alcanzando un resultado tan satisfactorio que lo llevó a repetirla al año siguiente”.