El universo del mítico personaje Tintín desembarca en Alicante con la mayor colección de España

Cultura

La exposición 'El joven reportero y sus aventuras en el Castillo de Santa Bárbara', con cerca de 300 piezas de Enrique Lucas, convierte la fortaleza alicantina en un recorrido por uno de los imaginarios más universales del cómic

  • El joven reportero y sus aventuras en el Castillo de Santa Bárbara
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ALICANTE. El Castillo de Santa Bárbara de Alicante exhibe desde este viernes, 10 de julio, una de las mayores colecciones privadas sobre el universo del mítico personaje literario Tintín. Cerca de 300 piezas entre libros, miniaturas, coches y grandes figuras que Enrique Lucas (presidente de Ediciones Plaza) ha ido coleccionando a lo largo de décadas. Y no empezó pensando en reunir centenares de piezas ni imaginó que algún día ocuparían las vitrinas de uno de los monumentos más visitados de la Comunitat Valenciana, sino que todo comenzó mucho antes, cuando era un niño que leía una y otra vez las aventuras del joven reportero creado por Hergé. Y entonces guardaba aquellos álbumes con el mismo cuidado con el que otros conservan los recuerdos de la infancia. Después llegaron las primeras figuras, algún calendario, una agenda, un reloj, una litografía, etcétera. Así, sin darse cuenta, fue construyendo durante más de treinta años un universo propio que hoy supera las 550 piezas y que, según coinciden aficionados y expertos, figura entre las colecciones privadas más importantes del país.

Una parte de ese recorrido abandona ahora el ámbito doméstico para instalarse, hasta el próximo 10 de enero de 2027, en la sala Taberna del Castillo de Santa Bárbara. Bajo el título El joven reportero y sus aventuras en el Castillo de Santa Bárbara, la muestra propone un recorrido por uno de los grandes iconos del cómic europeo a través de cerca de 300 piezas seleccionadas por el propio Lucas, entre figuras de colección, reproducciones, litografías, vehículos y recreaciones de algunas de las escenas más recordadas de los álbumes. Un relato construido objeto a objeto. Un itinerario que invita a redescubrir un imaginario que ha acompañado a varias generaciones de lectores.

Lucas reconoce que nunca hubo un momento concreto en el que decidiera convertirse en coleccionista. La colección fue apareciendo de forma natural. "Hará más de treinta años; fue poco a poco", explica mientras contempla unas piezas que durante décadas solo conocieron sus familiares y amigos. "Siempre he sido lector desde mi infancia; conservé los libros y, conforme iban saliendo figuras, agendas, calendarios o relojes, me llamaban la atención y los iba comprando", recuerda. Aquellas adquisiciones respondían únicamente al entusiasmo de un lector que seguía disfrutando de las aventuras del personaje mucho tiempo después de haber dejado atrás la niñez. "No generas una colección de repente; vas comprando, las vas cuidando y un día te das cuenta de que ya tienes tantas que eso puede considerarse una colección", explica.

Con el tiempo llegaron las felicitaciones de Navidad editadas en plomo, las ediciones especiales, los vehículos, las reproducciones de personajes, las figuras certificadas, las piezas difíciles de encontrar y los objetos que solo aparecen en el mercado de segunda mano. La colección creció hasta ocupar buena parte de su vivienda, aunque nunca cambió la filosofía con la que había comenzado. "Cuando haces una colección, lo último que piensas es en venderla; no tiene precio para mí porque simplemente es para disfrutarla, pero ahora quiero compartirla con la gente que también disfruta de este universo", confiesa. "Han venido amigos que me han dicho que por fin pueden verla mucho más ampliamente y eso me hace muy feliz", añade.

  • El joven reportero y sus aventuras en el Castillo de Santa Bárbara -

Una exposición que se lee como un álbum

Ese deseo de compartir no se ha traducido en una acumulación de piezas colocadas tras la vitrina. Enrique Lucas quiso que el visitante recorriera la exposición del mismo modo en que un lector avanza por los álbumes, reconociendo escenas, personajes y momentos inolvidables de sus lecturas. Por eso el montaje responde a un criterio narrativo antes que museográfico. "La hemos ordenado por álbumes; cada uno tiene las figuras relacionadas con esa historia y, después, hemos separado las figuras de plomo de las que no lo son, hemos reunido todos los vehículos para que pudieran apreciarse juntos y hemos reservado espacios específicos para el Museo Imaginario y para la colección inspirada en la icónica felicitación de Navidad de 1972", describe Lucas.

