VALÈNCIA. El mundo nunca es como nos lo cuentan. Unos días antes de que la muestra Primera Parte, Ojeada general sobre el mundo de Elsa Paricio llegara a la galería valenciana Gabinete de Dibujos, la ONU aprobaba un nuevo mapamundi en el que se mostraba el tamaño real de África, exponencialmente más grande de lo que se muestra en cualquier libro del colegio. La representación de este continente, y la de otros tantos países en comparación, responde esencialmente a una cuestión de política e imagen. El mapa Mercator, diseñado por Gerardus Mercator en 1569, comprendía que África y Groenlandia podían “medir casi lo mismo” aunque África es, al menos, catorce veces más grande.
Comprendiendo los atlas y sus grandes “fallos”, la artista Elsa Paricio recala en Gabinete de Dibujos con una exposición en la que el arte y la política se dan la mano para mostrar una suerte de “vuelta al cole” artística con Primera Parte, Ojeada general sobre el mundo, que se podrá ver hasta el 20 de octubre en Gabinete de Dibujos. En esta muestra investiga su libro de texto Geografía y Atlas de cuarto curso, para cuestionar “los sistemas empleados para ordenar y representar el mundo”. La casualidad de que la noticia de la ONU llegue a la vez que su exposición no es tanta, pues Paricio comprende que el mundo es como nos lo quieren contar y lleva siendo así desde la escuela.
Jugando con el concepto de la vuelta al colegio, Paricio dibuja sobre unos folios del Centro de Profesorado de Málaga unos “collages en los que explorar los modos de construcción visual del planisferio”. Lo hace a través de diagramas, proyecciones cartográficas y estructuras de organización del territorio que formaban parte de sus antiguos libros de texto y sobre ellos dibuja los nuevos mapas que componen su universo mientras rescata su Atlas de cuarto curso. “Todo viene de un libro de texto que tenía dentro de mi colección, y lo que hago es basarme en sus capítulos para contar cómo es mi entorno y su representación visual. Cuando hablamos de representar el mundo, hay que comprender que dominar el territorio es dominar el mundo, y que existe una imposibilidad de representar todo lo que nos rodea en un plano real, pues siempre juega un lugar la geopolítica”.

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- Foto: RAÚL BELINCHÓN
Volviendo a quinto de primaria, la artista rescata su fascinación por los Atlas y la separación que existe entre “lo que creemos y lo que creemos conocer realmente”. En el centro de la exposición, sobre los papeles pautados del Centro de Profesorado de Málaga, se muestran las imágenes tipo collage con las que ve el mundo a través de un tubo que funciona como un caleidoscopio. “Elsa recolecta materiales de dibujo para sus piezas sumergiendo plásticos en tinta y sal y sometiéndolos a la intemperie. La acción del tiempo y de los agentes atmosféricos, cada vez con más frecuencia extremos, introduce variaciones, accidentes y formas de erosión que transforman estos soportes en superficies próximas a territorios cartográficos”, destaca el texto de sala.
Para desarrollar la imagen, la artista trabaja, a lo largo de seis años, comprendiendo “la escritura como un dibujo” y creando paisajes aleatorios que funcionan sobre sus “experimentos plásticos”. “Lo que hago es generar una imagen que nace en función de la climatología que acontezca en cada momento. El agua que se evapora en los tubos y sobre el papel funciona como una fotografía sola. El grano de la película funciona como la propia imagen”. En estas imágenes hay una parte de aleatoriedad y otra muy estudiada, es la forma que tiene Paricio de trabajar para crear una obra que sea coherente y a su vez fantasiosa.

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- Foto: RAÚL BELINCHÓN
“En mis trabajos hay siempre dos líneas: una en la que no he tocado nada y otra en la que ordeno el paisaje. Me gusta que una parte más fantasiosa y otra más familiar se den la mano. Mi obsesión es emplear la imagen como batería para recrear otros lugares que puedo habitar desde el conocimiento”, señala la artista. “Diagramas, proyecciones cartográficas, estructuras de organización del territorio y materiales procedentes de un antiguo libro de texto, Geografía y Atlas de cuarto grado, constituyen el punto de partida de unas obras que cuestionan los sistemas empleados para ordenar y representar el mundo. La formulación de la Tierra como “morada del hombre” en este libro es, además y en este contexto, un ejemplo revelador de cómo la terminología y los discursos científicos y educativos han contribuido a consolidar determinadas posiciones de poder”, señalan desde la galería sobre este paseo artístico.
Ahora bien, ¿en qué mundo vive Elsa? Pues en uno en el que la vuelta al cole, en una sola aula, y en esta cabe el arte y también hay espacio para los nuevos atlas. Lo hace también en un lugar en el que todo está a la altura de un niño; quien vaya a la galería podrá ver que el arte está a un espacio alcanzable. “Distingo entre la zona del profesor y del alumno, y para mí esta cuestión de tamaño habla de nuestra intimidad y las cosas que nos gustan. En mis exposiciones están a la altura de todas las cosas que me gustan: mi proceso, mi familia y las personas que yo he sido -lo hace con imágenes que se ven en los muros de la galería, aunque estén un poco escondidas- y en la galería hay una forma de contar mi identidad a través de los mapas”. Una sentencia con la que Paricio construye su propio mundo, uno que, si se ve desde dentro de la galería, es el de todos.