VALÈNCIA. El fuego es, como en el caso de las Fallas, el elemento que cada año pone punto y final al festival Burning Man, que se celebra en el desierto de Black Rock en Nevada (Estados Unidos). El purificador desenlace marca el final y principio de la cita. Sin embargo, siempre hay excepciones.
El Correfoc del diseñador Dani Nebot y el arquitecto Miguel Arraiz se salvará de las llamas y, previsiblemente, pasará a formar parte de la colección de los organizadores. Aunque el destino final de la pieza no está confirmado, explican a Culturplaza sus impulsores, sí que la 'cremà' no se llevará a cabo este fin de semana, como estaba previsto.
Correfoc ha sido uno de los proyectos seleccionados por la organización del festival para desplegarse en el desierto, una construcción que crea una nueva forma basada en los icónicos dimonis de la tradición local.

La estructura, de ocho metros de altura, supone una nueva conexión entre las festividades valencianas y el festival americano, que cada año recibe a miles de curiosos para disfrutar de las extravagantes esculturas que durante varios días transforman el árido paisaje.
El montaje no fue sencillo, pues el contexto no pone fácil el trabajo previo a la apertura, unos días en los que el equipo valenciano tuvo que hacer frente a tormentas de arena y más imprevistos que, con todo, no impidieron que el dimoni se pusiera en pie, una estructura en torno a la que se ha desplegado todo un espectáculo de música y luces en estos días de festival.
Desde que en el año 2016 se levantara la estructura de Renaixement, un pabellón inspirado en la Lonja de València, han sido varios los proyectos con vinculación valenciana que han dado forma al Burning Man, una relación cada vez más estrecha que este año ha sumado otro más: la confección de un Titanic para un colectivo liderado por el cofundador de Twitch, Justin Kan, un trabajo liderado por los arquitectos valencianos Javier Bono y Javier Molinero.