El resultado permite detenerse ante algunos de los conjuntos más llamativos de la muestra. El denominado Museo Imaginario reúne figuras de gran formato que reproducen con extraordinaria fidelidad algunos de los personajes más emblemáticos del universo creado por Hergé. Muy cerca aparecen las delicadas figuras de plomo inspiradas en la célebre felicitación navideña de 1972, pequeñas piezas artesanales que constituyen auténticos objetos de deseo para los coleccionistas. A ellas se suman dos de las grandes protagonistas de la exposición. Por un lado, la reproducción a gran escala del Jeep lunar y, por otro, el descapotable del capitán Haddock, convertidos ya en dos de los rincones más fotografiados del recorrido.

La muestra incorpora además numerosas litografías, reproducciones de viñetas y un amplio despliegue fotográfico que ayuda a contextualizar cada pieza y permite comprender la evolución de un universo creativo que ha trascendido el cómic para instalarse definitivamente en la cultura popular europea. Y ese cuidado con el que se ha construido dicho relato llamó especialmente la atención del alcalde de Alicante, Luis Barcala, durante la visita inaugural. Aficionado confeso al personaje, reconoce haber encontrado piezas que jamás había visto fuera de los propios álbumes. "Hay una que me ha parecido absolutamente maravillosa y es la de Tintín en América cabalgando a caballo; solo la conocía por el libro y me parece un resumen perfecto de la calidad y la delicadeza con la que están hechas estas figuras", describía el alcalde. Pero, más allá del valor de cada objeto, Barcala destaca la coherencia del conjunto. "Lo más interesante es cómo está montada la exposición porque reconoces perfectamente las historias y cómo esas composiciones llegan a resumir álbumes enteros como El loto azul o La oreja rota; no es solo una colección de figuras sino que es una forma de volver a recorrer las aventuras del personaje", reseña el primer edil.

Esa sensación de estar caminando entre los álbumes responde precisamente a la intención con la que Lucas diseñó el recorrido. Después de tantos años reuniendo piezas, no quería que el visitante admirara únicamente el valor material de cada objeto, sino que reviviera las emociones asociadas a aquellas historias. Porque, al fin y al cabo, esa ha sido siempre la razón de ser de la colección: conservar intacta una ilusión nacida en la infancia y demostrar que algunos personajes siguen despertando la misma fascinación décadas después de haber sido creados.

  • Enrique Lucas -

Punto de encuentro entre patrimonio y cultura popular

Para Enrique Lucas había una condición innegociable. La colección llevaba décadas creciendo entre las paredes de su casa, pero nunca se había planteado exponerla públicamente. Si algún día daba ese paso, el lugar tenía que estar a la altura de una pasión cultivada durante media vida. Y ese lugar apareció cuando Jorge Rodríguez, director general de Esatur, le propuso trasladarla al Castillo de Santa Bárbara. La idea, sin embargo, no nació de un día para otro. "Llevamos convenciéndole dos años", confesaba Rodríguez durante la inauguración. Y esa insistencia acabó dando sus frutos porque, en realidad, Lucas no tardó demasiado en comprender que difícilmente encontraría un escenario mejor. "La exposición no la hubiera hecho si no hubiera sido en este marco", reconoce con rotundidad. "El Castillo de Santa Bárbara es una joya; cuando Jorge me invitó a venir y vi dónde podía enseñarse, pensé que era el único sitio donde verdaderamente se podía apreciar bien", confiesa Lucas. "Si no hubiera sido por el castillo, no lo habría hecho de otra manera", sentencia.

No es una afirmación retórica. Basta recorrer la sala Taberna para comprobar cómo el diálogo entre la piedra centenaria de la fortaleza y las vitrinas crea una atmósfera singular. Las figuras, los vehículos, las litografías y los dioramas parecen adquirir una dimensión distinta bajo las bóvedas del castillo, alejados del contexto doméstico en el que habían permanecido durante décadas. La exposición deja de ser únicamente una muestra de coleccionismo para convertirse en una experiencia cultural que encuentra en el monumento un aliado inesperado.

Ese era precisamente el objetivo que perseguía Esatur cuando planteó la iniciativa. Es por eso que Rodríguez recordó que la programación cultural se ha convertido en uno de los ejes de la gestión del castillo durante los últimos años. "El Castillo de Santa Bárbara continúa con su dinamización y programación cultural", explica. "Con esta exposición inauguramos la primera gran muestra temporal del verano y seguiremos incorporando nuevas propuestas", avanzaba. A ella se sumarán, durante las próximas semanas, una exposición al aire libre dedicada a la historia de los vinos de la Denominación de Origen Alicante, además de conciertos, visitas teatralizadas nocturnas y degustaciones enológicas que buscan ampliar la experiencia del visitante más allá del recorrido patrimonial. "Queremos que quien venga a Alicante tenga siempre un motivo para subir al castillo", resume Rodríguez. Y, dentro de esa estrategia, la colección de Enrique Lucas supone un paso más en la voluntad de convertir la fortaleza en un centro cultural activo, donde patrimonio e iniciativas temporales convivan de forma natural.

