VALÈNCIA. El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV), en colaboración con el Museo Carmen Thyssen Málaga, ha presentado esta semana en el centro artístico malagueño la exposición Los Ribalta y el barroco naturalista, integrada por diez obras, algunas de gran formato, pertenecientes a los fondos del museo valenciano.
La exposición ha sido comisariada por Pablo González Tornel, director del MuBAV, y podrá visitarse hasta el 4 de octubre. La muestra reúne diez obras del que fuera precursor del barroco en València, Francisco Ribalta (1565-1628), y de su hijo, Juan Ribalta (ca. 1596-1628), figuras clave del naturalismo valenciano del siglo XVII.
La muestra se enmarca en la línea expositiva del Thyssen Málaga que analiza la imagen de la santidad en el Siglo de Oro español, centrada en esta ocasión en València, donde, de la mano del arzobispo san Juan de Ribera (1532-1611), comienzan a afianzarse las ideas artísticas de la Contrarreforma y Francisco Ribalta se convierte en figura de referencia a la hora de introducir el naturalismo barroco en la pintura religiosa.
En la presentación de la exposición, han participado el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; el director del Museo de Bellas Artes de València y comisario de la exposición, Pablo González Tornel; y la directora artística del Museo Carmen Thyssen Málaga, Lourdes Moreno.
Pablo González Tornel ha señalado que “Málaga y València se hermanan nuevamente como dos grandes capitales del Mediterráneo. El Barroco ha definido las dos ciudades a través de un mismo naturalismo”, ha puntualizado el comisario. “Los Ribalta son dos joyas de nuestro patrimonio pertenecientes a la generación anterior a Pedro de Mena, el gran escultor malagueño del Barroco” ha concluido González Tornel.
También ha asistido a la presentación la concejala del Ayuntamiento de Estepona, entidad patrocinadora de la muestra, María Salomé Hidalgo, y el gerente del Thyssen Málaga, Javier Ferrer.
Los Ribalta
En València, los Ribalta se convirtieron en referentes indiscutibles del naturalismo barroco en la pintura religiosa. El iniciador de la saga, Francisco Ribalta, formado en Barcelona, pasará primero por Madrid y el entorno escurialense para recalar en València a las puertas del siglo XVII.
Su producción evoluciona del gusto tardomanierista al más puro barroco naturalista que, además de aplicarlo en las escenas religiosas, también lo plasmó en los retratos ‘del vivo’ de santos y religiosos valencianos de su tiempo. De él se muestran algunas piezas extraordinarias como su ‘San Bruno’ para el retablo de la cartuja de Porta Coeli (1625-1627) o la ‘Magdalena después de la comunión’ (ca. 1620-1625).
Por su parte, su hijo Juan Ribalta estuvo vinculado desde el comienzo al taller paterno, llegando a menudo a confundirse su obra con la de su progenitor y maestro.
Juan fallece en el mismo año que el padre, 1628, con apenas treinta años, lo que truncó la prometedora carrera de un pintor que paulatinamente fue marcando ciertas diferencias con la obra de Francisco, al acusar el hijo de forma más evidente la influencia del murciano Pedro Orrente en recursos y estilemas como la monumentalidad de las figuras, la composición dramática, un colorido más a la veneciana o el singular tratamiento de la luz, herencia del gusto italiano.
De él podrá verse el enorme lienzo de los ‘Preparativos para la Crucifixión’, realizado en 1615 para el monasterio jerónimo de San Miguel de los Reyes, en el que Juan Ribalta actualiza una composición de su padre, treinta años anterior, y la convierte en una pieza monumental cargada de emoción en la figura de Cristo.
Además, Juan Ribalta obedeció al prototipo de pintor intelectual, participando activamente en entornos poéticos y relacionándose con humanistas del momento.