  • Mª Carmen de España, Enrique Lucas, Luis Barcala y Ana Poquet -

Una historia que habla todos los idiomas

Si el escenario explica una parte del éxito de la propuesta, el personaje explica la otra. El joven reportero creado por Hergé forma parte de ese reducido grupo de iconos culturales capaces de atravesar fronteras, generaciones e idiomas sin perder vigencia. Y esa universalidad es, precisamente, uno de los argumentos que convencieron al Ayuntamiento de Alicante para respaldar la exposición. Luis Barcala reconoce que en este caso habla también desde la admiración personal. "Yo soy muy aficionado, muy friki de Tintín", admite con una sonrisa. Y, aunque asegura que no colecciona este tipo de piezas, sí conserva algunas adquiridas en Bruselas y Madrid, lo que le permitió reconocer el valor de muchas de las obras expuestas. Sin embargo, considera que el verdadero mérito de la muestra va mucho más allá del interés que pueda despertar entre los aficionados. "Son historias con las que hemos crecido varias generaciones y que siguen llamando a las nuevas", reflexiona.

"Lo extraordinario es comprobar que continúan despertando la misma curiosidad entre quienes las descubrieron hace décadas y entre quienes se acercan a ellas por primera vez". Esa capacidad para conectar públicos muy diferentes convierte la exposición en un atractivo especialmente valioso para una ciudad con una marcada vocación turística. No en vano, el Castillo de Santa Bárbara se ha consolidado como el monumento histórico más visitado de la Comunitat Valenciana. "Un millón de personas pasan anualmente por este castillo", recuerda el alcalde. "Dentro de esa gestión, las exposiciones temporales forman parte de la experiencia. No tienen por qué estar relacionadas con la historia de la fortaleza; lo importante es que añadan un motivo más para venir y descubrir este espacio".

La reflexión adquiere una dimensión aún mayor cuando Barcala pone cifras sobre la mesa. "Alicante recibió el año pasado 200.000 cruceristas y la previsión para 2026 es alcanzar los 300.000; dudo mucho que en un crucero haya alguien que no sepa quién es Tintín y, si anuncias que, además del atractivo del castillo, hay una exposición dedicada a un personaje universal, estás ofreciendo un reclamo muy importante para ese turismo", justifica. Una visión compartida por Ana Poquet, edil de Turismo, quien sitúa la muestra dentro de la estrategia municipal por consolidar el turismo cultural como uno de los pilares del destino. La concejala define la colección como "un tesoro" y sostiene que difícilmente podría haberse encontrado un lugar más apropiado para exhibirla. "No se me ocurre mejor espacio para mostrarla que el Castillo de Santa Bárbara", afirma. "Nada más entrar en esta sala nos sumergimos en un universo lleno de historia y de historias que a todos nos remueven".

Los datos de visitantes avalan esa apuesta. Solo durante el primer semestre del año, el castillo recibió 670.000 personas, una cifra que invita a pensar en un nuevo récord anual. "No quiero ni imaginar lo que supondrá el resto del año con un atractivo tan potente como esta exposición", señala Poquet. "La apuesta por el turismo cultural por parte del alcalde y de todo el equipo de gobierno es absoluta, y esta muestra es un magnífico ejemplo de ello".

  • Jorge Rodríguez, Enrique Lucas y Ana Poquet -

La felicidad de no terminar nunca una colección

Una colección nunca está terminada. Mientras cualquier otra afición busca alcanzar una meta, el coleccionista parece encontrar su felicidad precisamente en seguir persiguiéndola. Lucas avisa con naturalidad que sigue buscando piezas, continúa atento a las novedades editoriales y revisa el mercado de segunda mano con la misma ilusión que hace treinta años. "Hay algunas piezas a las que les he echado el ojo", reconoce entre risas. "Si tengo suerte y tengo posibilidad, las compraré", reconoce mientras Barcala, también coleccionista en otros ámbitos, entiende perfectamente esa lógica. "Lo 'dramático' del coleccionismo es que es infinito", afirma.

"Jamás se acaba una colección; puedes tener la mejor colección del mundo y nunca estará completa, porque ese es el gran reto, la búsqueda permanente, y al principio es fácil porque tienes muchísimo por encontrar, pero el problema llega cuando ya tienes casi todo y cada nueva incorporación se convierte en una pequeña conquista", explica el alcalde mientras Lucas asiente. No le preocupa saber si la suya es realmente la mayor colección de España ni calcular cuánto dinero ha invertido durante estas tres décadas. Lo importante sigue siendo exactamente lo mismo que cuando era un niño que releía una y otra vez aquellos álbumes. "Lo más triste del mundo sería acabar una colección", concluye. "Si la terminase, perdería el aliciente de seguir buscando".

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